OPINIÓN: Trump no hace nada por limpiar su nombre en el caso Rusia

Las investigaciones son la única manera de disipar una nube de sospechas que podría acechar a la Casa Blanca a lo largo de los próximos cuatro años.
Misterio  La Casa Blanca de Trump no debería estar obstruyendo las investigaciones, asegura la autora.  (Foto: EFE)
Frida Ghitis

Nota del editor: Frida Ghitis escribe sobre asuntos internacionales para el diario estadounidense The Miami Herald y fue productora y corresponsal de CNN. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autora.

(CNN) — Olvídate de todas las investigaciones y de los correos electrónicos hackeados. Le preguntaron al presidente de Rusia, Vladimir Putin, si había interferido en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. "Lee mis labios", respondió. "No". Putin dijo que todas las acusaciones, incluidas las conclusiones de 17 agencias de inteligencia estadounidenses sobre que Rusia había ayudado a Donald Trump a ganar, son "ficción, una ilusión, provocaciones y mentiras".

La vasta comunidad de inteligencia de Estados Unidos llegó a la conclusión de que las declaraciones de Putin son falsas. Pero persiste una pregunta más importante: ¿La campaña de Trump se coludió con Rusia en su esfuerzo por trastornar el proceso democrático estadounidense?

La interferencia de Rusia, a la que el exvicepresidente Dick Cheney tildó de "acto de guerra", es una cuestión grave. Pero si el actual presidente de Estados Unidos y su equipo se coordinaron con una potencia hostil, el tema sería infinitamente más grave. Suscitaría dudas no solo sobre la legitimidad de Trump como presidente, sino sobre la motivación de sus decisiones políticas futuras.

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Por eso es desconcertante que Trump no esté haciendo todo lo posible por limpiar su nombre.

Al igual que cualquier persona, Trump se merece que se le presuma inocente. La justicia exige que asumamos que es inocente y luego analicemos las pruebas para ver si contradicen esa asunción.

Trump tiene dos opciones. Puede trabajar para limpiar su nombre y demostrar su inocencia, o puede resistirse a la investigación. Si en verdad es inocente, poner todos los hechos sobre la mesa y dar su versión de los hechos le ayudaría. Si tiene algo que ocultar, tendría más sentido perturbar las investigaciones.

Parece que Trump y sus asesores están haciendo todo lo contrario de lo que uno esperaría de alguien inocente. Mientras tanto, siguen surgiendo dudas; las reuniones secretas, las decisiones cuestionables y los esfuerzos desconcertantes por desviar la atención del país hacen parecer que la presidencia tiene algo que ocultar.

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Ahora, el exasesor de Seguridad Nacional de Trump, Mike Flynn, quien quedó despedido en medio de la controversia de las juntas secretas con el embajador de Rusia, quiere inmunidad de parte de la fiscalía para contar su historia. Alguna vez dijo que "cuando te dan inmunidad… es porque probablemente cometiste un delito". El mismo Trump ha argumentado que pedir inmunidad es indicio de culpa, pero el viernes 31 de marzo tuiteó: "¡Mike Flynn debería pedir inmunidad en esta cacería de brujas (una excusa para justificar la gran derrota electoral), de parte de los medios y los demócratas, de proporciones históricas!".

El pueblo estadounidense quiere una investigación independiente seria. En una encuesta reciente se determinó que al 63% de los participantes le preocupa que Trump tenga lazos con Rusia; el 66% dijo que quiere que una comisión independiente investigue los posibles lazos entre los asesores de la campaña de Trump con el gobierno ruso.

Si Trump no limpia su nombre, toda su presidencia quedará envuelta en una acre nube de sospechas; sus planes y sus decisiones, particularmente en cuestiones de política exterior, suscitarán dudas sobre si son benéficas para Estados Unidos o si sirven a otros propósitos.

James Comey, director del FBI, dijo al Congreso que su dependencia emprendió una investigación de contrainteligencia para determinar si hubo colusión entre el equipo de campaña de Trump y el gobierno ruso para afectar las elecciones.

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Tras apenas dos meses en la presidencia, los índices de aprobación de Trump han caído por debajo de los más bajos registrados en los ochos años de presidencia de Obama o de Clinton. Las cuestiones sobre Rusia ciertamente son un factor y parecen interminables. ¿Por qué muchos de sus asesores principales mintieron u olvidaron convenientemente que se habían reunido con el embajador de Rusia, Sergei Kislyak? Flynn, quien recibió dinero del gobierno ruso, perdió su empleo luego de que se descubriera que habló con el embajador al menos cinco veces, incluso el día en el que el entonces presidente Obama impuso sanciones nuevas a Rusia. Recuerda que el principal objetivo en la agenda de Putin es que se levanten las sanciones.

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¿Por qué el Fiscal General Jeff Sessions se reunió con el embajador de Rusia (dos veces) y luego declaró ante el Senado, bajo juramento, que "no había entablado comunicaciones con los rusos"? Sessions fue el primer senador que respaldó a Trump, uno de sus confidentes.

¿Y qué hay detrás de las reuniones de Jared Kushner con los rusos, tanto con el embajador como con Sergei Gorkov, presidente de un banco ruso que tiene sanciones de Estados Unidos? Gorkov no solo es muy cercano a Putin, sino que también se graduó de la academia FSB, en la que entrenan a la gente de la agencia nacional de espionaje de Rusia.

¿Y qué hay de Paul Manafort? Es increíble que la presidencia de Trump dijera que la función de Manafort en la campaña era menor. Pero eso no es nada cierto. Manafort era el director de la campaña de Trump. La campaña trabajó tras bambalinas de la Convención Nacional Republicana para cambiar la plataforma del partido, de suerte que coincidiera con los intereses de Rusia, particularmente respecto a Ucrania. Manafort trabajó con los aliados de Putin en Ucrania y fue asesor de la campaña presidencial de Viktor Yanukovich, aliado de Putin a quien finalmente destituyeron.

Conforme crecen las controversias jurídicas de Manafort, la agencia Associated Press señaló que revisaron unos documentos con los que se confirma que hace una década firmó un contrato de 10 millones de dólares con uno de los principales aliados de Putin. A cambio de los millones de dólares, Manafort accedió a "influir en la política, los negocios y la cobertura noticiosa dentro de Estados Unidos, Europa y las antiguas repúblicas soviéticas para beneficiar al gobierno de Vladimir Putin".

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También está ese personaje curioso, Roger Stone, a quien poco le faltó para presumir que estaba en contacto con los hackers relacionados con Rusia que atacaron la campaña de Hillary Clinton (y jamás la de su rival), en un esfuerzo transparente por ayudar a Trump.

Stone, viejo amigo de Trump, tuiteó algo sobre el hackeo de los correos electrónicos del director de la campaña de Clinton, John Podesta, antes de que se publicaran: "Pronto llegará el momento de que Podesta la sufra".

Parece que los hackeos y las filtraciones ocurrieron en un momento asombrosamente útil para la campaña de Trump, lo que sirvió como distracción de sus escándalos.

Ahora, parece que Trump está tratando de causar una distracción de los escándalos nuevos, ya que anda lanzando en Twitter acusaciones de que el principal aliado de Estados Unidos, Reino Unido, ayudó a Obama a espiarlo, o pide que nos concentremos en los Clinton y no en él.

En vez de trabajar para limpiar el nombre de Trump, la Casa Blanca pone obstáculos a la investigación. El diario estadounidense The Washington Post señaló que vieron pruebas de que la Casa Blanca trató de evitar que la exfiscal general interina, Sally Yates, rindiera declaración ante la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, aunque ahora, el secretario de prensa, Sean Spicer, diga que la Casa Blanca quiere que testifique. También están las reuniones a altas horas de la noche en la Casa Blanca con Devin Nunes, presidente de la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes, lo que intensifica la sensación de que la presidencia de Trump no está siendo precisamente abierta con el Congreso ni con el pueblo estadounidense respecto a sus tejes y manejes.

La presidencia de Trump tiene dos opciones. Hasta ahora, no está claro si el presidente está eligiendo la que la exonera.

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