Tiene 17 años y con tecnología para cáncer apunta a mercado de 100,000 mdd

El mexicano Julián Ríos inventó un brasier que es capaz de recolectar información a través de sensores y con inteligencia artificial arrojar un diagnóstico más preciso y no riesgoso.
Joven emprendedor  Julián Ríos de 17 años desarrolló una solución tecnológica que permite diagnosticar el cáncer de mama a través de sensores e inteligencia artificial.  (Foto: Tomada de Higia Tech)
Jair López /
CIUDAD DE MÉXICO (Expansión) -

“A mí madre le amputaron los dos senos y estuvo a punto de perder la vida por un mal diagnóstico”, asegura Julián Ríos, un joven de 17 años que, a partir de lo que vivió su madre, decidió estudiar todo lo que encontró sobre el cáncer de mama. Así desarrolló una solución, que a través de sensores e inteligencia artificial (IA), apunta a un mercado de más de 100,000 millones de dólares.

Hace un año, Ríos, junto con cuatro compañeros más, se dio a la tarea de desarrollar una solución que pudiera ser más certera que la autoexploración y menos peligrosa que las mamografías, que de acuerdo con la National Breast Cancer Foundation y a un estudio publicado en el British Medical Journal, la radiación, así como la comprensión que causa este tipo de técnicas pueden provocar la propagación de células cancerígenas a otras partes del cuerpo, causando una metástasis.

Ríos, a través de su compañía Higia Technologies, desarrolló Eva, un brasier que integra al menos 200 pequeños biosensores capaces de mapear la superficie de la mama y determinar, por ejemplo, la conductividad térmica por zonas. Entre mayor calor en cierta área, significa que hay un mayor flujo de sangre, lo que representa que hay algo que se está alimentado de esos vasos sanguíneos, lo que normalmente corresponde a un cáncer.

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Pero la clave no son los sensores, sino los algoritmos que desarrollaron y que tienen la capacidad de comparar con una base de 1,000 pacientes afectados por el cáncer, que a su vez agrupan 20 imágenes termográficas cada uno y así determinar a qué tipo y a qué fase corresponde el cáncer.

“El algoritmo lo que hace es que de los datos térmicos que recopilan los sensores, mide las curvas de conductividad térmica. Quistes y malformaciones tienen diferentes curvas. El algoritmo ve la curva y dice, ésta se asemeja muchísimo a la de un quiste a partir de las imágenes de la base de datos que ya tenemos . Mediante los cientos de árboles de decisión, determina cuál tipo de cáncer es y en qué fase es más probable que se encuentre”, dice a Expansión el joven emprendedor.

Su primer prototipo y los algoritmos desarrollados ya fueron puestos a prueba arrojando una certeza de hasta 93% de acuerdo con la base de datos disponible.

En un año, al desarrollo de Higia ya se han sumado al menos otras 11 personas, entre ellas Raymundo González, colaborador en proyectos de investigación en el Laboratorio de Inteligencia Artificial de la Universidad de Stanford y pasante investigador en Audible, compañía de Amazon, así como dos estudiantes de maestría en el Tecnológico de Monterrey que basan su tesis en los algoritmos de la compañía de Ríos. La startup tiene en su equipo de tres oncólogos.

De acuerdo con Ríos, la persona necesitaría utilizar entre 60 y 90 minutos el brasier a la semana para poder llevar a cabo el análisis a partir de Eva. Hacia futuro, la información podría ser compartida en tiempo real a un oncólogo para que éste compruebe los resultados del dispositivo.

MERCADO POTENCIAL

Un estudio del Institute for Healthcare Informatics (IMS) mostró que en 2015, el mercado global de tratamientos de cáncer creció a 107,000 millones de dólares y la proyección para 2020 es que su valor llegue a los 150,000 millones de dólares.

Higia tiene un modelo de negocios escalable. La primera fuente de ingresos, asegura Ríos, es la comercialización del brasier, que espera pueda tener un precio no muy alto de alrededor de 2,500 pesos.

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Sin embargo su mayor driver de ventas será la información, ya que el big data que generaría Eva es de alto valor para aseguradoras, hospitales, gobiernos y clínicas en general.

“Enfocarnos en el big data y no el hardware nos permite hacer nuestro negocio un círculo virtuoso. Teniendo una venta de Eva barata nos posibilitará incrementar nuestra base de usuarios con lo que podremos aumentar nuestra base de datos y por ende su valor”, explica Ríos.

Pese a que el costo de la producción de los brasieres es de apenas 1,000 pesos por pieza, de acuerdo con Ríos, la firma necesita cerca de dos millones de dólares para invertirlos en trámites burocráticos ante la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) y la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) para realizar pruebas preclínicas, clínicas y después lanzar el producto al mercado.

“Estamos acercándonos a fondos de inversión y a gobierno para participar en las convocatorias del Instituto Mexicano del Emprendedor (Inadem)”, dijo Ríos.

“Eva es un dispositivo que no merece simplemente estar en las manos de las personas de poder adquisitivo alto, sino en las manos de todas las mujeres”, explica el estudiante del último semestre de preparatoria.

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