OPINIÓN: Ola de revisiones al alza: ¿pronósticos serios o de veleta?

El Indicador Global de la Actividad Económica del enero empieza a levantar euforia y amenaza con desatar la tradicional ola de revisiones al alza en los estimados de crecimiento para 2017.
¿Certeza?  La volatilidad de un pronóstico es una indicación o de tener un mal modelo o bien de que el pronóstico está en función de como sopla el viento.  (Foto: iStock)
Alfredo Coutiño

Nota del editor: Alfredo Coutiño es director para América Latina en Moody’s Analytics. Síguelo en Twitter en @AlfredoCoutino. Las ideas expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(Expansión) – Un dato puntual no debería causar un cambio dramático en los pronósticos económicos, sobre todo en economías con cierta volatilidad en sus estadísticas de alta frecuencia. Sin embargo cuando sucede ese cambio brusco en los pronósticos, la credibilidad de dichos estimados se pone en duda.

En México, como en muchos países latinoamericanos, el cambio significativo en un dato económico semanal, quincenal, o mensual produce una ola de revisiones importantes de los pronósticos de muchos analistas.

Por ejemplo, el dato más reciente sobre actividad económica mensual sorprendió con un crecimiento de la economía de 3% en enero, cuando el consenso esperaba una tasa de alrededor de 2%. Casi inmediatamente empezó un proceso de revisiones de pronósticos para todo el año, como si ese dato mensual indicara un cambio de tendencia.

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El mismo día del anuncio, hubo quienes revisaron su pronóstico anual hasta casi un punto porcentual para todo el 2017.

Esos cambios drámaticos, además de resultar suspicaces con respecto a la calidad del pronóstico, su anuncio casi inmediato es más una indicación de pretender ser los primeros en dar a conocer la revisión al alza del estimado para el año.

Resulta difícil creer que aún un modelo simple de series de tiempo, que solo toma un par de minutos para incorporar el dato mensual observado, pueda arrojar un cambio espectacular en el pronóstico de crecimiento para todo 2017, desde una tasa cercana a 1% hasta una de 2%.

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La volatilidad de un pronóstico es una indicación o de tener un mal modelo o bien de que el pronóstico está en función de como sopla el viento. Aún peor es el hecho de que un pronóstico cambie constantemente hacia arriba y hacia abajo. Este es el caso de algunos pronósticos que hace apenas unos meses situaban el crecimiento del 2017 en 2% y luego lo bajaron a cerca de 1%, para ahora volver a subirlo a 2%.

En una de las muchas conversaciones que tuve con el profesor Lawrence Klein (Premio Nobel de Economía 1980) durante mis estudios doctorales, me dijo que existen dos tipos de pronosticadores. Los serios, que son aquellos que realmente tienen un modelo detrás de sus estimaciones, y cuyos pronósticos están bien fundamentados. Y los que parecen “veletas”, que son aquellos que constantemente cambian sus pronósticos conforme cambia la dirección del viento.

La recomendación del Dr. Klein fue que la dirección del viento no debe ser un determinante de los pronósticos económicos. En este sentido, no debería sorprendernos que la ola de revisiones al alza de los pronósticos de crecimiento, que está produciendo el viento favorable del Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) de enero, tienda a revertirse hacia la baja en cuanto el viento del IGAE cambie de dirección en los próximos meses del año.

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La diferencia entre los pronosticadores también se puede apreciar notoriamente dentro de los “consensos” o encuestas de pronósticos económicos llevadas a cabo tanto por organismos oficiales como privados. En dichas encuestas se puede distinguir entre pronosticadores líderes y seguidores.

Los pronosticadores líderes son aquellos que generalmente utilizan herramientas estadísticas para generar y sustentar sus estimados, por lo que sus pronósticos tienden a ser más estables y consistentes con la realidad económica subyacente. Los segundos son aquellos que generalmente siguen a los estimados oficiales, y cuyos pronósticos cambian casi inmediatamente una vez que la autoridad anuncia sus propios estimados.

Así, los primeros no modifican sus pronósticos solo por el hecho de que los estimados oficiales hayan cambiado. Mientras que los segundos tienden a alinear sus pronósticos cada vez que hay revisiones en los estimados oficiales. Dado que generalmente el grupo de los primeros es menor que el de los segundos, el promedio o “consenso” del mercado tiende a estar más cerca de los estimados oficiales.

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Lo anterior introduce un sesgo de subjetividad en el consenso del mercado. Cuando se dice que “el estimado oficial va en línea con el consenso del mercado”, en realidad sucede lo contrario: el consenso del mercado está mayormente predeterminado por el estimado oficial.

Por lo pronto, el IGAE de enero ya ha empezado a levantar euforia y amenaza con desatar la tradicional ola de revisiones al alza en los estimados de crecimiento para 2017.

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