OPINIÓN: Una inflación creada por el mismo Banco de México

La verdadera raíz de un proceso inflacionario está en una política monetaria laxa que bombea más dinero de lo que la economía necesita para absorber una cantidad limitada de bienes y servicios.
Banco de México  Desde mediados de 2013, el Banco de México decidió poner en práctica una política expansiva para intentar ayudarle a la alicaída economía.  (Foto: iStock by Getty Images)
Alfredo Coutiño

Nota del editor: Alfredo Coutiño es director para América Latina en Moody’s Analytics. Síguelo en su cuenta de Twitter @AlfredoCoutino. Las ideas expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(Expansión) — La inflación galopante que enfrenta el país fue creada por el mismo banco central a través de la prolongada política expansiva de los últimos cuatro años. Ni el gasolinazo ni la caída del peso son factores que producen un aumento sostenido de precios, por lo que la verdadera raíz inflacionaria está en el exceso de dinero producido por el Banco de México. La oferta monetaria real continúa creciendo a ritmos muy superiores a los de la producción de bienes y servicios en la economía.

Desde mediados de 2013, la expansión de dinero empezó a acelerarse de manera significativa. Época en que el Banco de México decidió poner en práctica una política expansiva para intentar ayudarle a la alicaída economía, mientras la Secretaría de Hacienda decidió abandonar el compromiso de déficit cero. Las dos políticas se mantuvieron expansivas hasta al menos finales del 2015, cuando los desequilibrios acumulados empezaron a hacer más evidente la endeble salud económica.

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No fue sino hasta principios de 2016 cuando las presiones del mercado forzaron a un cambio abrupto en el manejo monetario, al darse un incremento agresivo y fuera de calendario de la tasa de interés. Unos meses antes, hacia finales del 2015, la Junta de Gobierno del banco todavía argumentaba que no era conveniente subir la tasa de interés porque representaba más costo que beneficio para la economía.

El desarrollo de presiones inflacionarias evidentes y la fuerte volatilidad cambiaria obligaron a subir la tasa de interés desde el mínimo histórico de 3% hasta el actual 6.75%. Si los precios y el tipo de cambio no hubieran estado desalineados, la volatilidad no los hubiera golpeado tan fuerte.

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En términos de costo del crédito, la política monetaria aparentemente ha entrado en terreno restrictivo, aunque la tasa de interés real es apenas de medio punto porcentual. En términos de la cantidad de dinero, la política monetaria no se ha restringido lo suficiente como para detener la velocidad a la que crece la oferta de dinero primario. La discrepancia creciente entre la cantidad real de dinero y el volumen de bienes producidos en la economía, continúa manteniendo viva a las presiones inflacionarias.

La inflación, definida como el incremento sostenido de precios, es un fenómeno producido por la misma política monetaria. Un incremento de precios no puede ser sostenido si no existe exceso de liquidez monetaria que lo acomode. Así, el gasolinazo, el aumento de tarifas del transporte, el incremento estacional en precios de frutas y verduras, y hasta las noches de luna llena, no son factores que sostengan una tendencia creciente de la inflación, ya que solo son detonadores pero no la causa del problema.

La verdadera raíz de un proceso inflacionario está en una política monetaria laxa que bombea más dinero de lo que la economía necesita para absorber una cantidad limitada de bienes y servicios. Así, cuando la cantidad real de dinero crece ––de manera prolongada–– a mayor velocidad que la cantidad de bienes producidos entonces se genera inflación. Este es precisamente el caso de la inflación galopante en el país: un fenómeno generado por el mismo banco central.

La inflación se ha acelerado a raíz del gasolinazo de enero del 2017, lo cual ha producido efectos directos en algunos precios, pero también ha generado realineación en muchos otros precios. El cambio de tendencia mostrado por los precios subyacentes desde inicios de año representa un cambio de pendiente, o sea un cambio en la velocidad de ajuste de los precios. Así, en los primeros cuatro meses del año, los precios subyacentes se ajustaron a una velocidad mensual de 0.6%, mientras que solo fue de 0.3% en el mismo periodo de 2016 y de solo 0.2% en 2015. Esto da evidencia de una aceleración inflacionaria.

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Por su parte, la cantidad real de dinero creció a tasas de más de seis veces lo que creció la cantidad de bienes y servicios en 2015, y de casi seis veces en 2016. En términos comparativos, entre 2010 y 2013 la cantidad de dinero no creció más de dos veces lo que creció la producción. Así, la cantidad real de dinero por unidad de producto se ha mantenido acelerada desde mediados del 2013 hasta el presente (ver gráfica). Aunque dicha velocidad se moderó en el primer trimestre del 2017, la cantidad de dinero aún crece a una velocidad tres veces mayor de lo que crece la producción.

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Efectivamente, el alza en el costo del crédito por parte del banco central ha ayudado a moderar la velocidad a la que crece la cantidad de dinero con respecto al producto, pero sigue estando por encima de los estándares históricos. Por lo que el alza de tasas no ha sido suficiente para disciplinar la expansión de dinero. Para poder combatir la raíz real de la inflación, se necesitan más alzas de la tasa de interés o bién una reducción directa de la emisión primaria de dinero, o una combinación de las dos.

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Así, el Banco de México está obligado a combatir la raíz monetaria de un problema inflacionario que este mismo creó a través de la expansión prolongada de dinero.

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