581,000 millones por la Sección 301
El alcance económico de estos nuevos gravámenes puede dimensionarse con las estimaciones del Tax Policy Center (TPC).
El centro calcula que los aranceles definitivos de la Sección 301 relacionados con el trabajo forzoso generarán aproximadamente 581,000 millones de dólares de ingresos fiscales entre 2026 y 2036. Esa cantidad corresponde únicamente a esta nueva ronda de gravámenes, no al conjunto de la política arancelaria de Trump.
Por separado, el TPC estima que todos los aranceles incluidos en su modelo recaudarán alrededor de 1.7 billones de dólares durante el mismo periodo. Este monto incorpora no solo los aranceles por trabajo forzoso, sino también otros gravámenes sectoriales, nacionales y comerciales que permanecen vigentes o fueron anunciados por la administración.
Así, los 581,000 millones asociados a la Sección 301 representarían cerca de una tercera parte de los 1.7 billones de dólares que generaría el conjunto de la estrategia arancelaria entre 2026 y 2036.
El TPC también estima que el conjunto de la política arancelaria recaudará 179,000 millones de dólares solo durante 2026. Esta cifra tampoco corresponde exclusivamente a los nuevos aranceles de la Sección 301, sino a todos los gravámenes incluidos en su estimación para ese año.
La recaudación disminuiría de manera gradual durante la siguiente década porque el modelo supone que las empresas y los consumidores estadounidenses buscarán sustituir productos sujetos a aranceles elevados por mercancías con menores gravámenes o por proveedores alternativos.
Además de elevar los ingresos públicos, la política comercial tendría efectos sobre los hogares. El TPC calcula que los aranceles anunciados por la administración impondrán durante 2026 una carga promedio de alrededor de 920 dólares por hogar o unidad tributaria estadounidense.
El costo se queda en Estados Unidos
El PIIE también cuestiona la eficacia económica de utilizar aranceles generales para combatir el trabajo forzoso.
El análisis cita investigaciones de la Reserva Federal de Nueva York según las cuales cerca de 90% del costo de los aranceles es absorbido por empresas y consumidores estadounidenses, en lugar de ser pagado por los países exportadores.
Wolff señala que Estados Unidos ya prohíbe desde 1930 el ingreso de productos elaborados mediante trabajo forzoso y que la Sección 301 permite responder a este tipo de prácticas. Sin embargo, sostiene que esa disposición nunca se había utilizado para imponer sanciones secundarias de alcance casi global.
También cuestiona que los países hayan sido agrupados en pocas categorías para aplicar tasas uniformes de 10% o 12.5%. Si el propósito central fuera modificar el comportamiento de los gobiernos, argumenta, las medidas deberían reflejar diferencias relevantes en sus leyes, acciones y resultados contra el trabajo forzoso.
El escenario judicial previsto comenzó a tomar forma apenas un día después de la entrada en vigor de los gravámenes.
El Liberty Justice Center presentó el 24 de julio una demanda ante el Tribunal de Comercio Internacional en representación de dos pequeñas empresas: Burlap & Barrel, un minorista de especias de Nueva York, y Collective Horology, un distribuidor de relojes con sede en California. La organización sostiene que el USTR no cumplió los requisitos establecidos por el Congreso antes de imponer los nuevos aranceles.
Para los expertos, el caso volverá a poner a prueba el límite de las facultades presidenciales en materia comercial. La pregunta central no será si Estados Unidos puede combatir el trabajo forzoso, sino si la administración puede utilizar ese objetivo para reconstruir, bajo una tercera disposición legal, una política de aranceles prácticamente globales.