OPINIÓN: Las máquinas deberían ser las que exploren las estrellas por ahora

Las nociones románticas de los viajes espaciales tripulados no deberían ocultar el hecho de que la mayoría de las exploraciones puede hacerse a un costo menor y con mayor seguridad con robots.
La exploración interestelar también es algo en lo que los robots irán a la vanguardia, prevén expertos.
Delantera  La exploración interestelar también es algo en lo que los robots irán a la vanguardia, prevén expertos.  (Foto: iStock)
Don Lincoln

Nota del editor: Don Lincoln es físico sénior en Fermilab y hace investigaciones con el Gran Colisionador de Hadrones. Ha escrito varios libros, entre ellos The Large Hadron Collider: The Extraordinary Story of the Higgs Boson and Other Things That Will Blow Your Mind. Ha producido una serie de videos científicos didácticos. En colaboración con la empresa Great Courses, presentó hace poco un curso en video sobre la teoría del todo. Síguelo en Facebook. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — En las pasadas semanas, dos acontecimientos llamaron la atención de los entusiastas del espacio. El 30 de marzo, Space X, la empresa de Elon Musk, logró reutilizar con éxito un cohete usado para poner en órbita un satélite de comunicaciones. El 6 de abril, el pionero espacial estadounidense, John Glenn, pasó a mejor vida.

A su estilo, Musk y Glenn representan las esperanzas y los sueños de quienes se deleitan con la idea de que el hombre salga de los confines de la Tierra y explore el sistema solar y, a final de cuentas, las estrellas.

A lo largo de los pasados 50 años hemos visto al hombre orbitar el globo terráqueo y luego caminar en la Luna. Nos apasionaron los viajes ficticios de la nave estelar Enterprise, que exploraba la galaxia, encontraba nuevas formas de vida y civilizaciones nuevas. Con palomitas en mano vimos a Matt Damon luchar por sobrevivir en Misión Rescate.

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Hemos soñado con una época en la que los humanos estén tan dispuestos a viajar por el espacio como lo estaban los primeros marineros que izaron sus velas y se dirigieron hacia el oeste en busca de nuevos territorios. Pero tal vez no nos hayamos puesto a pensar en una cuestión importante: ¿deberíamos hacerlo?

Me explico: no pregunto si deberíamos estar explorando el universo. También sueño con el día en el que nos volvamos ciudadanos galácticos. La pregunta es si los humanos deberían estar explorando el espacio en vez de los robots. Argumentaría que, por el momento, debería darse preferencia a la exploración robótica.

Quienes prefieren a los astronautas señalan, con justa razón, que los humanos aportan versatilidad e independencia. Los partidarios de los viajes espaciales tripulados con humanos ciertamente están en lo correcto cuando nos recuerdan que los humanos son sumamente versátiles. Las personas observan las condiciones que los rodean y pueden reaccionar a las circunstancias según sea necesario.

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Sin embargo, las personas también son frágiles. Necesitan alimento, agua y aire. Solo pueden existir dentro de una gama limitada de temperaturas y tanto el vacío como los entornos radiactivos les son hostiles. Aunque algunos aventureros preferirían quedarse para siempre en el espacio, muchos esperan regresar a la Tierra sin mayor contratiempo. Todas estas consideraciones representan un desafío considerable y no son factor en las misiones robóticas.

También es muy caro diseñar naves espaciales que satisfagan las necesidades humanas. La Estación Espacial Internacional costó unos 170,000 millones de dólares (unos 3 billones de pesos, costo actualizado) y es simplemente un complejo enorme fijo en una órbita terrestre baja. Las misiones Apolo incluyeron solo seis alunizajes a un costo de 120,000 millones de dólares (poco más de 2 billones de pesos), ajustado a la inflación.

Se cree que las misiones tripuladas a Marte podrían costar hasta un billón de dólares (unos 20 billones de pesos) y el resultado sería la exploración limitada del planeta rojo más o menos en 2030 (algunos calculan que en 2050). Una misión con ese costo coartaría al resto del programa espacial.

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Por otro lado, la exploración espacial del sistema solar es mucho menos costosa. La misión Cassini a Saturno costó alrededor de 3,200 millones de dólares (unos 60,000 millones de pesos). El explorador espacial Curiosity costó unos 2,500 millones de dólares (unos 47,000 millones de pesos).

Estas y otras misiones han tenido un gran éxito en darnos información sobre sitios a los que nadie ha ido antes, literalmente. En las misiones a Marte se han explorado arroyos antiguos en los que alguna vez fluyó agua y se ha encontrado carbono orgánico incrustado en las rocas de la superficie.

Además, hay métodos para explorar el cosmos que no exigen ir al lugar de estudio. El telescopio Hubble probablemente ha revelado más sobre el universo que cualquier otro instrumento científico y costó unos 14,000 millones de dólares (unos 266,000 millones de pesos); nos ha dado imágenes de las primeras galaxias que se formaron y ha sido crucial para descubrir que la expansión del universo se está acelerando.

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Además, el exitoso satélite cazaplanetas, Kepler, también hace su aportación por menos de 1,000 millones de dólares (unos 20,000 millones de pesos). Los programas tripulados pueden costar decenas o cientos de veces más que las misiones robóticas.

Pero no solo se trata del dinero. Hay tres objetivos importantes que alcanzar con el programa espacial.

El primero es vigilar nuestro propio mundo (con alertas de mal tiempo, por ejemplo) y entender a nuestro complejo planeta, cosa que puede hacerse mejor a través de los incansables satélites que orbitan la Tierra. El segundo es aprender más sobre nuestro sistema solar y del universo más distante. Aquí, las razones son obvias: la exploración robótica, ya sea con sondas espaciales o telescopios, ofrece más información por mucho menos dinero.

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El objetivo final es que la humanidad se vuelva una especie multiplanetaria. Por definición, esto incluye viajes espaciales tripulados, pero la cuestión es cómo deberíamos alcanzar ese objetivo.

Es crucial desarrollar tecnología para que los humanos vayan al espacio, pero primero tenemos que decidir a dónde ir. La Luna es un planeta muerto y Marte no es tan hospitalario como lo fue el Nuevo Mundo para los exploradores españoles. De hecho, no hay ningún lugar en nuestro sistema solar en el que los pioneros puedan simplemente sembrar semillas en la tierra y esperar a que la comida brote. Para eso tenemos que dirigir nuestra mirada a las estrellas distantes.

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La exploración interestelar también es algo en lo que los robots irán a la vanguardia. Después de que el Kepler —o posiblemente PLATO, el telescopio cazaplanetas que la Agencia Espacial Europea pondrá en órbita en 2024— identifique un planeta potencialmente habitable, el siguiente paso será estudiar el sistema planetario a través de una sonda no tripulada.

Para ello podría seguirse el ejemplo de la misión Breakthrough Starshot del multimillonario inversionista Yuri Milner o adoptar algún otro enfoque. En este caso, los avances que se esperan en el campo de la inteligencia artificial serán cruciales.

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Una señal de radio tarda ocho años en ir y venir a Próxima Centauri, la estrella más cercana. Si decidiéramos explorar la estrella parecida al Sol más cercana, el tiempo de tránsito de la señal sería de alrededor de 24 años. Como hay un desfase de varios años entre cada mensaje, la sonda interestelar tendría que ser capaz de tomar decisiones por su cuenta.

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Solo si se identifica un planeta habitable a través de estas técnicas robóticas, llegará la hora de enviar una misión tripulada. Si hay un destino amigable que lo llame, el equipo de hombres y mujeres intrépidos dejará el sistema solar y se dirigirá a un nuevo hogar. En ese momento, el homo interestellaris alcanzará la mayoría de edad.

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