A ras de piso: El 'lodo político' da color a la elección en Oaxaca

Los candidatos a gobernador salen a las calles a pedir el voto pero también para atacar a sus contrincantes, y en algunos casos exaliados políticos. Así se vive la contienda en esta entidad.
Más que discursos  Las campañas no son sólo promesas. Los mítines se llenan de gente, pero también de color.  (Foto: Ilse Domínguez)
Por: CARLOS HERNÁNDEZ
OAXACA (Expansión) -

En los más de 40 días de campaña en Oaxaca rumbo a la elección del 5 de junio, los candidatos a gobernador se han valido de todo para contrastarse de sus contendientes: desde acusarse de compra y coacción del voto a través de despensas o arroparse en figuras nacionales de los diversos partidos que los impulsan, hasta colgar videos denostativos en redes sociales.

Para el candidato de la coalición PRI-PVEM-Panal, Alejandro Murat Hinojosa, han sido más de cinco semanas de proselitismo en el estado, pero también de cuestionamientos: desde que no nació en Oaxaca, hasta el decomiso de una bodega y tráileres con más de 70,000 despensas, utilitarios e incluso refrigeradores y bicicletas.

Benjamín Robles Montoya, candidato del PT, ha enfocado sus baterías contra el actual gobernador Gabino Cué Monteagudo, su otrora amigo, y al PRD. Está por verse qué tal resulta esta estrategia de constantes ataques a la administración y al partido de los cuales formó parte, pero se separó tras no conseguir la candidatura en esta campaña.

A su vez, José Antonio Estefan Garfias, candidato del PAN-PRD, además de pedir el voto de la ciudadanía debe conciliar en el interior la alianza que lo postula, en medio de desacuerdos entre panistas, perredistas y hasta priistas que se han sumado a su postulación.

En tanto que a Salomón Jara Cruz, candidato de Morena y también exfuncionario del gobierno de Cué, no le ha funcionado “colgarse” de la figura de su líder partidista Andrés Manuel López Obrador, dos veces candidato presidencial de la izquierda, pues a sus mítines de campaña asiste en promedio menos de un centenar de personas.

En lo que resta de las campaña a la gubernatura del estado, los más de 2.7 millones de electores estarán sujetos al bombardeo de mensajes de texto, publicidad en mobiliario urbano y demás llamados en redes sociales, muchos de los cuales forman parte de la otra campaña: la llamada guerra sucia electoral, de "lodo político".

Otro priista amigo de la cámara

A la menor provocación fotográfica, Alejandro Murat Hinojosa dobla la pierna derecha, extiende el brazo derecho, levanta el pulgar y sonríe.

¡Selfie!

El candidato va a la multitud a saludar, a recibir apoyo, a nutrirse de consejos de aquellos hombres sabios de Ejutla de Crespo.

Hablando de nutrición, el hambre aprieta para quien salió de su comunidad desde las 7 de la mañana. Hombres y mujeres se distraen con charlas cotidinas, ajenas a los desgastados discursos de los políticos.

Los organizadores todavía no reparten las bolsas de plástico con una torta de jamón, naranja y un agua embotellada. Pero siempre queda la opción de la "foto pa'l face" con el candidato.

Los eventos masivos, caminatas multitudinarias, los varios cambios de camisa en sus giras, dan cuenta de la intensidad con la que este maestro en Derecho y Relaciones Internacionales vive su primer desafío electoral.

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También los contrincantes del priista han contribuido a hacer más pesada esta carrera electoral para el priista, hijo del exgobernador del estado José Murat Casab (sexenio de 1998 a 2004). Le han dicho y hecho de todo sus contrincantes para minar la campaña priista: que si no es oaxaqueño de nacimiento, que si reparte dádivas para condicionar el voto.

El abanderado de la coalición PRI-PVEM-Panal sufrió un golpe mediático luego de que la alianza PRD-PAN denunció haber encontrado tráileres y una bodega con unos 70,000 mandiles, gorras, playeras, propaganda y utilitarios con su imagen.

En su defensa, priista ha contado con el respaldo del jefe nacional del tricolor, Manlio Fabio Beltrones, quien ha acudido en un par de ocasiones a manifestarle su apoyo, igual que con la asesoría de algunos otros priistas.

El pasado fin de semana, el dirigente nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones, acudió a Oaxaca a respaldar a su candidato, rodeado de los sectores del tricolor en la entidad, donde minimizó las acusaciones de sus adversarios por el hallazgo de bodegas y camiones con miles de despensas, al atribuirlo a la “guerra sucia” contra Murat Hinojosa.

Sin la presencia cercana de su padre, pero sí de sus “operadores electorales”, Murat Hinojosa libra en tierra un verdadero maratón contra reloj para visitar y ganar el voto de los habitantes de comunidades distantes y de difícil acceso. En tanto que en redes sociales sortea acusaciones en torno a las propiedades de su familia.

El rompimiento con los amigos

El que le hayan negado la candidatura a gobernador en el PRD, marcó para Benjamín Robles Montoya, abanderado del Partido del Trabajo (PT), el rompimiento con su anterior instituto político y con el gobernador Cué, a cuyo equipo perteneció desde que coordinó su campaña, en 2010.

Seis años después, el discurso cambió; ahora, en su visión, el que era su amigo no es la mejor opción para esta entidad, marcada por la pobreza y el rezago.

“Tenemos un criminal más: Gabino Cué, sí, el gobernador. Oaxaca ya no aguanta más”, enfatizó Robles Montoya durante su mensaje en el primer debate televisivo transmitido a la ciudadanía el pasado 29 de abril.

Quien en 2010 organizó mítines, acarreó gente, operó la elección de Cué, en cada evento, en cada comunidad, distrito o municipio, no deja de acusar a sus excompañeros funcionarios estatales de corruptos, y tampoco se cansa de repetir la frase “Ya basta de los mismos de siempre”. El ahora petista, acusa al gobierno de Cué de saquear más de 10,000 millones de pesos del erario oaxaqueño.

Robles Montoya tampoco olvida poner bajo la mira a José Antonio Estefan Garfias, quien le arrebató la candidatura de la alianza PRD-PAN. Afirma que Jorge Castillo Díaz, excolaborador de Cué y a quien señala de enriquecimiento ilícito, es el principal operador financiero de Pepe Toño.

Confiado en su experiencia electoral desde hace más de 12 años en Oaxaca, y de haber manejado la campaña ganadora de Cué, lo mismo que al entonces presidenciable de la izquierda Andrés López Obrador, Robles Montoya recorre con precisión regiones y distritos estratégicos para sumar votos.

De la mano de su “estratega y consultor” Jesús Romero López, el aspirante en ocasiones a recurrido a rentar una avioneta para llegar a los mítines de campaña, y jalar a los que todavía quedan en el PRD, apoyando a Estefan Garfias. Una y otra vez los llama a sumarse a una nueva campaña, esta vez bautizada como la “revolución de la gente”.

Entre la izquierda, la derecha y Gabino Cué

La campaña de José Antonio Estefan Garfias se convirtió en una rutina de discursos, sonrisas, saludos, bromas y manos alzadas en señal de triunfo. Pero, en el plano político, se trata de conciliar intereses entre las tribus del PRD, en ocasiones antagónicas, la falta de liderazgo de los panistas y la relación con la administración del gobernador, su amigo Gabino Cué.

El político istmeño, abanderado por la coalición Con Rumbo y Estabilidad por Oaxaca (CREO) —integrada por el PRD y el PAN—, tiene prisa por recorrer la mayor parte del estado; 570 municipios, algunos con dificultades geográficas, en menos de dos meses, implican una agenda apretada que requiere de viajes en camioneta y hasta en helicópteros. El PRI dice que la aeronave es del gobierno del estado; la autoridad lo rechaza.

No es la única acusación contra el perredista. A lo largo de la campaña, el exfuncionario desde el gobierno de Diódoro Carrasco Altamirano (1992-1998) ha sorteado señalamientos de corrupción y dinero guardado en bancos extranjeros.

El abanderado de CREO tampoco se ha salvado de la guerra sucia en las redes sociales. Algunos videos que circulan en Facebook y Twitter dan cuenta de supuestos lazos entre operadores políticos y financieros vinculados a Cué y el exgobernador Ulises Ruiz con la campaña del perredista.

De quienes ha tenido apoyo abierto, ha sido de la plana mayor del PRD: desde el dirigente nacional, Agustín Basave, pasando por el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, hasta los jefes de la poderosa tribu de Los Chuchos, Jesús Ortega y Jesús Zambrano, todos han venido a Oaxaca a arroparlo en mítines de campaña.

A veces ante miles, otras ante cientos y, en el peor de los casos, ante decenas de seguidores —dependiendo del municipio al que acuda— Pepe Toño es presentado como oaxaqueño, uno de sus argumentos para obtener la simpatía de los votantes, ante las críticas de que el priista Alejandro Murat Hinojosa no nació en la entidad.

Vestido con camisa blanca, misma que lleva bordado su nombre, pantalón de mezclilla y botas color café, Estefan Garfias llega a las reuniones siempre mirando el reloj. En su camino hacia el templete, saluda invariablemente de mano a una mujer, un niño y un adulto mayor.

El perredista, aunque de origen priista, dirige sus discursos a las mujeres que cargan en brazos a sus hijos, mientras las asistentes dan mordidas a su torta obsequiada por los organizadores y aplacan el calor —a veces de 40 grados Celsius— con sorbos de agua simple. Habla frente a hombres que portan playeras blancas con el logotipo de la coalición CREO.

Allá, a esos municipios con altos grados de marginación, el candidato lleva su lema de campaña: “para evitar el regreso del autoritarismo”. Ahí, platica, imagina cómo será Oaxaca cuando llegue a la gubernatura... Pero antes, debe ganar en las urnas el domingo 5 de junio.

¿Y el efecto AMLO?

A Salomón Jara Cruz, candidato de Morena no le ha resultado la estrategia de “colgarse” de la figura del dos veces candidato presidencial de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, pues en sus mítines no se desborda la gente.

El exfuncionario del gobierno de Cué no ha podido revertir la imagen que dejó su paso por la Secretaría de Desarrollo Agropecuario, donde la Secretaría de la Contraloría mantiene abierta una investigación por malversación de unos 6 millones de pesos.

En ocasiones ante poco más de una docena de personas, otras ante un centenar, el oriundo de San Melchor Betaza se sincera con la gente, y de entrada les suelta que no les comprará ni su voto, ni tampoco su conciencia.

Siempre de camisa de lino con grecas o bordados de diminutas flores de la región del Istmo de Tehuantepec, Jara Cruz les ofrece en cambio que, en caso de llegar a gobernar, regresará con servicios de salud, educación y tendrán el camino de acceso pavimentado.

Los presentes aceptan porque no tienen otro camino, pero esperan el día en que llegue cualquiera de los partidos “grandes”, como les llaman, porque ellos sí llevan arroz, azúcar, frijol y dulces para los niños.

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A Jara Cruz la gente lo conoce por caminar junto a López Obrador desde 2006; sin embargo tendrá que hacer algo para brillar con luz propia, y que esa confianza ciudadana se vea reflejada en las urnas el 5 de junio.

Para el resto de los candidatos a gobernador: Manuel Pérez Morales (PSD), Joaquín Ruiz Salazar (PRS) y Francisco Jiménez (PUP), las cosas no han sido fáciles, al tener menos presupuesto que los otros candidatos, principalmente al ser partidos con registro estatal y carecer de estructura electoral.

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