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Cómo debe ser el líder para asegurar el éxito de una fusión

Antes de preocuparse por las finanzas de la nueva empresa, el directivo tiene que prestar especial atención a los colaboradores, pues son ellos quienes lograrán que la transacción no fracase.
Líder de una fusión.
El líder jamás deberá velar por sus propios intereses ni por el de sus amigos, esto solo provocará la pérdida de talento, asegura Adán Sierra, director ejecutivo de Seale & Associates.

El rumor se hizo oficial en febrero de 2017. Las agencias de relaciones públicas Burson-Marsteller y Cohn & Wolfe se fusionaban. La orden venía desde la dirección global y tenía que acatarse. No cayó de sorpresa en México, pero sí generó incertidumbre entre los colaboradores de ambas compañías, debido a los ajustes de personal y a la pérdida de privilegios económicos que suele generar una reestructura de ese tamaño.

Pese a esto, la fusión que se concretó en septiembre de 2018, fue un éxito. Alberto Díaz, entonces director general de Burson-Marsteller en Chile, asumió el liderazgo de la transacción, terminó con las dudas y apostó por la comunicación transparente.

“A la gente se le dijo de qué se trataba el movimiento y se le aclaró que el trabajo seguiría siendo el mismo, pero que los equipos iban a crecer. También se les aseguró que no habría recorte de personal”, explica el ahora CEO de Burson Cohn & Wolfe, nombre que adquirió la empresa después de la fusión.

Lee más: Así se vivió la fusión al interior de la agencia Burson Cohn & Wolfe

En un momento de crisis, cuando nadie sabe cuál será la nueva dirección, el papel del líder es crucial. Una persona que no habla, no escucha y no se involucra simplemente no persuade y, en un proceso de fusión, esto es imperdonable.

Alberto Mondelli, líder de Servicios y Soluciones Globales de la consultora Willis Towers Watson, explica que la persona que lleva las riendas tiene que transmitir seguridad e inspirar al equipo. Es importante que genere estabilidad y sea empático con el talento, ya que acostumbrarse a una nueva cultura de trabajo puede provocar un bache laboral.

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Y no basta con prometer. El buen líder prefiere mostrar los resultados en el camino. “La persona que lleva las riendas tiene que ser alguien con una visión hacia el futuro y que se atreva a reconocer cuáles son las áreas de oportunidad en la organización. Lo más importante es que esté rodeado de un equipo multidisciplinario que apoye su estrategia orientada al logro de objetivos”, indica Polo Garza, Chairman para México del holding de publicidad WPP.

Lee más: ¿Por qué fracasa una fusión?

La importancia del talento

En estos procesos, los trabajadores son un elemento clave. Colin Lange, director ejecutivo de Cultura y Engagement de la firma de diseño y branding Landor América, dice que ignorar a los individuos que se van a encargar de transformar las ideas en acciones es el peor error que puede cometer un líder.

Las cifras lo sustentan: 43% de las fusiones de compañías fracasa debido al mal comportamiento de un líder, según datos de la firma Mercer. Esto incluye la defensa de sus allegados, la falta de atención al resto de la organización y una visión de negocio excesivamente analítica que frene la toma de decisiones. Por eso, antes que priorizar las metas financieras, es conveniente atender las necesidades del talento.

Además, el líder jamás debería velar por sus propios intereses. Adán Sierra, director ejecutivo del despacho Seale & Associates México, considera que una persona que defiende las posiciones de sus amigos al interior de la nueva compañía, lo único que provoca es la pérdida de talento. “La batalla se tiene que ganar en equipo, cuando las divisiones se aparecen el fracaso está asegurado”, advierte.

Lee más: El talento, el mejor activo que debes cuidar

Según los expertos, estos son los cuatro tipos de directores que predominan en las fusiones:

1. Inspiradores. Motivan y hacen valer su autoridad. Tienen la capacidad de mostrar un camino claro en la transición, con la finalidad de que los equipos no decaigan. Regularmente, logran sus objetivos.
2. Expertos en manejo de crisis. Frente a eventualidades, reaccionan y toman decisiones acertadas. Encaran situaciones extraordinarias e, inmediatamente, regresan a los pendientes.
3. Agentes de cambio. Promueven una nueva forma de trabajo. Reconocen que hacer las cosas de manera distinta generará resistencia, por lo que se encargan de comunicar la nueva ejecución y de proveer la energía.
4. Retadores. Son fuente eterna de motivación. Inspiran a los demás y desafían la antigua forma de trabajo. Saben cuándo y cómo estimular a las personas para que abandonen su zona de confort.

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