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Tres argumentos legales ponen en jaque los aranceles por trabajo forzoso que incluyen a México

La nueva estrategia comercial de Trump ya comenzó a ser impugnada. Los demandantes aseguran que los aranceles fueron diseñados como una medida casi general y no como respuesta a casos específicos.
Tres argumentos legales podrían tumbar los aranceles por trabajo forzoso que afectan a México
La aplicación de los nuevos aranceles por trabajo forzoso ya abrió un frente legal en Estados Unidos. (Kevin Dietsch/Getty Images)

Los nuevos aranceles de Donald Trump ya tienen un frente abierto en los tribunales de Estados Unidos, y México forma parte de la historia junto con otras decenas de países.

El gobierno de Estados Unidos determinó imponer aranceles de entre 10% y 12.5% a unas 60 economías al amparo de la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, tras concluir que esos países no hacen lo suficiente para impedir que productos elaborados con trabajo forzoso ingresen al mercado estadounidense. Los nuevos gravámenes entraron en vigor el 25 de julio de 2026 y sustituyeron los aranceles generales que la administración Trump aplicaba bajo la Sección 122, cuya vigencia concluyó un día antes, el 24 de julio.

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La medida por trabajo forzoso ya enfrenta al menos dos demandas y existen tres argumentos que pueden tumbarla.

Jacob Jensen, director de Política Comercial del American Action Forum (AAF), un centro de análisis de políticas públicas con sede en Washington, explica que, aunque la administración de Trump recurrió a una base legal más sólida que en ocasiones anteriores, eso no significa que los nuevos aranceles estén blindados frente a los tribunales.

El mismo castigo

El argumento más fácil de entender también es el que puede resultar más difícil de justificar para el gobierno estadounidense.

La administración dividió a unas 60 economías en apenas dos categorías: unas enfrentarán un arancel de 10% y otras de 12.5%. El problema es que dentro de esos grupos conviven países con niveles muy distintos de combate al trabajo forzoso.

Hay economías que han fortalecido sus controles, endurecido la vigilancia sobre las cadenas de suministro o reducido la presencia de insumos vinculados con trabajo forzoso. Otras apenas han mostrado avances. Aun así, varias terminaron sujetas prácticamente al mismo arancel.

Los demandantes sostienen que tampoco existe una relación clara entre el porcentaje del gravamen y el nivel de incumplimiento de cada país. Incluso la medida no distingue entre productos con mayor o menor riesgo de haber sido elaborados con trabajo forzoso ni establece qué tendría que hacer un país para dejar de pagar esos aranceles.

En otras palabras, argumentan que la política trata prácticamente igual a economías con realidades muy diferentes.

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La ley no fue creada para imponer aranceles a medio mundo

El segundo argumento cuestiona la forma en que la Casa Blanca utilizó la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974.

Esta disposición fue diseñada para responder a prácticas comerciales desleales de un país determinado después de una investigación específica. Sin embargo, los demandantes sostienen que la administración la utilizó para construir un esquema que alcanza a unas 60 economías, algo que consideran sin precedentes.

También alegan que la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) no siguió de manera adecuada el procedimiento previsto por la ley. Afirman que no respondió suficientemente a los comentarios recibidos durante la consulta pública ni explicó por qué países con circunstancias tan distintas terminaron dentro de un mismo esquema arancelario.

Por ello, los tribunales tendrán que responder una pregunta clave: ¿la Sección 301 permite imponer medidas de este alcance o solo puede utilizarse para responder a casos concretos de comercio desleal?

¿El trabajo forzoso fue la razón o el pretexto?

El tercer argumento es el más político y también uno de los más delicados.

Las demandas sostienen que la investigación sobre trabajo forzoso fue utilizada para mantener viva la política arancelaria de Donald Trump después de que los tribunales invalidaran otras herramientas legales.

Como ejemplo, señalan que los nuevos aranceles comenzaron a aplicarse justo cuando expiraron las tarifas impuestas bajo la Sección 122. También destacan que la investigación avanzó en un tiempo inusualmente corto y recuerdan que tanto Trump como otros funcionarios habían anticipado públicamente que recurrirían a la Sección 301 para preservar su estrategia comercial tras la caída de los aranceles sustentados en la Ley de Poderes Económicos en Emergencias Internacionales (IEEPA).

Con esos elementos, los demandantes buscan convencer a los jueces de que el verdadero objetivo no era combatir el trabajo forzoso, sino encontrar un nuevo fundamento jurídico para mantener los aranceles.

Estos argumentos aparecen en las dos demandas presentadas hasta ahora. La primera fue promovida por las empresas estadounidenses Burlap & Barrel y Collective Horology, representadas por el Liberty Justice Center, que sostienen que el presidente excedió las facultades que le otorga la ley. La segunda fue presentada por una coalición de 25 estados, que acusa a la administración de utilizar el combate al trabajo forzoso como argumento para reinstalar una política arancelaria que anteriormente ya había sido frenada por los tribunales.

Para Jacob Jensen, pasarán semanas o incluso meses antes de que los tribunales empiecen a dar señales claras sobre el futuro de los aranceles por trabajo forzoso. Mientras tanto, la administración de Donald Trump podrá seguir aplicándolos y recaudando miles de millones de dólares por ese concepto.

El especialista considera que el conflicto tampoco terminará con este caso. La Casa Blanca ya abrió otras investigaciones bajo la Sección 301, entre ellas la relacionada con el supuesto exceso de capacidad manufacturera de más de una docena de socios comerciales, un proceso que también podría derivar en nuevos aranceles y, eventualmente, en nuevas impugnaciones judiciales.

La disputa no solo definirá el futuro de los gravámenes por trabajo forzoso. También sentará un precedente sobre hasta dónde puede llegar un presidente estadounidense al utilizar la Sección 301 para rediseñar la política comercial del país. En su opinión, la complejidad del caso hace probable que el litigio termine en la Corte Suprema.

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