OPINIÓN: La locura de Oriente Medio envuelve a Irán, Qatar y Estados Unidos

Qatar ha jugado un doble papel: por un lado ayuda a combatir el terrorismo, al mismo tiempo, respalda grupos con ideología extremista. Pero ahora tendrá que decidir de qué lado está.
En la lupa  En el epicentro de lo que es una crisis política muy seria está Qatar, acusado por sus vecinos árabes de toda clase de fechorías -incluyendo el apoyo al terrorismo- y ahora enfrenta sanciones de castigo.  (Foto: EFE)
Frida Ghitis

Nota del editor: Frida Ghitis es columnista de asuntos internacionales para The Miami Herald y World Politics Review, fue productora y corresponsal de CNN. Las opiniones aquí expresadas son exclusivamente suyas.

(CNN) – En el turbulento Oriente Medio no parece haber límite para el número de conflictos que ocurren de manera simultánea. El miércoles por la mañana, los residentes de Teherán sufrieron una serie de atentados coordinados, al menos una docena de personas murieron a manos de hombres armados y un suicida que tomaron por asalto el edificio del Parlamento y el mausoleo que alberga la tumba del fundador de la república islámica, el ayatolá Jomeini. ISIS rápidamente se atribuyó la responsabilidad.

El ataque de Teherán se produce mientras otra batalla política se libra en el Golfo. Irán no está directamente involucrado, pero Teherán es una de las razones detrás de una de las disputas políticas más intensas que enfrentan a los árabes del Golfo unos contra otros.

OPINIÓN: El aislamiento de Qatar tiene sentido en el mundo de Trump

En el epicentro de lo que es una crisis política muy seria está Qatar, acusado por sus vecinos árabes de toda clase de fechorías -incluyendo el apoyo al terrorismo- y ahora enfrenta sanciones de castigo. Qatar niega las acusaciones.

Qatar ha jugado un doble papel: por un lado ayuda a combatir el terrorismo, al mismo tiempo, respalda grupos con ideología extremista. Pero ahora tendrá que decidir de qué lado está.

Y Estados Unidos tendrá que enfrentar una cuestión similar. Mientras los tuits del presidente Donald Trump indican su apoyo al súbito aislamiento de Qatar, las voces disciplinadas y diplomáticas del Departamento de Estado y del Pentágono indican lo contrario. Pero Washington necesita hablar con una sola voz. Las voces contradictorias dentro de la administración no solo envían mensajes confusos, proyectan una imagen de caos en la política exterior estadounidense.

Hay que admitirlo, la crisis de Qatar preocupa mucho a Estados Unidos. Qatar aloja la mayor base militar de Estados Unidos en la región y ha sido considerado un aliado importante en la guerra contra el terrorismo. Y el resultado de la crisis tendrá importantes implicaciones para Estados Unidos, Oriente Medio y la campaña mundial contra el extremismo.

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¿Cómo se produjo este drama?

Poco después de la partida de Trump, la agencia de noticias qatarí (QNA, por sus siglas en inglés) informó que el Emir de Qatar, el jeque Tamim bin Hamad al-Thani, había pronunciado un discurso acusando a sus vecinos de una campaña de desprestigio que trataba de presentar a Qatar como partidario del terrorismo. En el discurso, el Emir defendió el apoyo de Qatar a la Hermandad Musulmana, a Hamás y Hezbollah, así como sus buenas relaciones con Irán e incluso sus vínculos con Israel.

La reacción entre los vecinos de Qatar fue inmediata y furiosa. Pero Catar también actuó rápidamente. En cuestión de minutos, las autoridades retiraron el artículo de QNA, arguyeron que el sitio había sido hackeado y que la nota era falsa.

CNN informó que investigadores estadounidenses creen que el ataque a QNA fue perpetrado por hackers rusos. Si Rusia quería crear discordia entre los aliados de Estados Unidos, el plan al parecer tuvo éxito.

Las consecuencias que podría traer a Qatar la crisis diplomática del Golfo

A pesar de las vehementes afirmaciones de los funcionarios qataríes de que el discurso ofensivo nunca se produjo, los vecinos de Qatar, encabezados por Arabia Saudita, rechazan la explicación.

Al día de hoy nueve países árabes han roto relaciones con Qatar. Arabia Saudita cerró la única frontera terrestre de Qatar. Todos los enlaces marítimos y aéreos han sido suspendidos, y los ciudadanos de Catar deben abandonar Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin. Kuwait está tratando de mediar, pero las tensiones siguen álgidas.

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Hay una razón para eso. El discurso que Qatar niega que existiera reproduce el historial qatarí en política exterior. Desde Doha, los gobernantes de Qatar han pasado años implementando políticas que a menudo contravienen las posturas del Consejo de Cooperación del Golfo (GCC) y de Estados Unidos.

Qatar ha actuado durante mucho tiempo como un disidente, un maverick, aprovechando su enorme riqueza proveniente de las exportaciones de gas natural para tener un peso mayor al que le corresponde en la escena global.

El emirato ha intentado jugar en ambos bandos en muchos de los conflictos de la región. Durante la primavera árabe, se convirtió en un fuerte partidario de los afines a la Hermandad Musulmana que llegaron al poder en los primeros días de las revueltas, entregando miles de millones de dólares al gobierno egipcio de Mohamed Morsy, incluso cuando las monarquías del GCC consideraban la ascensión de la Hermandad como una amenaza.

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La cadena Al Jazeera en Qatar se convirtió en uno de los vehículos de la política exterior del emirato, transmitiendo mensajes de Osama bin Laden de Al Qaeda, alimentando el sentimiento revolucionario y cediéndole regularmente el micrófono a los críticos islámicos de los estados del Golfo, así como a personajes antiestadounidenses y antisemitas.

Pero Qatar también ha mantenido buenas relaciones con Washington, alojando la enorme base militar al-Udeid, desde donde 11,000 soldados estadounidenses y de la coalición lanzan operaciones militares contra blancos en Siria, Iraq y Afganistán.

Sin embargo, lo que quizás más molesta a Arabia Saudita y a sus aliados son los lazos de Doha con Teherán en un momento en que la animosidad entre Irán y los árabes del Golfo es mayor que nunca.

Mientras la crisis diplomática se producía, Washington trataba de calmar las aguas. El secretario de Estado Rex Tillerson pidió a las partes que resolvieran sus diferencias. El Pentágono alabó a Qatar como un aliado vital de Estados Unidos y su "compromiso duradero con la seguridad regional."

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Pero entonces Trump empezó a tuitear, contradiciendo directamente lo que parecía ser la política estadounidense. Parecía elogiar la sanción y atribuirse el crédito, afirmando que su visita a Arabia Saudita "ya está dando frutos", y señalando que cuando pidió poner fin a la financiación de la ideología radical, "Los líderes señalaron a Qatar - mira!”

Cuando el jefe del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Bob Corker, supo de los tuits de Trump, quedó perplejo.

Entonces la embajadora de Estados Unidos en Qatar, Dana Shell Smith, publicó de nueva cuenta un mensaje que databa de octubre pasado, citando los elogios del Departamento de Estado al "progreso de Qatar para contrarrestar el financiamiento del terrorismo."

El terrorismo, las ofensivas diplomáticas y la guerra abierta ya están agitando a la región. El resultado de la crisis de Qatar podría inclinar la balanza con respecto a Irán e ISIS, y afectará a la seguridad de Estados Unidos y del mundo durante los próximos años.

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Y la crisis podría empeorar. Ahora Turquía, un aliado de la OTAN, dice que podría enviar tropas a Qatar en apoyo al emirato. Eso complicaría aún más la situación para Estados Unidos, enfrentando a otros aliados entre sí.

Pero es la reacción de Estados Unidos ante la crisis la que reviste otra amenaza aún mayor para la seguridad estadounidense: la falta de una posición coherente en las crisis de política exterior. No solo están divididos los supuestos aliados de Estados Unidos, da la impresión de que la Casa Blanca, el Pentágono y el Departamento de Estado también están divididos.

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Con todo, puede haber un rayo de esperanza. El miércoles, Trump habló con el Emir de Qatar acerca de encontrar una solución a la crisis diplomática. Tras la llamada, el gobierno de Qatar emitió una declaración a CNN, diciendo que el presidente "había expresado su disposición a encontrar una solución... y subrayó su interés en que el Golfo permanezca estable."

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