OPINIÓN: Trump cumple una promesa de campaña, pero rompe otra

Cuando se trata del presidente Trump, es imposible ignorar la dimensión personal en la forma y el fondo de su gobierno.
¿Negociador?  Como autodeclarado maestro de las negociaciones, Trump cree que su predecesor negoció malos acuerdos - desde Irán a Cuba al cambio climático, aseguran analistas.  (Foto: EFE)
Aaron David Miller

Nota del editor: Aaron David Miller es vicepresidente y académico distinguido del Woodrow Wilson International Center for Scholars. Es el autor del libro "The End of Greatness: Why America Can't Have (and Doesn't Want) Another Great President." Miller fue negociador en Oriente Medio de administraciones demócratas y republicanas. Síguelo en @aarondmiller2. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) – El presidente Donald Trump cumplió el jueves un compromiso de campaña, retirarse del acuerdo de París sobre el cambio climático, pero rompió otro al decidir no abrir una embajada estadounidense en Jerusalén, al menos por ahora.

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¿Qué nos dicen hoy las acciones del presidente sobre la política exterior de la administración Trump y el papel que juegan la política y la personalidad en su configuración? Estas son mis conclusiones:

Manzanas y naranjas

En gran medida, las dos decisiones tomadas representan situaciones totalmente diferentes. La decisión sobre el acuerdo de París es estratégica y es probable que tenga profundas consecuencias para la credibilidad y diplomacia de Estados Unidos, sin mencionar el futuro del planeta en los próximos años.

Tras la desastrosa gira europea de Trump, la retirada estadounidense de un acuerdo que incluye a 195 naciones pondrá en entredicho la fiabilidad de Washington como aliado y socio, no solo en el tema del cambio climático, sino en cualquier otro asunto.

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Estados Unidos ahora tiene la distinción, junto con Siria y Nicaragua, de ser uno de los tres países fuera del acuerdo, y esa no es una buena compañía. Además, la retirada de Estados Unidos elimina cualquier influencia moral y práctica que pudiera haber ejercido sobre otras naciones para que éstas mantuvieran sus obligaciones y compromisos.

Muchos podrían argumentar que de haberse mantenido dentro del acuerdo, la administración Trump habría minado el acuerdo desde dentro. Pero, claramente, estar en la mesa habría sido preferible a no estar allí en absoluto.

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Por otra parte, la decisión de postergar la apertura de una embajada en Jerusalén era táctica. El presidente buscó una solución salomónica: suspenderlo por ahora, pero en su explicación reiteró su compromiso de campaña de que en algún momento la embajada se abriría en Jerusalén.

En comparación con el abandono del acuerdo sobre cambio climático, la cuestión de Jerusalén puede ser revertida a discreción del presidente. Sin ninguna consecuencia.

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Si hubiera roto el precedente de sus tres antecesores y hubiera trasladado la embajada a Jerusalén, el impacto habría sido mucho más grave; y como la retirada del acuerdo de París, habría tenido un impacto negativo significativo en un importante asunto de política exterior: la búsqueda de la paz árabe-israelí. De hecho, habría sido un mal augurio para el éxito de una cuestión con la que Trump está cada vez más identificado.

¿Gobierna la campaña?

En muchas cuestiones sí. Los presidentes se postulan y son elegidos con base en los compromisos que asumen con sus partidarios. Pero en otros temas, lo que se dijo durante la campaña se desvanece o se varía hábilmente.

Las dos decisiones del presidente plantean la intrigante cuestión de por qué en política exterior el Sr. Trump ha mantenido ciertos compromisos y no otros. Dijo que desmantelaría el acuerdo de Irán - "el peor acuerdo de todos" - y no lo ha hecho.

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Dijo que enfrentaría a China por la manipulación de su moneda; no lo ha hecho. Dijo que se saldría o al menos reformaría una OTAN obsoleta; no lo ha hecho. Y por supuesto, respecto a la promesa de abrir una embajada en Jerusalén, la ha suspendido.

Dado que no parece haber una dimensión ideológica en gran parte de lo que hace Trump en política exterior, solo podemos asumir que una combinación de factores -- incluyendo el asesoramiento de su equipo de política exterior (James Mattis, Rex Tillerson, HR McMaster, Jared Kushner); las conversaciones con líderes extranjeros (el presidente de China Xi Jinping, el rey Abdullah de Jordania, los saudíes); la realidad (las consecuencias negativas inmediatas que ciertas decisiones podrían producir para su administración); y sus propios instintos -- lo persuadieron de cambiar de parecer. Claramente, ese fue el caso en el asunto de la embajada de Jerusalén.

Política y personalidad

Y con la misma claridad, ese no fue el caso en el tema del cambio climático. Parece dudoso que Trump se oponga ideológicamente a la acción para prevenir el calentamiento global. Y la decisión de retirarse del acuerdo fue supuestamente muy debatida dentro de su gabinete, hasta el último momento.

Una explicación es que el rechazo a las políticas de cambio climático de los demócratas (como la inmigración y la construcción del muro) es un tema que resuena profundamente en su electorado "olvidado"; un tema del que mucho habló en la campaña; un tema que le costaría explicar convincentemente por qué incumplió; un tema que de alguna manera se asocia con su predecesor.

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El presidente está reaccionando contra las élites, contra la idea de una comunidad global y la noción de que cada nación en el sistema internacional tiene un papel en el éxito de las demás. De hecho, de todas las decisiones sobre política exterior que ha tomado desde que asumió la presidencia, ninguna transmite mejor que “primero Estados Unidos” significa - al menos en el cambio climático - “solo Estados Unidos.".

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De hecho, el acuerdo de París fue visto como uno de los logros de Barack Obama, uno del que Obama estaba muy orgulloso. En el mundo de Trump, diferenciar su administración de la de su predecesor es una buena política y crea la sensación de que el Sr. Trump no sólo está revirtiendo los logros de su predecesor, sino transformando la forma en que Estados Unidos hace negocios.

Por último, a diferencia de la cuestión de la embajada, desde el punto de vista de Trump, la amenaza del cambio climático es un asunto distante y abstracto y no afecta realmente a su aquí y ahora, aunque gran parte del mundo no concuerde.

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La cuestión de la embajada de Jerusalén, por otra parte, es clave para el compromiso de Trump de alcanzar el definitivo acuerdo de paz en Oriente Medio, un acuerdo que ahora parece estar inextricablemente unido a él.

Cuando se trata del presidente Trump, es imposible ignorar la dimensión personal en la forma y el fondo de su gobierno. Retirarse de París es, sin duda, coherente con su política y sus políticas: pero también es congruente con su persona.

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Como autodeclarado maestro de las negociaciones, Trump cree que su predecesor negoció malos acuerdos - desde Irán a Cuba al cambio climático. Y él siente que el acuerdo de París en particular ha convertido a Estados Unidos en el hazmerreír. El mensaje nada sutil es que el presidente Trump habría negociado un mejor acuerdo.

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