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¿Qué tipo de muro fronterizo quiere Trump?

La concepción de la barrera que el presidente de EU quiere construir entre su país y México al parecer se ha suavizado desde que la mencionó en campaña.

Grande. Hermoso. Impenetrable.

Durante casi dos años, el ciudadano, candidato y presidente Donald Trump ha hecho campaña para conseguir los medios para construir un muro en la frontera sur de Estados Unidos. Mejor aún, dijo a los partidarios durante su campaña, sería hecho por estadounidenses y pagado por mexicanos: “Créanme”.

Ahora, mientras los republicanos y demócratas en el Capitolio se dedican al áspero negocio de debatir un acuerdo para codificar las protecciones para los Dreamers, la Casa Blanca insiste en que no puede haber acuerdo, ya sea sobre el Dream Act completo o sobre la reactivación de la Política de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés) del expresidente Barack Obama, sin una garantía de nuevos fondos federales para “el muro”.

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Esa es la línea oficial: una que Trump recitó nuevamente el miércoles por la tarde durante una breve sesión de preguntas y respuestas con periodistas. Sin embargo, la realidad, como hemos visto durante el año pasado, no es tan simple.

Durante una rara sesión de negociación televisada el martes, Trump sugirió en respuesta a una pregunta de la senadora de California Dianne Feinstein, una demócrata, que estaría de acuerdo en aprobar un Dream Act limpio antes de pasar a otros asuntos relacionados con la inmigración: una postura que, si realmente es adoptada, eliminaría el muro como una herramienta de negociación.

El representante de California Kevin McCarthy, el líder de la mayoría en la Cámara de Representantes, detectó el peligro y rápidamente se unió para redirigir la conversación.

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“Señor presidente, pero debe ser claro”, explicó. “Creo que lo que la senadora Feinstein está preguntando aquí: cuando hablamos de DACA, no queremos estar de vuelta aquí dos años después. Debemos tener seguridad, como la secretaria le dirá”.

Y así lo hizo.

En tres ocasiones, durante un breve intercambio con el escéptico representante demócrata Henry Cuellar, la secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, insistió en que “el muro funciona”.

Al menos como producto político, no hay nada que debatirle a Nielsen: “el muro” funcionó de maravilla para catapultar a Trump por encima y más allá de las primarias del Partido Republicano en 2016. La promesa tiene sus raíces, según una anécdota del libro de Joshua Green, Devil's Bargain, en una conversación del verano de 2014, cuando Trump estaba considerando más seriamente una postulación.

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“A Roger Stone y a mí se nos ocurrió la idea de 'el muro', y hablamos con Steve [Bannon] al respecto”, dijo Sam Nunberg, un colaborador intermitente, a Green. “Era para asegurarse de que él hablara sobre inmigración”.

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Funcionó. Primero durante un discurso en la Iowa Freedom Summit en enero de 2015. Luego, ante una audiencia mucho más grande en junio, cuando el recién acuñado candidato introdujo la noción a los votantes de todo el país.

“Construiría un gran muro, y nadie construiría muros mejor que yo, créanme”, dijo Trump. “Y los construiré a muy bajo costo. Construiré un gran muro en nuestra frontera sur. Y haré que México pague por ese muro”.

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Pese a todo lo que siguió, esas dos frases podrían representar la destilación más pura de la promoción de Trump ante los votantes estadounidenses. ¿Quién mejor para construir un muro fronterizo de gran escala —elusivo incluso después de la aprobación de una ley de 2006 que convocaba a la construcción de uno— que Donald J. Trump, magnate de los bienes raíces? Mejor aún, él haría que el gobierno mexicano pagara la factura. Ninguna otra línea le ganó tan consistentemente al candidato Trump tanta aprobación sostenida y entusiasta durante lo que serían más de 16 meses en campaña.

Una noche salvaje en el oeste

Una mirada retrospectiva a la escena en Phoenix la noche del miércoles 31 de agosto de 2016, cuenta la historia.

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Trump había pasado el mes pasado cayendo en picada en las encuestas, lo que provocó una reorganización de la campaña que colocó a Steve Bannon como su director ejecutivo. Dos semanas más tarde, Trump estaba de vuelta en Arizona, donde había pisoteado a la competencia restante del Partido Republicano en las primarias de marzo.

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“Construiremos una gran muralla a lo largo de la frontera sur”, dijo entre rugidos de aprobación, los cuales dejó que crecieran mientras pacientemente se retiraba del podio. “Y México pagará por el muro”.

Su candidatura podía haber estado en caída libre, ampliamente descartada y abiertamente en desacuerdo consigo mismo, pero el mensaje —la promesa, las andanadas contra México— aún resonaban profundamente entre su base de seguidores.

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Cuando el retroceso se hizo más colorido, y un exlíder mexicano usó una palabra de cuatro letras para dejar en claro que su país no pagaría por el muro, Trump respondió que cualquier oposición tendría consecuencias.

“El muro acaba de crecer 10 pies”, dijo durante un debate principal de CNN en febrero de 2016.

Once meses después, Trump se encontró involucrado con un público bastante diferente: el actual presidente de México, Enrique Peña Nieto.

Una conversación 'privada'

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La transcripción de su llamada telefónica del 27 de enero, revelada por primera vez por The Washington Post, ofreció una rara visión de los cálculos sin adornos de Trump. El líder mexicano claramente rechazó la idea de que su país financiaría una barrera fronteriza, preparando un enfrentamiento que Trump, en su nuevo entorno, esperaba desesperadamente evitar.

“El hecho es que ambos estamos en una especie de compromiso político porque tengo que hacer que México pague por el muro, tengo que hacerlo”, le dijo a Peña Nieto.

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Reconociendo el impasse público, Trump agregó: “Créalo o no, esto es lo menos importante de lo que estamos hablando, pero políticamente, esta podría ser lo más importante de hablar”.

Públicamente, la encrucijada del muro de Trump se hizo más pronunciada a medida que las exigencias de su nuevo trabajo —como aprobar un presupuesto para mantener al gobierno en funcionamiento— se acercaban.

El 23 de abril de 2017, trató de manejar las expectativas en un tuit que decía: “Eventualmente, pero en una fecha posterior para que podamos comenzar pronto, México pagará, de alguna forma, por el muro fronterizo que tanto se necesita”. Un día después, Trump dijo a un grupo de reporteros conservadores que no abandonaría las negociaciones presupuestarias por un punto muerto en el financiamiento del muro fronterizo.

Cuando la noticia de esas conversaciones se extendió, el presidente, olfateando una potencial reacción negativa de su base, acusó a los periodistas de tergiversar su posición. “No dejen que los medios falsos les digan que he cambiado mi postura sobre el MURO”, tuiteó temprano el 25 de abril. “Se construirá y ayudará a detener las drogas, el tráfico de personas, etc.”.

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Mantener las apariencias y buscar un acuerdo

En octubre, mientras los republicanos del Congreso lidiaban con otros acertijos políticos más apremiantes, el Departamento de Seguridad Nacional develó prototipos en una sesión fotográfica cerca de la frontera en San Diego.

Lee: Los prototipos del muro de Trump aparecen en la frontera con México .

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Pero a medida que pasa el tiempo, la retórica de Trump, incluso cuando insistió nuevamente el miércoles sobre que un muro debe ser parte de cualquier acuerdo de DACA, se ha suavizado un poco. Un enfoque más holístico, no del todo diferente a aquellos adoptados por las manos más viejas en Washington, parece ser la moda hoy en día.

Inmediatamente después del día de las elecciones, dijo a Lesley Stahl en 60 Minutes que podría consistir en algún cercado, además de un muro más pesado.

“Soy muy bueno en esto, se llama construcción”, le dijo.

“¿Así que, parte pared, parte cerca?”, preguntó ella.

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“Sí, podría ser”, dijo, “podría haber algo de cerca”.

La longitud también se ha reducido desde la campaña.

null“No necesitamos un muro de 2,000 millas”, dijo Trump el martes, en declaraciones similares a las que hizo en julio y nuevamente en septiembre, durante las conversaciones bipartidistas. En los comentarios de ese verano, sugirió que la estructura debe ser transparente, para que los contrabandistas no arrojen “sacos de drogas por encima” de la parte superior —“60 libras de cosas”— sobre cabezas estadounidenses desprevenidas.

Además de las posibles porciones transparentes y de cercado, habrá barreras naturales que ya existan.

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“No necesitamos un muro donde hay ríos y montañas y todo lo demás que lo protege”, agregó Trump, dirigiéndose a la mesa redonda de funcionarios del Congreso.

“Pero sí necesitamos un muro para una porción bastante grande”.

Lee: Los pasos sutiles de Trump para apoderarse de tierras para el muro fronterizo .

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