Ese acercamiento pasa por un mecanismo concreto: el Consejo Asesor Empresarial de APEC, conocido como ABAC, funge como puente entre el sector privado y los gobiernos de 21 economías. Desde ahí se construyen recomendaciones que llegan directamente a los líderes de la región.
Francisco Suárez, presidente de ABAC, lo explica. “Lo que buscamos es crear puentes para nuevos negocios”, afirmó. Para México, esa plataforma abre una ventana doble. Por un lado, permite mostrar su capacidad productiva y su integración con Estados Unidos. Por otro, acerca a empresas asiáticas que buscan diversificar su presencia ante las tensiones comerciales globales.
En ese cruce de intereses aparece la narrativa del nearshoring, pero con un matiz más amplio. México no solo compite por sustituir a Asia, sino por integrarse con ella. La idea es articular cadenas de valor donde insumos, tecnología y capital asiático encuentren en territorio mexicano un acceso más eficiente al mercado norteamericano.
Luis Darío Ochoa, director de Asuntos Corporativos, Coca-Cola FEMSAy mienbro ABAC, lo resume como una oportunidad. “México puede consolidarse como un puente económico entre Asia y América del Norte”, sostuvo . Ese papel descansa en su ubicación geográfica, pero también en su red de tratados comerciales y su cercanía cultural y logística con Estados Unidos.
El potencial se extiende a sectores clave. Desde servicios financieros hasta manufactura avanzada, pasando por agroindustria y economía digital, las áreas de colaboración se multiplican. Ochoa subraya que uno de los focos está en el desarrollo tecnológico y en la integración de cadenas de suministro más sofisticadas, donde México puede escalar en valor agregado.
Sin embargo, el camino no está libre de tensiones. Las políticas comerciales más restrictivas, los señalamientos sobre triangulación de mercancías y la presión de Estados Unidos para limitar la presencia asiática plantean un reto de equilibrio. México debe atraer inversión sin romper su alineación con Norteamérica.
Agustín García Rechy, también miembro de ABAC, explicó, se discuten temas como integración regional, sostenibilidad, conectividad y digitalización, con un enfoque que busca facilitar el comercio sin ignorar los cambios en el entorno global. La clave radica en mantener el diálogo abierto entre empresas y gobiernos, incluso en medio de la incertidumbre.
A ese reto se suma otro más silencioso, pero igual de relevante: El desconocimiento que aún existe sobre México en varias economías asiáticas. Para el embajador Lee, parte del trabajo consiste en mostrar “el México real”, uno con capacidad industrial, talento y oportunidades de inversión .
En ese esfuerzo también entra el llamado Plan México, que el gobierno busca proyectar como una carta de presentación ante inversionistas del Pacífico. La meta es clara. Convertir el interés en proyectos concretos que fortalezcan la industria nacional y amplíen su integración global.
Abril y la antesala de APEC 2028
El siguiente paso en esta estrategia llegará pronto. En abril, la Ciudad de México recibirá a más de 150 representantes empresariales de alto nivel en el marco de ABAC, un encuentro que no ocurría en el país desde hace más de una década . La reunión servirá para delinear propuestas, fortalecer contactos y, sobre todo, mostrar a México como un socio confiable.
Más allá del evento inmediato, la mirada ya apunta a 2028. Ese año, México será sede de la cumbre de líderes de APEC, un foro que reunirá a las principales economías del Pacífico. Para el sector público y privado, será la oportunidad de consolidar el mensaje que comienza a tomar forma.