OPINIÓN: Líderes del G20 acuerdan financiar la educación, ahora viene lo difícil

Los últimos años serán recordados como una época en la que, en 35 países afectados, era más peligroso ser un niño en la calle que un soldado en las trincheras, aseguran Shakira y Gordon Brown.
La búsqueda de educación para todos los niños une a Shakira y a Gordon Brown
Gordon Brown y Shakira Mebarak

Nota del editor: Gordon Brown es exprimer ministro del Reino Unido. Shakira Mebarak es una artista internacional y defensora de la educación. Ambos son miembros de la Comisión Internacional para el Financiamiento de Oportunidades Educativas Globales, conocida como la Comisión de Educación. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivamente de los autores.

(CNN) – Si nuestro mundo fuera uno donde cada niño estuviera en la escuela y aprendiendo, tal vez nosotros dos nunca nos hubiéramos conocido. Pero hace más de una década, frustrados por los objetivos en educación que la comunidad internacional estableció y no cumplió, nos unimos para rechazar un mundo donde demasiados niños carecen de una educación de calidad.

Depende de todos nosotros asegurar que los niños de todo el mundo tengan acceso a este derecho esencial. Hoy, finalmente tenemos buenas noticias.

En la Declaración de los Líderes de la Cumbre del G-20 se incluye un acuerdo para una mayor y mejor financiación de la educación mediante el apoyo al Fondo Financiero Internacional para la Educación. Con esta declaración, los líderes mundiales están diciendo: Nuestra meta de desarrollo sostenible de una educación inclusiva y de calidad para todos puede lograrse. Ahora, con pensamiento imaginativo y liderazgo, podemos cumplir lo prometido.

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El derecho a la educación es imperativo. Mucho más alarmante que la realidad actual de 263 millones de niños no escolarizados, es la proyección de la Comisión de Educación (una organización que desarrolla un caso de inversión y una vía de financiación para lograr igualdad de oportunidades educativas para niños y jóvenes) que, para el año 2030, la mitad de una generación –más de 800 millones de niños - carecerán de las habilidades básicas necesarias para prosperar en la economía del mañana.

Los últimos años serán recordados como una época en la que, en 35 países afectados por la crisis, era más peligroso ser un niño en la calle que un soldado en las trincheras. La inacción, ya sea en Siria o en Sudán del Sur, sugiere que el mundo se ha acostumbrado a las incesantes violaciones de los derechos de los niños que afectan a unos 75 millones de niños atrapados en el fuego cruzado.

Muchos de los niños que huyen de las zonas de conflicto ni siquiera pueden acceder a lo que puede mejorar su vida: la educación. Sin ella, las niñas en particular serán víctimas de matrimonios a edad temprana, trata, trabajo infantil y discriminación sexual.

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Uno de nosotros es embajador de buena voluntad de la UNICEF y el otro es enviado especial de las Naciones Unidas para la educación mundial. En estas funciones, y en nuestras capacidades compartidas como miembros de la Comisión de Educación, conocemos el poder de la educación. Nuestros encuentros con los niños refugiados sirios en el Líbano y Turquía, las niñas esposas en la India y los niños pobres en Colombia y en toda América Latina nos han cambiado para siempre.

Todos estos niños nos dijeron que la educación es la única fuerza lo suficientemente fuerte - el único cortador de alambre lo suficientemente fuerte - para escapar de ciclos de sufrimiento y división. Y así, al salir del G20, la comunidad internacional decidió, como dice el viejo proverbio, encender una luz en lugar de maldecir la oscuridad.

Desde 2002, la proporción de la financiación para la educación en la ayuda internacional total ha disminuido del 13 al 10%. Una dolorosa recesión mundial provocó la reducción de los presupuestos nacionales de educación - la fuente de donde provienen la mayoría de los recursos para la educación - y frenó el impulso positivo observado a principios de los años 2000. Aunque la comunidad internacional acordó nuevos y ambiciosos objetivos de desarrollo sostenible en 2017 - educación primaria y secundaria universal para 2030-, hasta ahora no hemos podido encontrar la forma de financiarlos.

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Ha habido alentadores signos de progreso gracias a Botsuana, Vietnam, Ghana, Tanzania y otros países que han priorizado la educación, y gracias a las alianzas internacionales como la Alianza Global para la Educación, que opera en los países más pobres, y al recién creado fondo Education Cannot Wait, que apoya la educación en situaciones de emergencia. Sin embargo, es necesario un cambio si queremos lograr una educación para todos.

El apoyo del G20 al Fondo Financiero Internacional para la Educación (International Finance Facility for Education) significa nuevos recursos económicos vinculados a resultados reales en la vida de los niños. El fondo ofrece una ayuda vital para muchos de los niños del mundo no escolarizados. Este pacto entre países que están dispuestos a invertir y reformar, y una comunidad internacional deseosa de tomar medidas, demuestra que la cooperación está viva y vigente.

A través del fondo, más de 10 mil millones de dólares en nuevos fondos para la educación podrían ser donados por entes públicos y privados y facilitados por bancos internacionales, ayudando a cerrar el existente déficit de financiamiento.

La educación no merece nada menos que ese compromiso. Cumplir esa promesa para todos los niños es la lucha por los derechos civiles de nuestra época. Y puede ganarse, pues la historia demuestra que lo que a veces parece imposible puede ser posible. En la década de 1960, el mundo marchó por los derechos civiles. En los años 70 y 80, las personas se unieron para boicotear un régimen sudafricano y acabar con las fuerzas opresivas del apartheid.

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Y, en las últimas dos décadas, se han ampliado las vías para garantizar los derechos de las mujeres, las personas con discapacidad y las personas LGBT. En todos estos ámbitos, todavía queda mucho trabajo por hacer. La batalla por proteger los derechos de los niños, descuidados durante demasiado tiempo, merece el mismo compromiso implacable.

Podemos ser la primera generación en la historia donde no sólo algunos niños, sino cada niño en el mundo no es explotado, sino educado. Como padres, conocemos el poder del aprendizaje y la esperanza que puede darse si se aprovecha esta oportunidad.

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Para uno de nosotros, la incursión temprana en la docencia evidenció la realidad de que muchos se quedan sin desarrollar su potencial y sus talentos. Y para el otro, crecer en Colombia y ver el poder transformador que puede tener la educación en las comunidades de un país devastado por los conflictos -desde la creación de empleo hasta la disipación de la violencia- reforzó la necesidad de luchar por este derecho fundamental.

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Los dos nos unimos hace años porque coincidimos en que ésta era la lucha de nuestras vidas. Con el tiempo, esta convicción sólo se ha fortalecido. Hoy celebramos el avance hacia esta promesa. Ahora viene la parte más difícil: cumplir.

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