OPINIÓN: Trump, ¿un caso perdido como presidente?

A tan solo dos meses de comenzar su primer periodo presidencial, el republicano no ha podido lograr que se apruebe una ley que representa una parte característica de sus promesas de campaña.
El logro más significativo de Trump podría ser la reconstrucción accidental del Partido Demócrata.
Con el pie izquierdo  El logro más significativo de Trump podría ser la reconstrucción accidental del Partido Demócrata.  (Foto: EFE)
Dean Obeidallah

Nota del editor: Dean Obeidallah fue abogado; conduce el programa The Dean Obeidallah Show, que se transmite diariamente por la estación estadounidense SiriusXM, además de que es columnista del sitio The Daily Beast. Síguelo en Twitter como @deanofcomedy. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

(CNN) — Parece que Trump alcanzó otro hito… pero este no le va a gustar. Tal vez está a punto de volverse el primer presidente al que se considera un "caso perdido" a los dos meses de haber asumido la presidencia.

Si un presidente es un "caso perdido" cuando carece del capital político para transformar sus ideas en políticas, entonces Trump lo es… al menos por ahora.

De hecho, el fracaso de Trump en el tema de la atención médica podría ser la punta del iceberg del caso perdido.

Piensen en esto por un momento: desde hace varios años, tanto Trump como los republicanos han repetido "derogar y reemplazar Obamacare" al grado de que se volvió más que un mantra. Se parecían a Hodor de la serie de televisión Game of Thrones, quien solo es capaz de decir su nombre.

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Y he aquí a Trump, a tan solo dos meses de comenzar su primer periodo presidencial, sin poder lograr que se apruebe una ley que representa una parte característica de sus promesas de campaña a pesar de que su partido controla el Congreso estadounidense. ¿Por qué? No es un misterio.

Los legisladores republicanos ven exactamente lo que vemos los demás y no se arriesgarán políticamente por un presidente impopular que está sumido en el escándalo.

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Para empezar, los índices de aprobación de Trump están por los suelos. En una encuesta que llevó a cabo Quinnipiac el miércoles 22 de marzo se determinó que Trump cuenta con solo el 37% de la aprobación. Como se señala en la encuesta, Trump está empezando a perder el apoyo de los republicanos.

En segundo lugar, James Comey, director del FBI, confirmó el lunes 20 de marzo que las agencias de inteligencia estadounidenses están investigando los posibles lazos entre "individuos relacionados con la campaña de Trump y el gobierno ruso" porque Rusia intentó influir en las elecciones de 2016 y "lesionar nuestra democracia". Quién sabe a dónde pueda llegar ese escándalo a estas alturas.

Por si eso fuera poco, es probable que se esté desatando una guerra civil en el Partido Republicano porque Trump está intentando destituir a Paul Ryan como presidente de la Cámara de Representantes. El sábado 25 de marzo, Trump tuiteó: "Vean a @JudgeJeanine en @FoxNews hoy a las 9 p. m.". ¿Qué bomba soltó Jeanine Pirro en su programa ese día? Pidió a Ryan que dejara el cargo. Ese día, Reince Prebius, jefe de gabinete de Trump, afirmó que el tuit de Trump había sido "coincidencia" y negó que Trump quiera que Ryan deje el cargo. Pero el mismo Trump ha estado extrañamente callado. Y breitbart.com, el sitio que adora a Trump, está informando que se está negociando la destitución de Ryan.

Claro que Trump tiene tiempo de cambiar las cosas para mejorar. Pero ¿podrá hacerlo?

Es obvio que otros presidentes tuvieron índices de aprobación bajos, como Trump, y luego se recuperaron. Pero el FBI no los estaba investigando por su posible colusión con Rusia mientras enfrentaban una posible guerra civil en su propio partido.

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También hay otra diferencia importante. Esos presidentes tenían índices de aprobación malos porque estaban al mando cuando la economía no andaba bien. Por ejemplo: el índice de aprobación más bajo de Ronald Reagan fue del 35% en enero de 1982, cuando la economía lidiaba con mayor índice de desempleo de su presidencia: 10.4%. Pero conforme la economía mejoró, también mejoraron los índices de aprobación de Reagan y llegaron al 68% en mayo de 1986. Lo mismo pasó con Bill Clinton. Tenía un índice de aprobación muy similar al de Trump (37%) en junio de 1993, cuando Estados Unidos agonizaba por la recesión. En ese entonces, la tasa de desempleo era de más del 7%, la mayor de su presidencia. En diciembre de 1998, la tasa de desempleo había bajado al 4.4% y los índices de aprobación de Clinton llegaron al máximo (73%), y eso que acechaba la amenaza de un juicio político.

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Sin embargo, Trump heredó una economía en buenas condiciones. La tasa de desempleo es de apenas 4.7%, el mercado accionario está rompiendo récords y la confianza de los consumidores está en el nivel más alto en 15 años. Es cierto que los salarios podrían ser más altos, igual que la tasa de participación laboral, pero queda claro que Trump no está en la misma situación que Reagan y Clinton cuando eran tan impopulares como él.

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Trump debería darse cuenta de que su impopularidad es un aviso: tanto Clinton como Reagan perdieron montones de escaños en las elecciones intermedias que se celebraron cuando sus índices de aprobación eran parecidos a los que Trump tiene actualmente. En 1982, los republicanos perdieron 26 escaños en la Cámara de Representantes. En 1994, los demócratas solo necesitaron ganar 24 escaños para recuperar esa misma cámara.

Técnicamente, Trump podría cambiar totalmente las cosas, pero dudo que lo haga. ¿Por qué? Es sencillo: Trump dijo esta semana, en entrevista para la revista Time, que no piensa cambiar, presumió que sigue su instinto y que suele estar en lo correcto. Luego, con su estilo característico, agregó: "Supongo que no me está yendo tan mal porque yo soy el presidente, tú no".

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Trump tiene razón, él es el presidente. Pero esto es lo que pasó por alto: es un caso perdido raro, un presidente cuyo logro más significativo podría ser la reconstrucción accidental del Partido Demócrata.

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