OPINIÓN: Macron y Merkel pueden hacer que Europa vuelva a ser grande

La cuestión que dictará el futuro de Europa es hasta dónde cederá Merkel en la postura estricta que su gobierno ha adoptado respecto a cuestiones como la deuda griega y el sector bancario italiano.
Merkel y Macron saben que son el nuevo eje franco-alemán que debe "luchar por nuestro propio futuro y destino como europeos", como dijo Merkel en Múnich.
Clave  Merkel y Macron saben que son el nuevo eje franco-alemán que debe "luchar por nuestro propio futuro y destino como europeos", como dijo Merkel en Múnich.  (Foto: EFE)
Parag Khanna

Nota del editor: Parag Khanna es miembro investigador del Centro para Asia y la Globalización de la Escuela de Políticas Públicas Lee Kwan Yeu de la Universidad Nacional de Singapur. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — Angela Merkel ya se hartó. Justo un día después de la breve reunión del G7 en Sicilia, regresó a Alemania y declaró ante el público que se congregó en Múnich que Estados Unidos y Reino Unido ya no son aliados confiables, que particularmente Estados Unidos ha "debilitado a Occidente" y está dispuesto a socavar a la Unión Europea.

No es la primera vez que Merkel defiende el honor de Europa. En un discurso parecido que dio en enero, advirtió a Estados Unidos que no tiene "garantía eterna" de cooperación de parte de Europa.

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En un momento en el que Donald Trump está reprendiendo a los europeos por no pagar suficiente por su propia defensa, debería tener cuidado con lo que desea. El divorcio transatlántico (que cada quien siga su propio camino) ha sido una posibilidad desde hace mucho.

La confianza renovada de Europa surge parcialmente del brexit. Bruselas, Luxemburgo y Berlín han superado a Londres en las negociaciones del brexit, con lo que reina la confusión en la política británica en vísperas de elecciones.

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Como la estrategia británica de negociación de su salida de la Unión Europea es un caos, la "vieja Europa" siente que se ha deshecho del yugo británico que usualmente se contraponía a los intereses de la unión. También tenemos los resultados proeuropeos de las elecciones de marzo en Holanda y de las elecciones recientes en Francia, las cuales representaron otra victoria decisiva para la unidad europea.

Quedó claro que Emmanuel Macron supo defender su territorio en su primer prolongado apretón de manos con Trump… y se aseguró de saludar a Merkel antes que a Trump (o que a cualquier otro jefe de Estado) cuando los líderes se reunieron en Sicilia.

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Merkel y Macron saben que son el nuevo eje franco-alemán que debe "luchar por nuestro propio futuro y destino como europeos", como dijo Merkel en Múnich.

Los resultados de estas elecciones, aunados a las altas expectativas de crecimiento económico para este año, significan que hay poco riesgo de que la unión se desintegre, como tantos han predicho desde hace casi una década.

La gran cuestión que dictará el futuro de Europa es hasta dónde cederá Merkel en la postura estricta que su gobierno ha adoptado respecto a cuestiones como la deuda de Grecia y el sector bancario de Italia.

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Aunque lo más probable es que gane las elecciones en septiembre para hacer su cuarto mandato como canciller, tal vez sea necesario que forme una "gran coalición" una vez más con sus rivales, los socialdemócratas.

Si el cargo esencial de ministro de Finanzas termina en manos de su contendiente electoral, Martin Schultz, Merkel podría verse obligada a tomar un rumbo de mayor solidaridad fiscal con las economías atribuladas del sur de Europa. Como no tiene nada más qué perder en el sentido político, bien podría ofrecerles un poco más de flexibilidad.

Aunque la recuperación de Europa continúe a lo largo de un camino difícil, no duden de que el deseo de Trump de mantener a Europa débil y su falta de compromiso con el Acuerdo de París sobre el cambio climático sean la gota que derrame el vaso.

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Los europeos no van a esperar a que destituyan a Trump para planificar su vida fuera de la alianza con Estados Unidos. Aunque no estén de acuerdo en cuestiones como finanzas e inmigración, lo significativamente importante es hallar la unidad al distinguirse de las políticas estadounidenses.

El siguiente paso es que Europa retome las políticas que la hacen mayor que la suma de sus partes. No hay mejor salvavidas que la liquidez que da la unificación de economías.

Este podría ser el momento de implementar las modificaciones institucionales que se consideraban innecesarias antes de la crisis financiera y que desde entonces han sido inviables políticamente: el pacto fiscal, el marco de mercados de capitales y la unión bancaria; modificaciones que pueden servir para una reestructuración genuina y para atraer billones de dólares al mercado de los eurobonos si las tasas de interés logran entrar en territorio positivo. Si se le da tiempo y apoyo, el modelo funciona.

Así, Europa estaría mejor preparada para enfrentar el escenario geopolítico cambiante en el que ahora debe actuar con mucha más autonomía. Recuerden que este fue el motor principal del discurso de Merkel en Múnich, no alterar a Trump.

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Aunque Trump ha acusado a Alemania de ser "muy mala" en cuestiones comerciales por sus grandes superávits, Alemania y otros exportadores europeos tienen un mercado enorme y dispuesto a recibir sus productos: Asia.

De hecho, las operaciones comerciales de la Unión Europea con China, Japón, Australia, Corea del Sur y el sureste asiático exceden a las que tiene con Estados Unidos en alrededor de 300,000 millones de dólares al año… y esto sin que Europa haya otorgado el estatus de "economía de mercado" a China y sin que haya firmado tratados comerciales con Japón, India y otros países.

Los europeos fueron una presencia activa en la cumbre One Belt, One Road que se llevó a cabo en Beijing a mediados de mayo. Esta iniciativa es el programa de inversión en infraestructura coordinada más grande de la historia y bien podría generar dos billones de dólares al año en operaciones comerciales entre Europa y Asia.

El gobierno estadounidense pronto podría darse cuenta de que Europa es la superpotencia decisiva entre Estados Unidos y China… y que la tendencia es lograr unir a Europa con Asia.

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Esto tiene grandes implicaciones para los otros dos grandes desafíos del gobierno de Trump en política exterior: Rusia e Irán. En medio de las graves acusaciones de que el personal de campaña de Trump y su yerno tienen tratos sospechosos con el gobierno ruso, Trump se está viendo obligado a adoptar una postura estricta ante Rusia aunque se contraponga a sus objetivos y a los de su secretario de Estado, Rex Tillerson.

Pero como la política estadounidense respecto a Rusia está estancada por las investigaciones, podemos contar con que Europa rompa filas y vuelva a negociar con Rusia para atraer las nuevas oportunidades de negocio que surgirán conforme se recupere la economía.

Seguramente habrá un patrón parecido con Irán. Después del discurso severo que Trump dio contra Irán en Arabia Saudita, es seguro que Europa perderá la paciencia con la política estadounidense de enfrentamiento inútil. Ni las sanciones ni el aislamiento han servido para debilitar el régimen religioso de Irán.

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Por otro lado, la reelección convincente de Hassan Rouhani como presidente implica que habrá continuidad en el deseo de Irán de entrar más en contacto con Occidente. Para muchas empresas europeas, el tren ya salió de la estación: los grandes contratos en el sector energético, de infraestructura, inmobiliario y otros no esperarán a que Trump se incorpore.

Las estrellas se están alineando para que Europa reclame una función central en el equilibrio estratégico mundial. Merkel y Macron están recordándoles a sus colegas de la región cuáles son sus fortalezas eternas: una infraestructura de clase mundial, ciudades medianas eficientes, políticas socialdemócratas, empresas locales bien arraigadas, poca desigualdad y ricas tradiciones culturales.

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Respiren bien profundo: el siglo XXI no será ni de Estados Unidos ni de los chinos. Europa va a hacer todo lo que pueda para seguir en el centro del mapa.

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