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AMLO, un líder atípico

El mandatario, que no cae en provocaciones y prefiere resolver los conflictos antes de engancharse en ellos, está acostumbrado a imponer su propia forma de trabajo.
AMLO.
El presidente de México tiene muy claro que no debe hacerle pensar a la gente que le está viendo la cara o perdería toda su credibilidad, por eso si se equivoca se retracta.

CIUDAD DE MÉXICO (Expansión) - Andrés Manuel López Obrador no cae en provocaciones. El liderazgo del presidente de México se caracteriza por no generar crisis ni confrontaciones ante cualquier situación desagradable y dejar que sus opositores hablen en su contra mientras él sigue actuando con normalidad, asegura Ramón Morales, experto en discurso político y académico de la Universidad Panamericana.

“Es una persona elusiva, no se engancha y evita los duelos de voluntades, sobre todo si es con gente competitiva como Donald Trump, que solo quiere figurar y ganar a toda costa. Por eso, generalmente, trata a los demás con tacto y diplomacia”, describe Morales.

Según el experto, el mandatario sabe que entre menos asociaciones negativas tengan los ciudadanos y la prensa con él, más popularidad tendrá, por lo que si alguien lo agrede, inmediatamente calma la situación y emite mensajes que tranquilizan. Tal y como sucedió con Enrique Alfaro, gobernador de Jalisco, quien criticó diversas acciones de López Obrador y que el pasado 14 de febrero pareció haber limado asperezas. En un mensaje que el gobernador de Jalisco publicó en su cuenta de Twitter, agradeció el tiempo que el presidente le brindó para hablar y lograr acuerdos.

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“Es una persona astuta. Una de las cosas que tiene muy claras es que no tiene que hacerle pensar a la gente que le está viendo la cara o perdería toda su credibilidad. Por eso, si se equivoca se retracta, y si la conversación no está siendo positiva, entonces la cambia”, agrega Ramón Morales.

Esto lo convierte en un individuo persistente que, a pesar de no buscar confrontaciones, da la imagen de cumplir lo que promete. Randolfo González, especialista en comunicación política y académico de la Universidad Iberoamericana, explica que estas características son las que lo dejan ver como un personaje confiable para la sociedad, pues siempre ha mantenido el discurso de generar un cambio radical en el país y transformar la sociedad, pero con ayuda de los mismos ciudadanos.

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En este tipo de liderazgo, Morales asegura que López Obrador comparte características con Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, pues ambos -desde su trinchera- conectan con la gente, generan ambientes más abiertos y transparentes para crear un grupo basado en la confianza, donde se buscan las opiniones de todos y la principal preocupación es el bienestar de los demás.

“Esto lo podemos ver con el tema de las consultas. El presidente siempre le está pidiendo a sus seguidores que se manifiesten, que se mantengan en pie de lucha y estén activos. Incluso, sus discursos son muy personales, no habla por ejemplo del robo de gasolina al país, sino del robo de gasolina a los individuos, lo que hace que los mensajes lleguen directamente al ciudadano”, refiere el académico de la Ibero.

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El problema es que esto resulte avasallador, ya que según Agustín Llamas, director del Centro de Investigación en Empresas y Sociedad del IPADE, el mandatario ha dirigido su gobierno alrededor de sus propias decisiones, lo que convierte su liderazgo en autoritario: si bien intenta dar a entender que las acciones que realiza están basadas en las decisiones de la sociedad, la realidad es que ha impuesto sus propias reglas del juego.

“Solo hay que tener cuidado que sus decisiones no se vuelvan un capricho, porque entonces las consecuencias pueden ser graves”, detalla el también escritor y politólogo.

Pese a esto, los expertos coinciden en que es muy difícil que el que fue jefe de gobierno de la Ciudad de México (entre 2000 y 2006) cambie radicalmente un estilo de liderazgo que le ha funcionado. Sin embargo, sí ha demostrado que es adaptable y que deberá ir evolucionando conforme las actividades gubernamentales lo demanden. “Por ahora basta con que genere esperanza y satisfaga esa necesidad de cambio en los ciudadanos”, concluye el académico de la Universidad Panamericana.

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