OPINIÓN: La estupidez que impulsará la lucha contra el cambio climático

En vez de generar empleos en la industria del carbón, la decisión del gobierno de Trump habrá provocado que la guerra total contra el carbón se vuelva la causa moral predominante en nuestro tiempo.
Trump  Para Trump, derribar los esfuerzos contra el cambio climático es el máximo insulto a los liberales.  (Foto: EFE)
Mark Lynas

Nota del editor: Mark Lynas escribe sobre cambio climático; es miembro visitante de la Alianza para la Ciencia de la Universidad de Cornell, Estados Unidos. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(CNN) — Retirarse del Acuerdo de París sobre el cambio climático es casi la única cosa predecible (e incluso racional) que Donald Trump ha hecho desde que asumió la presidencia de Estados Unidos.

Después de los vergonzosos reveses que sufrió en los temas del muro en la frontera con México, del decreto antiinmigrantes musulmanes y de otras de sus políticas más importantes, considera que rechazar lo aceptado unánimemente respecto al cambio climático es algo con lo que fácilmente complacerá a sus seguidores. Qué lástima que el planeta se esté cociendo. Lo eligieron por esta promesa y está dispuesto a cumplirla.

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Cancelar el Acuerdo de París es la clásica política posverdad. Este es Trump en su versión más insensible, ignorante y ávida de atención, basada en la franca negación de la realidad científica apabullante y anunciada con un suspenso al estilo de los juegos de concursos a través de Twitter y de avances publicitarios contradictorios.

Como fue estrella de telerrealidad, a Trump le importa cómo se ven las cosas, no cómo son en realidad. Derribar los esfuerzos contra el cambio climático es el máximo insulto a los liberales… y después de todo, esa es la idea. El objetivo es simbólico, pero nuestros hijos no lo verán así cuando tengan que enfrentarse a emisiones de carbono más altas y al consiguiente calentamiento global desastroso.

Supongo que en vez de socavar la decisión de otros líderes mundiales para reducir las emisiones de carbono, los actos de Trump darán impulso a los Acuerdos de París. Provocarán que otros países redoblen sus esfuerzos, precisamente para que no parezca que Trump está ganando esta batalla vital para el futuro del planeta.

Particularmente la Unión Europea, encabezada por Angela Merkel, de Alemania, tiene la intención de no dejar a Trump quedar indemne con esta clase de vandalismo mundial. En la cuestión del clima, la Unión Europea es mucho más unida que en cualquier otro tema. El brexit no hará la diferencia, porque todos los partidos políticos principales de Reino Unido respaldan los acuerdos. Esto provocará que el gobierno de Trump quede aislado y la buena voluntad hacia Estados Unidos se verá aún más reducida.

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Esto también significa que Estados Unidos cede el liderazgo en las cuestiones climáticas a China, rol que el gobierno chino está más que dispuesto a asumir. Los chinos quieren resolver su agobiante problema de la contaminación y dar la impresión de que son una superpotencia mundial responsable. Su enfoque considerado y a largo plazo está directamente contrapuesto al del hombre-espectáculo egoísta que ahora habita la Casa Blanca.

Los chinos no están adoptando esta postura por puro altruismo. Los líderes de China han reconocido desde hace mucho las oportunidades económicas que conlleva el avance agresivo hacia las tecnologías energéticas limpias. La energía solar ya es más barata (y más limpia) que el carbón en muchos países en desarrollo.

Parece que Trump, a quien le gusta proyectar la imagen del empresario exitoso, no entiende el valor de la innovación. Prefiere regresar hacia una era dorada imaginaria de los combustibles fósiles. Si Estados Unidos se rezaga en la revolución de las energías limpias, no será Trump quien pague el precio.

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Para los defensores del medioambiente, parece que estamos volviendo a vivir la salida de George W. Bush del Protocolo de Kioto en 2001. Esa arriesgada maniobra política le costó una década al mundo. Trump podría perder mucho más… si lo permitimos.

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Ahora espero ver al movimiento medioambientalista en toda su furia (todos incluidos, salvo la extrema derecha estadounidense), arremetiendo contra la industria estadounidense del carbón, que es el único actor económico poderoso que se opone a la acción contra el cambio climático. Hasta las grandes petroleras respaldan el Acuerdo de París, así como la mayoría de las corporaciones estadounidenses.

Seguramente veremos esfuerzos decididos para restar recursos a la extracción de carbón, campañas de desinversión en acciones de empresas de extracción de carbón y movimientos para cerrar plantas de generación de electricidad con carbón en todo Estados Unidos.

La industria del carbón quedó en el ojo del huracán de la reacción mundial intensa. Pegarle al carbón es una forma de pegarle a Trump en donde le duele.

Es por ello que Trump habrá logrado precisamente lo contrario de lo que pretendía. En vez de generar empleos en la industria del carbón, habrá provocado que la "guerra total contra el carbón" (particularmente el carbón estadounidense) se vuelva la causa moral predominante en nuestro tiempo, como lo fue la lucha contra el apartheid para una generación anterior.

Para ser una persona tan divisiva, irónicamente habrá ayudado a crear un grado de unidad mundial sin precedentes, pero en contra de su propio gobierno. Tal vez por eso sí podamos dar las gracias.

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