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La falta de disciplina de Trump afecta agenda legislativa

Los comentarios y escándalos en los que el presidente de EU se ha visto envuelto en los últimos días podrían dificultar la aprobación de su reforma fiscal.
Circo de varias pistas
Circo de varias pistas El mandatario se encuentra inmerso en múltiples focos de tensión. (Foto: JONATHAN ERNST/REUTERS)

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no puede o no quiere mantenerse enfocado en el objetivo.

Trump siempre ha utilizado el caos como una herramienta para desorientar a sus rivales, pero ahora corre el riesgo de perjudicarse a sí mismo con su comportamiento desestabilizador, a medida que se avecina un momento crítico para su presidencia con un proyecto de reforma fiscal generacional en la plataforma de lanzamiento del Senado.

Una Casa Blanca tradicional garantizaría que todos los comentarios, tuits, eventos y mensajes públicos en este momento estén orientados hacia la causa de aprobar una medida que probablemente sea crucial para el destino electoral del Partido Republicano el próximo año.

Sin embargo, Trump, como siempre, se ve arrastrado a espectáculos secundarios lejos del evento principal.

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Durante unos días frenéticos durante el fin de semana de Acción de Gracias hasta el lunes, Trump revivió el despectivo apodo “Pocahontas” que le dio a la senadora demócrata Elizabeth Warren en una reunión de la Oficina Oval con héroes de guerra nativos americanos. Realizó un nuevo ataque a la libertad de prensa. Dos altos funcionarios afirmaron ser el jefe de una agencia gubernamental clave. Y The New York Times informó que el presidente estaba cuestionando en privado la autenticidad de una cinta de Access Hollywood de 2005 en la que se jactaba de agredir sexualmente a mujeres, y por la cual se disculpó durante su campaña en 2016. (La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Sarah Sanders, dijo el lunes que Trump sigue firme en su disculpa original acerca de sus comentarios grabados).

Pero Trump hará una nueva apuesta para concentrar el poder político de la Casa Blanca durante su visita al Capitolio para almorzar el martes, y tratará de inyectar fuerzas a los senadores republicanos en medio de preocupaciones sobre el contenido y el impacto del proyecto de ley.

“Será un recorte de impuestos tremendo, el más grande en la historia de nuestro país”, dijo Trump en la Casa Blanca el lunes en una avance de su mensaje a los senadores. “Creo que tendremos una gran receptividad”.

Su optimismo podría ser un poco prematuro, ya que varios senadores republicanos aún no han firmado el proyecto de ley, que el liderazgo del Senado espera aprobar improvisadamente esta semana.

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Enfrentando a los críticos

La aparición del presidente ante un comité en el que tiene muchos críticos vehementes será una prueba de si su capital político —y enfoque— puede sobrevivir a otro conjunto extraordinario de controversias que golpeen su gobierno.

De alguna manera, ese asombroso comportamiento de sabotaje a las convenciones se ha convertido en una rutina en los 10 meses de mandato de Trump.

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Es el tipo de teatro que los partidarios de Trump fuera de Washington dicen que es irrelevante en su afecto por el presidente. A menudo critican a los medios por tomarse tan en serio el circo diario.

Sin embargo, el hecho de que lo inédito se haya convertido en la norma en 2017 no significa que la cascada de eventos impactantes sean menos importantes, o que no tengan un impacto perjudicial a largo plazo sobre la presidencia de Trump.

De manera más inmediata, el nuevo tumulto que azota a Trump no facilita la aprobación de su reforma tributaria, la última oportunidad del presidente de registrar una importante victoria política en un primer año de otro modo estéril en el ámbito legislativo . Los senadores a quienes se les pedirá que emitan un difícil voto están a punto de ser asediados por preguntas sobre el comportamiento del presidente. Las múltiples distracciones que rodean al presidente también plantean la cuestión de su capacidad para vender el plan al público.

“Me parece que crea una gran distracción para estos miembros del Congreso, y creo que rápidamente querrán pasar a algo con más sustancia”, dijo el estratega republicano Kevin Madden en The Lead with Jake Tapper de CNN cuando se le preguntó sobre los comentarios de Trump sobre Warren.

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“Están hartos y cansados de tener que lidiar con este tipo de distracciones”.

La controversia que se arremolina en torno a la Casa Blanca también se desenvuelve en temas consistentes y profundos que surgen repetidamente en esta presidencia y podrían dificultar a Trump promulgar su agenda y tener un gobierno exitoso.

Su comentario de "Pocahontas" (su apodo para la senadora Elizabeth Warren) en un evento que rinde homenaje a los codificadores en idioma navajo no fue solo de mal gusto, también renovó el debate sobre los pensamientos internos del presidente sobre la raza y su aparente inconsciencia con los estándares de decoro y propiedad que se espera de un jefe de Estado cuando se encuentra en la Oficina Oval.

nullSorprendentemente, el evento tuvo lugar en la Oficina Oval bajo un retrato del expresidente del siglo XIX Andrew Jackson, quien permitió a los granjeros blancos expulsar a los indígenas de las tierras tribales.

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“Uno de los grandes problemas es que el presidente piensa en una forma de flujo de conciencia y/o simplemente en su monólogo interno”, dijo Madden. “El 99% de los estadounidenses nunca diría algo así, y él de hecho lo deja escapar en un evento como este”.

Caos en agencia

Mientras tanto, la lucha por el poder sobre quién debería dirigir la Agencia de Protección Financiera del Consumidor (CFPB, por sus siglas en inglés), si el jefe de presupuesto Mick Mulvaney o la sucesora designada del director saliente y designado por Obama, Leandra English, abre una ventana a la naturaleza del Trumpismo mismo.

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La advertencia de Mulvaney de que la agencia, encargada de proteger a los consumidores de los abusos de la industria bancaria y las compañías de tarjetas de crédito, tenía poderes “atemorizantes” e irresponsables, sugirió un retroceso de la autoridad reguladora en línea con un proyecto que el exgurú político de Trump Steve Bannon llamó “deconstrucción del estado administrativo”.

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Mulvaney se presentó en el CFPB el lunes con donas, en un esfuerzo por ganarse al personal. Dejó en claro que no iría a ninguna parte, al menos a menos que un juez que estaba ahora supervisando el caso le ordenara irse.

“Como mi nombre está en la puerta, quiero estar aquí”, dijo Mulvaney.

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La lucha por el futuro de la CFPB por lo menos es un ejemplo de los tipos de duelos ideológicos que se desarrollan cuando un gobierno entrega funciones a otro de un partido distinto. Los ataques de Trump a la prensa son otro asunto.

El fin de semana, el presidente lanzó un ataque no provocado contra CNN International en Twitter, criticando el trabajo de reporteros y equipos de camarógrafos que arriesgan sus vidas en todo el mundo como “falso”.

Tuiteó el lunes que él otorgaría un “trofeo de noticias falsas” a la organización que produce la cobertura “más deshonesta, corrupta y/o distorsionada” de “su presidente favorito (yo)”.

Trump ha indicado reiteradamente que tiene poco respeto por la libertad de prensa durante su presidencia, lo que provocó que los críticos advirtieran que tiene poco respeto por la Constitución que consagra esas libertades.

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“Este tipo de lenguaje contribuye a un mayor riesgo contra (los periodistas)”, dijo a CNN Frank Smyth, de Global Journalist Security, que entrena periodistas para zonas de guerra hostiles. “Da luz verde a los regímenes déspotas de todo el mundo, así como a sus partidarios, para tomar medidas contra estos periodistas”.

El New York Times informó que Trump cuestionó la autenticidad de la cinta de Access Hollywood, lo que podría indicar que también se está entregando a otra táctica favorita, arrojar teorías conspirativas para desacreditar la verdad establecida.

La portavoz de la Casa Blanca Sarah Sanders insistió en que el presidente “no ha cambiado su posición” acerca de la cinta.

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