OPINIÓN: La izquierda de Corbyn que cimbró la política tradicional británica

El fracaso de los liberal-demócratas de capitalizar significativamente el 'brexit' es otra señal de que el centro liberal ha juzgado mal el estado de ánimo de la nación.
Golpe de izquierda  El éxito de Corbyn se debe en parte al hecho de que hay razones genuinas para rebelarse contra el statu quo en Gran Bretaña.  (Foto: EFE)
James Bloodworth

Nota del editor: James Bloodworth es escritor y columnista británico. Su primer libro, El mito de la meritocracia, fue publicado en 2016. Las opiniones expresadas en esta son exclusivas de su autor.

(CNN) — Desde el referéndum del brexit del año pasado, los principales partidos políticos británicos se han devanado los sesos tratando de encontrar la mejor manera de entender a un electorado amargamente dividido.

Tomemos como ejemplo la campaña electoral del Partido Liberal-Demócrata, de tenor proeuropeo y centro izquierda. Con su promesa de un segundo referéndum, el líder del partido Tim Farron dirigió su discurso al 48% que votó para permanecer en la Unión Europea.

El fracaso de los liberal-demócratas de capitalizar significativamente el brexit es otra señal de que el centro liberal ha juzgado mal el estado de ánimo de la nación.

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Esto no aplica solamente a los partidos centristas como los liberal-demócratas. A pesar de que el Partido Conservador (los tories) todavía se mantiene como el partido más grande, su campaña fue un desastre. "Esta es la peor campaña de los conservadores de todos los tiempos", decía la semana pasada un artículo en la revista conservadora Spectator. Como resultaron las cosas, el titular no andaba desencaminado.

Sin embargo, si achacan la mediocre victoria de los conservadores a la pésima campaña del partido, los políticos y los comentaristas pueden perder de vista la verdadera historia del revés sufrido en las elecciones.

Harían bien en detenerse a reflexionar por qué el líder laborista Jeremy Corbyn obtuvo tan buenos resultados contra las expectativas.

Sospecho que el éxito de Corbyn se debe en parte al hecho de que -como con el voto del brexit del año pasado- hay razones genuinas para rebelarse contra el statu quo en Gran Bretaña. Hace falta ser un político o periodista adinerado para no ver esto.

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Vayamos a los salarios. Los trabajadores británicos experimentan actualmente el período más largo de estancamiento salarial desde 1860. Esta presión sobre los salarios no ha durado tanto desde que Joseph Swan inventó la primera bombilla.

En todo el país está muy extendido el uso de bancos de alimentos: la ONG Trussell Trust entregó más de un millón de paquetes de emergencia con alimentos para tres días a las personas en situación de crisis entre abril de 2016 y marzo de 2017.

Mientras tanto, las antiguas áreas industriales que antes ofrecían empleos duros pero dignos (minas de carbón, centrales eléctricas, fábricas) están hoy atestadas de call centers, depósitos de almacenaje y distribución y el trabajo disponible está en los supermercados.

Como ocurre en las llamadas regiones del cinturón industrial de Estados Unidos, si no tienes estudios técnicos o universitarios a menudo hay pocas opciones atractivas. Muchos de los que van a la universidad regresan con una montaña de deudas para verse trabajando por un salario mínimo.

Con su promesa de abolir las tasas de matrícula universitaria -y con la promesa de invertir en las zonas marginadas del país y fortalecer a los sindicatos- la campaña electoral de Corbyn del Partido Laborista, aunque muy diferente de la campaña para abandonar la Unión Europea del año pasado, explotó esos mismos resentimientos.

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Pese a los primeros 12 meses accidentados de su liderazgo partidista, Corbyn llevó a cabo una efectiva campaña populista de izquierda que ha capitalizado un generalizado deseo de cambio.

El resultado -tal y como están las cosas, un parlamento sin mayoría absoluta- y la posibilidad de desbancar a Theresa May, trastocará a muchos laboristas moderados que contaban con que Corbyn se desplomara en las urnas.

El centrismo ya no tiene la fuerza que tenía hace una década. Y aquellos que se han opuesto intransigentemente a Corbyn desde el primer día tendrán que revisar su punto de vista sobre la "inelegibilidad" de un programa populista de izquierda.

Sí, el Partido Laborista permanecerá en la oposición y tendrá que esforzarse más para ganar el poder contra un líder conservador más eficaz. El gran énfasis en el manifiesto laborista sobre la renacionalización de las empresas de servicios públicos, aunque justificable por derecho propio, es una fórmula poco adecuada para promover la justicia social en el siglo XXI.

Es particularmente revelador que Corbyn -y muchos de su círculo- elogiaran al gobierno venezolano hace unos pocos años. Solo la prensa más melodramática presumía que un gobierno liderado por Corbyn convertiría a Gran Bretaña en Venezuela. Pero este tipo de cosas nos hacen pensar en las opiniones de Corbyn y en las opiniones de una facción de la izquierda contemporánea.

Dicho esto, Jeremy Corbyn demostró que los que dudaban de él (yo incluido) se equivocaron.

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El desacuerdo de principios con Corbyn no habrá desaparecido. Pero será mucho más difícil para los críticos de Corbyn mantener el viejo axioma de que la izquierda nunca puede vencer al conservadurismo con minúsculas. Gracias a la participación sin precedentes de votantes jóvenes, la izquierda ha hecho justamente eso.

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