La percepción cambia al preguntar por el patrimonio, pues apenas 37.3% de los adultos consideró que posee un logro patrimonial mayor al de sus padres, una proporción equivalente a casi la mitad de quienes reportaron un avance educativo.
Además, 29.5% dijo encontrarse en una situación patrimonial similar y 24.4% reconoció tener un patrimonio inferior. El restante corresponde a respuestas no especificadas.
La brecha también muestra diferencias por sexo. El 39.2% de los hombres consideró haber superado el patrimonio de su hogar de origen, frente a 35.6% de las mujeres. En contraste, 24.8% de ellas reportó un logro patrimonial menor al de sus padres, contra 23.9% de los hombres.
Los datos muestran que la movilidad entre generaciones no ocurre de igual manera en todos los ámbitos. Obtener más años de escolaridad puede representar un avance respecto a la generación anterior, pero no garantiza que ese logro se traduzca en vivienda, ahorro, terrenos, negocios u otros activos.
La encuesta no mide directamente el valor de los bienes de cada familia ni compara los ingresos de padres e hijos. Registra la percepción que cada persona tiene sobre su situación actual frente al hogar en el que creció. Por ello, sus resultados deben entenderse como una medición de movilidad percibida y no como una estimación objetiva del patrimonio familiar.
En el nivel socioeconómico, 53.1% de la población consideró encontrarse en una situación superior a la de su hogar de origen. En este caso también hubo una diferencia entre hombres y mujeres, 55.2% de ellos reportó un avance, frente a 51.3% de ellas.
Por estado, Baja California tuvo la mayor proporción de adultos que se percibieron en un nivel socioeconómico superior al de su hogar de origen, con 63.9%. Le siguieron Quintana Roo, con 63.7%; Campeche, con 62.8%, y Yucatán, con 59.7%.
En el extremo opuesto estuvieron el Estado de México, donde 46.9% percibió una mejora; Zacatecas, con 47.8%; Oaxaca, con 48.6%, y Michoacán, con 48.9%.
Uno de cada seis adultos batalla para llegar a fin de mes
Las dificultades para convertir el avance educativo en bienestar material aparecen también en la capacidad cotidiana de los hogares para cubrir sus necesidades.
El 17.3% de los adultos, alrededor de uno de cada seis, declaró que tuvo dificultad o mucha dificultad para cubrir los gastos habituales de su hogar. En contraste, 45.1% señaló que pudo pagarlos fácil o muy fácilmente, mientras que para el resto no fue fácil ni difícil.