OPINIÓN: Primero seres humanos antes que líderes frente a la tragedia

Ante una crisis como la que vive México tras el sismo, hay que dejar por un momento atrás la presión por los números y los resultados y enfocarse en la parte humana del liderazgo, dice Jorge Guevara.
Sismo  La forma en la que cada quien vivió la experiencia en la ciudad es válida, individual y única, y al compartirla con los demás es la forma en la que iremos construyendo como sociedad la interpretación.  (Foto: Reuters)
Jorge Guevara

Nota del editor: Jorge Guevara es de formación psicólogo organizacional y clínico. Actualmente es vicepresidente de Asuntos Corporativos y Comunicación para América Latina de American Express Co. Ha liderado diversas estrategias e iniciativas relacionadas con la diversidad y la inclusión, particularmente las correspondientes a la comunidad LGBT+. Escríbele a su correo jorge.guevara@aexp.com. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(Expansión) — Los últimos días en la Ciudad de México nos han dejado una huella imborrable a todos los que aquí vivimos. Sin ánimos de ser irrespetuoso, creo que de alguna forma, el pasado 19 de septiembre, todos perdimos algo. Algunos mucho más, claro está, pero de ese día no existe forma de salir ileso. La carga emocional y psicológica de una tragedia de tal magnitud no puede ser ignorada.

Escribo estas líneas con un dolor insoportable en el cuello, los hombros y la espalda, y después de una noche en la que casi no pude dormir. Me doy cuenta que esos malestares han estado ahí desde el martes de la semana pasada junto con otros síntomas de alteraciones en la alimentación, cansancio, falta de concentración, y mucho estrés acumulado por la asimilación de la experiencia vivida. Pero no me quejo, no debo, justo por respeto a quienes han sufrido y perdido mucho más durante estos acontecimientos.

Como muchas otras personas en la ciudad, estoy seguro esos síntomas los disfracé con una dosis de adrenalina, pero sus efectos siempre nos alcanzan. A esto en el ambiente clínico le llamamos “estrés postraumático”. Tenemos que asimilar las pérdidas y lo que sucedió para no sentirnos mal por la repentina aparición de inseguridades y otros síntomas de ansiedad, depresión, irritabilidad y hasta pánico.

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Si eres de los que también han notado que en los últimos días te cuesta trabajo concentrarte o que los ruidos te molestan en exceso, y hasta llegas a sentir palpitaciones, opresión en el pecho, o no quieres comer, tienes dificultades para respirar y aunque te lo propones no dejas de pensar o hablar de lo mismo, quiero decirte que no eres el único, y no estás siendo ni exagerado ni inmaduro.

La forma en la que cada quien vive y convive con la experiencia de la ciudad es válida, individual y única, y al compartirla con los demás es la forma en la que iremos construyendo como sociedad la interpretación, significado y recuerdos que dejaremos registrados en nuestro colectivo. Todas las personas afrontamos de diferente forma los eventos estresantes, y ninguna de éstas es mejor que otra, ni más profesional, ni más deseable, competitiva ni productiva.

En momentos así es cuando los líderes en las organizaciones probamos de qué estamos hechos y mostramos nuestra verdadera naturaleza. Dentro del caos de la semana pasada pude observar a muchos tipos de líderes, tanto de forma directa como indirecta mediante los relatos de colegas de diferentes organizaciones.

En mi opinión, los más fuertes, sólidos y que proyectaron mayor entereza fueron los que no pretendieron ser inmunes a la situación sino que optaron por ser cercanos, abiertos y hasta se mostraron vulnerables, que dejaron por un momento atrás la presión por los números y los resultados porque reconocieron la necesidad de hacer una pausa para enfocarse en esa otra parte del liderazgo, la humana, la que trasciende y de la que la gente hablará por años. ¿Se han fijado cómo con el paso del tiempo nadie comenta acerca de todas las veces en las que una persona cumplió sus metas? Lo que siempre se comenta es la forma en la que ese líder reaccionaba, su calidad humana y la forma en la que trataba e inspiraba a los demás, especialmente en los momentos difíciles.

Lamentablemente, en momentos como estos también aparecen los otros tipos de líderes. Los que deberían reportarse en algún centro espacial. Sí, lo escribí bien, del espacio, porque no parecen ser humanos. Un amigo muy cercano me platicó que le tocó recibir un email de parte de una colega que sin duda había sido muy afortunada. Tanto, que a escasa una hora del sismo ya estaba de regreso en su computadora enviando sus nasty emails. Qué bueno que a ella no le pasó nada pero lo malo es que nunca pensó en los demás, y ciertamente menos en mi amigo, quien para entonces aún no sabía nada de su esposo, más allá de que el edificio en el que este se encontraba había sido afectado.

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Lo anterior solo lo entiende un verdadero líder. Lo que vivimos fue un momento inusual, y se requieren medidas especiales para hacerle frente. Si no conoces cosas tan simples como las técnicas para el manejo del estrés, tales como la respiración, el descanso, escuchar música y el poder de la conversación, es momento de que las aprendas.

Es también tiempo de facilitar el desahogo, el propio y el de los demás. Si de pronto ya no sientes necesidad de hablar del tema está bien, es válido, es tu momento, pero no por eso dejes de escuchar a los demás porque estos necesitan de tu oído sensible y de tu reconfortante hombro. Ahora es el momento de buscar y dar acompañamiento.

Considera que es completamente normal y esperado que veas a los miembros de tu familia y de tu equipo con síntomas de cansancio, porque las emociones negativas que se desprenden de este tipo de acontecimientos producen todo eso. Muchas de las personas con las que estarás conviviendo en los próximos días no han podido dormir y no han descansado bien. Se despiertan alterados, sienten temor y se sobresaltan a la primera provocación. Y luego tenemos encima que las réplicas y la alarma sísmica te hacen brincar de la cama cualquier sábado en la mañana.

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Si bien en estos momentos es difícil pensar en divertirse, necesitas al menos considerar distraerte y permitir que los demás hagan lo mismo, porque vamos a necesitar mucha fuerza para reconstruirnos, como ciudad y como personas. No volveremos al lugar en el que estábamos porque este ya no existe por lo que tenemos que crear uno nuevo. Reúnete y motiva a los otros para que pasen tiempo con sus seres queridos, prepara una buena comida aunque no te guste cocinar, haz ejercicio, descansa, y no esperes a caer en una profunda crisis o depresión para buscar algún tipo de ayuda psicoterapéutica. Reconoce tu enojo, ansiedad y frustración, para que los tengas presentes cuando los identifiques en otros.

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En los últimos días he escuchado que a algunas personas ya les preocupa “qué tanto va a durar este ambiente”, y “qué tal que de tanto apoyo a mi familia o mi equipo estos se van a quedar estancados”. Déjame te digo algo. Pensar en eso es una verdadera tontería. Nada se queda estático y es completamente improbable que algo así suceda. De todas formas aún es muy pronto para pretender que sea superado lo acontecido. Por ahora, la gente está afectada y es probable que la mayoría muestre menos interés, capacidades de atención reducidas, irritabilidad y hasta menores resultados y productividad, pero todo eso es pasajero y no tiene nada que ver con la capacidad, actitud y talento que ya antes te han demostrado.

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Es válido sentirse triste, la ciudad completa lo está. No te hagas el héroe ante los demás porque en estos momentos solo necesitamos a los que están en las calles trabajando en las zonas afectadas, incluidos los admirables perros rescatistas. Escuché a alguien “alentando” a su equipo diciendo algo como “Bueno, ya, después de todo esto no fue tan grave como en el 85”. Me enojé tanto. Para empezar, para quienes no vivimos de cerca la experiencia de hace 32 años esto ha sido lo más devastador que hemos visto. En mi reacción, quizá no la mejor, le pregunté cuántos decesos, desaparecidos y edificios caídos necesitaba para calificar el suceso como algo grave. No contestó.

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Volveremos a estar completamente de pie y con todos nuestros sentidos y emociones en orden. No existe forma de olvidar, y creo que nunca lo haremos; solo nos queda aprender a vivir con irremplazables ausencias y con un par de nuevas realidades.

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