OPINIÓN: Trump, de bendición a maldición para la extrema derecha en el mundo

La llegada del republicano a la presidencia de Estados Unidos supondría una oleada de victorias de candidatos con ideas parecidas, aunque ahora parece lo contrario en Europa.
A Le Pen le afectó su relación con Trump con quien llegó a ser comparada.
Similitudes  A Le Pen le afectó su relación con Trump con quien llegó a ser comparada.  (Foto: Reuters)
Frida Ghitis

Nota del editor: Frida Ghitis escribe sobre asuntos internacionales para el diario estadounidense The Miami Herald y fue productora y corresponsal de CNN. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autora.

(CNN) — Cuando Emmanuel Macron, el candidato de centro-izquierda a la presidencia de Francia, derrotó a su oponente, la feroz nacionalista Marine Le Pen, en las elecciones del domingo, confirmó una tendencia que debería preocupar a los populistas de derecha, particularmente a los que trabajan en la Casa Blanca. En un giro irónico, la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, que debería haber dado paso a una oleada de victorias de candidatos con ideas parecidas, está arruinando su oportunidad de triunfar.

Ciertamente la victoria de Macron es consecuencia de incontables factores, algunos de los cuales son exclusivos de Francia. Pero una de las razones por las que Macron ganó es que a los electores franceses les aterraba la posibilidad de elegir a su propia versión de Trump. Le Pen les recordó demasiado al nuevo presidente de Estados Unidos, un hombre que les desagrada mucho.

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Trump tiene bajos índices de aprobación en Estados Unidos, pero no son nada comparados con sus índices de aprobación en Francia. En una encuesta reciente se determinó que el asombroso 82% de los electores franceses tiene una opinión desfavorable de Trump. Está todavía peor que el terrible 70.9% de Putin.

Se suponía que el que Trump resultara electo en Estados Unidos ayudaría a otros políticos populistas al otro lado del Atlántico. Pero más bien les está causando problemas.

Occidente es un campo de batalla

Al igual que cualquier contienda política, las elecciones francesas fueron un asunto local. También fueron un microcosmos dentro de un duelo más grande que se libra en las democracias occidentales. Occidente se ha vuelto un campo de batalla para los populistas nacionalistas, quienes echan a andar a la muchedumbre y acicatean su descontento y su temor al culpar de los problemas de su país a los extranjeros, a los inmigrantes, a los malos tratados comerciales y a las organizaciones internacionales que erosionan la soberanía de su país. Se están enfrentando a demócratas liberales con "l" minúscula, políticos que defienden las libertades democráticas, la tolerancia, la igualdad, el comercio internacional y la participación activa en los organismos internacionales.

Los nacionalistas han tenido buenas relaciones y el apoyo decidido (todavía estamos tratando de descubrir qué tan decidido) del presidente de Rusia, Vladimir Putin. Les gustaría ver desmantelada a la Unión Europea, objetivo que para Putin equivale a debilitar a Occidente.

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En Estados Unidos, Trump hizo campaña como populista nacionalista. No está gobernando según su retórica de campaña, pero esa es otra historia. Su victoria desencadenó una oleada de euforia entre los populistas europeos.

Se puede suponer que Steve Bannon, el estratega lleno de ideologías de Trump, todavía quiere que la revolución nacionalista reine en Occidente. Pero a la euforia que siguió al triunfo electoral de Trump siguieron malas noticias para sus almas gemelas europeas.

Los líderes antiinmigrantes de Europa hicieron la peregrinación a Estados Unidos, felices hasta el delirio con Trump. Geert Wilders, el líder antimusulmán de Holanda, asistió a la Convención Republicana. Nigel Farage, líder del partido británico UKIP, que se opone a la Unión Europea, era todo sonrisas en la torre Trump justo después de las elecciones; Trump recomendó que lo nombraran embajador en Estados Unidos. También estuvo Le Pen, quien fue vista en el vestíbulo de la torre Trump una semana antes de la toma de posesión. Sean Spicer, secretario de Prensa de la Casa Blanca, dijo que su presencia no tenía nada que ver con Trump, sino que se había reunido con un hombre llamado Guido Lombardi, habitante de la torre que se autodenominó enlace entre Trump y los líderes de la extrema derecha europea.

Hasta el día de la toma de posesión, los nacionalistas tenían mucho que celebrar. Sin embargo, aceptar a Trump se ha vuelto una maldición. Digamos que no se han cansado de ganar.

Asombrados por Estados Unidos a cargo de Trump

He estado en países europeos en vísperas de elecciones y me he dado cuenta de que mucha gente simplemente está asombrada (y no en sentido positivo) por lo que está pasando en Estados Unidos. Como resultado, los nacionalistas están perdiendo impulso.

En Holanda, el Partido por la Libertad (PVV por sus siglas en neerlandés) de Wilders empezó a subir en las encuestas después de que Trump resultara electo. Su lema, "Hacer que Holanda vuelva a ser nuestra", emuló deliberadamente al "Hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande" de Trump. El PVV tenía solo 15 escaños antes de las elecciones en Estados Unidos. Para el 20 de enero, las encuestas indicaban que ganaría 41 escaños, cifra asombrosa según los estándares del parlamento multipartidista de Holanda. Pero entonces, Trump tomó posesión de la presidencia. Los titulares de los periódicos holandeses mostraban manifestaciones masivas en apoyo a los inmigrantes en los aeropuertos estadounidenses. Los noticieros nocturnos asombraban a los televidentes con imágenes de un presidente estadounidense que decía que la prensa es "el enemigo del pueblo" y que mentía descaradamente. La ventaja del PVV comenzó a desvanecerse.

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Las elecciones se volvieron un referéndum de Trump. El día de las elecciones, la ventaja se había esfumado. El PVV ganó 20 escaños, gran triunfo respecto a las elecciones anteriores, pero menos de la mitad de lo que indicaban las encuestas antes de que Trump asumiera la presidencia.

En Reino Unido, el UKIP de Farage cayó al abismo. En las elecciones locales que se llevaron a cabo a principios de mayo el partido quedó derrotado incluso en zonas en las que tradicionalmente le había ido bien. Su único miembro del Parlamento dejó el cargo. El partido, según algunos antiguos miembros, está acabado.

También tenemos el caso de Francia.

Ecos de las elecciones en Estados Unidos

Gran parte de las elecciones francesas evocaron a las de Estados Unidos por la xenofobia, la retórica antirrefugiados y anitmusulmana y el enorme hackeo y filtración de correos electrónicos del equipo de campaña de Macron, actos que parecen estar relacionados con Rusia. Casualmente, un banco relacionado con el gobierno ruso ayudó a financiar la campaña de Le Pen.

Sin embargo, también está claro que a Le Pen le afectó su relación con Trump. Cuando les pregunté a los electores franceses qué pensaban de Le Pen, de alguna forma el nombre de Trump surgía una y otra vez. Algunas personas catalogaron deliberadamente a Le Pen como "la Trump francesa". Había carteles políticos en los que se combinaba el rostro de ambos políticos para que Trump y Le Pen parecieran la misma persona y para urgir a los electores a no elegir a Trump. Eso le afectó en un entorno en el que a más de ocho de cada diez electores les desagrada Trump.

Le Pen no resultó electa presidenta de Francia, pero terminó en segundo lugar de 11 candidatos. Es un logro y un indicio de que la batalla entre las filosofías contrapuestas no ha terminado y que refleja inquietudes que Macron debe abordar. Ese mensaje llega más allá de Francia.

Algunos de los temas que yacen en el centro de las agendas populistas son legítimos y merecen atención. De alguna forma, los nacionalistas han alcanzado logros considerables. Han deslizado todo el espectro político más a la derecha. Algunas de sus derrotas son consecuencia de que sus rivales se apoderaran de sus causas. Pero los problemas principales siguen sin resolverse: el funcionamiento de la Unión Europea, la mejor manera de lidiar con las presiones que causa la inmigración y la respuesta correcta a lo que para muchos es una amenaza a los valores locales.

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Parece palpable que Occidente está pasando por un momento crucial en su historia. Hay más elecciones en el horizonte europeo, entre ellas las de Alemania; la administración de Trump acaba de empezar a trabajar en Estados Unidos. Hasta ahora, la tendencia indica que Trump se ha vuelto una desventaja para los nacionalistas. Pero la contienda aún no ha terminado, aunque la visión de Steve Bannon sobre una revolución nacionalista en Occidente, piloteada por su jefe, esté a punto de encallar.

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