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Los tímidos triunfan con el trabajo a distancia, pero no por mucho tiempo

La pérdida de capital social y la falta de innovación son las principales amenazas del trabajo en línea 100%. Además, los empleados puramente remotos están más cerca del despido en caso de recesión.
jue 02 marzo 2023 06:00 AM
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Una encuesta reveló que 6 de cada 10 gerentes despedirían primero a los trabajadores remotos en caso de una recesión.

¿De qué se pierde la gente que no va a la oficina? Benjamín, un ilustrador que trabaja para una empresa de Arizona desde la CDMX, agradece perder la mala experiencia de gastar cientos de horas al año en el transporte público. Pero para Ajay Banga, exCEO de Mastercard, hay una gran pérdida de capital social “cuando se reduce a todos a pequeños cuadrados en una pantalla”.

Trabajar en casa, ponerse de acuerdo en Slack y no tener que soportar las inconveniencias de ir a oficinas supuso, para muchos, un salto en la productividad y, para las empresas, un ahorro en costos: oficinas más pequeñas, menos gastos en servicios, etc.

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A pesar de esto, el 73% de los empleados mexicanos que todavía no regresan a la oficina a estas alturas del mundo post-pandemia afirman que quieren volver al menos un día a la semana, y el 38% dice que volverían de tiempo completo, según un estudio de Gensler. ¿Por qué?

Puede ser que la gente esté subestimando el poder de las pláticas espontáneas e incluso obligadas en los pasillos estrechos de las oficinas, señala Isabel Martínez-Carrera, Head of People de We Work en México.

Para ella, la importancia de los ‘espacios intencionales’ que pueden ser las oficinas de trabajo radica en su potencial de conectar a las personas de las formas más insospechadas. En su experiencia, le ha tocado ver a los usuarios de WeWork formar sociedades, fundar empresas y escalar sus ideas a realidades gracias al simple hecho de verse cara a cara, mientras toman un café.

Del triunfo de la timidez a la necesidad de hacerse presentes

Lo ideal es tomar lo mejor de ambos mundos, indica Sergio Porragas, director de operaciones de OCC Mundial. El ejecutivo cuenta cómo el trabajo a distancia cuenta con una historia larga de evolución que solo se aceleró con la irrupción de la pandemia, con una ventaja para los tímidos y una carga de ansiedad para los necesitados del contacto humano.

Benjamín habita en Tlatelolco y desde hace cinco años trabaja como ilustrador para una agencia en Estados Unidos. Ha colaborado con profesionales de Filipinas, Monterrey, Estados Unidos y nunca se había sentido tan cómodo como ahora. Para mí todo el trabajo es 100% ventajas, declara satisfecho.

Pero asegura que, en estos cinco años, sí se ha dado cuenta de que no funciona para todos, ha visto pasar a personas que casi suplican por interactuar todo el tiempo con sus compañeros, impotentes de la omnipresencia de las pantallas. Algunos han llegado a renunciar.

OCC Mundial, sin embargo, notó en sus investigaciones cómo hubo grandes ganadores del trabajo a distancia. Quienes solían mostrarse tímidos en las juntas presenciales, dieron el salto y levantaron la manita de Zoom o Meet para participar cada vez más en la generación de ideas y soluciones.

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El sesgo de proximidad

Y, aun así, la necesidad de hacerse presentes de manera real es urgente. El 65% de los gerentes encuestados por Beautiful AI han indicado que, si tuvieran que hacer un recorte de personal ante una recesión, despedirían primero a los trabajadores remotos. Esta predisposición, señala el estudio, se puede explicar por el sesgo de proximidad, que se describe como la preferencia natural y la familiaridad con las personas que se ven con más frecuencia en el entorno diario.

Por eso, según el estudio de Gensler, el 43% de los empleados que quieren volver a la oficina lo haría para acceder a puestos de liderazgo, el 28% afirma que su razón principal es para ser visible y tener acceso a nuevas oportunidades.

Un presupuesto para fiestas e interacción

Los hallazgos de OCC también evidencian que el 50% de los trabajadores a distancia estaban dispuestos a renunciar el año pasado. Lo cual puede ser un indicador de cómo el trabajo a distancia puede socavar el sentido de pertenencia a una organización.

Por ello, diversas empresas están creando partidas especiales, en sus presupuestos anuales, para actividades de convivencia, capacitación presencial y hasta fiestas para los colaboradores. “La cultura la hacemos todos”, señala Isabel de WeWork y llama tanto a empresas como a empleados a hacerse responsables de hacer crecer la chispa de la interacción humana.

¿Qué pasará con los más jóvenes?

Hay personas que estaban terminando sus estudios cuando llegó la pandemia. Desde entonces, dieron el salto al trabajo remoto o home office, sin mucha oportunidad de expandir sus redes profesionales.

Algunos no han conocido a compañeros que renunciaron y se despidieron por WhatsApp y no podrían reconocerlos si se los encontraran en la calle. Un contacto perdido, menor capital social, sin duda.

Los jóvenes pueden sentirse menos vinculados a las empresas cuando no tienen oportunidad de expandir sus redes sociales ni de interacción y aprendizaje con las personas de su entorno laboral. Al sentirse menos vinculados, se identificarán menos con la organización, aumentará la rotación laboral y, a menudo, aumentará el estrés, afirma Pilar Mestre, especialista de EAE Business School.

En este contexto, es importante que los empleadores y los líderes de equipo tomen medidas para ayudar a los jóvenes a desarrollar habilidades sociales y de colaboración. Y, para los empleados, señala Isabel Martínez-Carrera es importante aprovechar al máximo los momentos y los espacios intencionales: la cafetería, la hora de la comida, el encuentro en un pasillo y cualquier otra oportunidad para crear vínculos.

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