Hasta antes de la publicación del dato del Inegi, el consenso de analistas anticipaba que la economía mexicana crecería 1.1% durante 2026, con rangos que iban de 0.5% a 1.5%. Debido a un escenario de expansión débil, marcado por la cautela de la inversión, el menor dinamismo de la actividad productiva y la incertidumbre externa. Para 2027, la expectativa mediana mejora a 1.8%.
El resultado del segundo trimestre es clave para determinar si la contracción observada al inicio del año fue un tropiezo temporal o el comienzo de una etapa de mayor debilidad. Entre enero y marzo, el PIB disminuyó 0.6% frente al trimestre anterior, aunque todavía registró un avance anual de 0.4%, de acuerdo con cifras desestacionalizadas del Inegi.
Una recuperación entre abril y junio permitiría a México evitar una recesión técnica —definida habitualmente como dos trimestres consecutivos de contracción—, pero no sería suficiente por sí sola para disipar las señales de bajo crecimiento. Para alcanzar la previsión mediana de 1.1% en todo 2026, la actividad tendría que mantener resultados positivos durante la segunda mitad del año.
Por otro lado, la Secretaría de Hacienda conserva una perspectiva considerablemente más optimista que el sector privado. La dependencia estima un crecimiento de entre 1.8% y 2.8%.
Un crecimiento menor al esperado en el segundo semestre del año elevaría el riesgo de nuevas revisiones a la baja y complicaría el cumplimiento de las metas de ingresos públicos.