OPINIÓN: Para Trump, sus intereses son más importantes que los de su país

El que el presidente estadounidense haya despedido a James Comey es un ejemplo más de que lo más importante para él es él mismo tras la investigación del FBI sobre los lazos de su equipo con Rusia.
¿Qué hay detrás de la destitución de James Comey como director del FBI?
Michael D'Antonio

Nota del editor: Michael D'Antonio es autor del libro Never Enough: Donald Trump and the Pursuit of Success (editorial St. Martin's Press). Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(CNN) — Fiel a su estilo, Donald Trump dio más importancia a sus propios intereses que a los de su país al despedir repentinamente al director de la Oficina Federal de Investigaciones de Estados Unidos, James Comey. Estos actos evocaron la ocasión en que Richard Nixon despidió al fiscal del caso Watergate, Archibald Cox, lo que provocó una crisis constitucional y, finalmente, la renuncia de Nixon.

Trump justificó esta decisión arriesgada e indefendible con un intento de desviar la atención al estilo de los estafadores que engañan a los pueblerinos con juegos de cartas en las calles de Manhattan.

Según la Casa Blanca, Trump destituyó a Comey porque no manejó bien la investigación del FBI sobre los correos de Hillary Clinton cuando era secretaria de Estado.

Aunque Trump criticó la investigación cuando Comey la concluyó en julio de 2016, cambió de tono varios meses después. Días antes de que derrotara a Clinton en las elecciones presidenciales de 2016, Trump halagó a Comey y dijo que "hizo lo correcto" y que el director había salvado su reputación al advertir al Congreso que había descubierto pruebas que podían estar relacionadas con la investigación.

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¿Qué cambió en los meses que han pasado desde que Trump manifestara un sentir tan positivo respecto a Comey? Lo principal es que el FBI ha llevado a cabo una investigación integral sobre la interferencia de Rusia en las elecciones estadounidenses. El personal de la campaña de Trump —entre ellos Paul Manafort, Carter Page y Roger Stone— ha estado bajo los reflectores. El primer asesor de seguridad nacional de Trump, Michael Flynn, renunció porque mintió sobre haberse reunido con el embajador de Rusia en Estados Unidos.

Como la Casa Blanca y ambas cámaras del Congreso estadounidense están en manos de los republicanos, el único investigador independiente que podía encargarse de la controversia sobre Rusia era Comey. El interés nacional exigía que siguiera trabajando aunque fuera para dar a la opinión pública la certeza de que alguien que no estaba sujeto a influencias políticas estaba al mando.

No conocemos los detalles de lo que el FBI encontró en sus investigaciones, pero es lógico suponer que la razón por la que despidieron a Comey es que el FBI se estaba acercando demasiado y estaba poniendo nervioso a Trump. Si lo dudas, piensa en la redacción inusual de la carta en la que se informó a Comey que lo despedirían.

"Aunque agradezco enormemente que me informara que no estoy bajo investigación en tres ocasiones diferentes, debo coincidir con el Departamento de Justicia en que usted no es capaz de dirigir efectivamente al FBI".

La primera parte de la frase, que se refiere a las "tres ocasiones diferentes" en las que Comey supuestamente le informó a Trump que no estaba bajo investigación, está cargada de significado.

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Primero, insinúa que Comey era un adulador que le informaba ávidamente a su jefe que no tenía nada de qué preocuparse. Los antecedentes de Comey no dan ningún indicio de que sea así de lamebotas. En segundo lugar, Trump pretende a adelantarse a quienes pueden decir que despidió a Comey porque se estaba acercando demasiado con sus investigaciones.

Pero la verdad es que Trump podría mentir absolutamente sobre las razones por las que despidió a Comey. Desde los días de la campaña presidencial (cuando insistió una y otra vez en que sus oponentes eran deshonestos) hasta los primeros meses de su presidencia, en los que ha tocado repetidamente el tema del problema que él llama "noticias falsas", Trump ha sido el clásico ejemplo del burro hablando de orejas. Trump ha sido el primero en difundir noticias falsas al afirmar que millones de personas emitieron votos fraudulentos y que la multitud que asistió a su toma de posesión fue la más grande de la historia.

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Ciertamente, el verdadero propósito de sus quejas constantes sobre los medios de comunicación ha sido socavar la confianza de la gente en la prensa y promocionarse como el único y verdadero árbitro de la verdad.

Pero contar con que Trump diga la verdad es como confiar en que un león hambriento te ayude a salir de la selva. Al igual que el león, Trump tiene una reputación de depredador bien ganada. Se trata de un hombre que presionó a ancianitas para que cedieran sus casas e inauguró una empresa dudosa, conocida como Universidad Trump, para ganar dinero. Tampoco hay datos de que Trump se haya sacrificado por el bien común. Después de todo, llegó a la Casa Blanca gracias al discurso de campaña más cruel de la historia moderna estadounidense.

Casi al final de la carta que Trump envió a Comey, argumenta que al despedir al director del FBI pretende elevar el estándar en beneficio del pueblo estadounidense. "Es esencial que encontremos una nueva dirigencia para el FBI que restaure la confianza de la gente en su misión vital para la aplicación de la ley", escribió. Al relacionar ese sentimiento noble con el cinismo con el que despidió a Comey, Trump insiste en que aceptemos lo que dice y no lo que nos indica nuestro sentido común.

Si le crees, te recomiendo que no te acerques a la selva.

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