“Creo que ahora estamos en una etapa más de ejecución, de maduración, de reconfiguración incluso, en la cual muchas de las plantas productivas ya están en operación. Estas plantas tienen necesidades de ingeniería, software, tecnología, automatización y financiamiento”, señaló Alejandro Garza, fundador y director de Inversiones de Aztlan Equity Management.
Garza planteó que la oportunidad, desde esta perspectiva, está en que las empresas mexicanas participen en esas nuevas necesidades para que una planta productiva no deba considerarse el final del proceso de inversión, sino el comienzo de un ecosistema que puede demandar desde servicios especializados hasta componentes y soluciones tecnológicas.
El papel de la plataforma manufacturera
Erick Tort, líder operativo y estratega de la industria automotriz de RAM, consideró que la evolución también obliga a replantear el papel de México como plataforma manufacturera, ya que el país cuenta con un reconocimiento por la calidad de su manufactura, pero ahora debe buscar que actividades como la ingeniería, el diseño y la innovación se desarrollen con mayor intensidad en territorio nacional.
“Tenemos que elevar las operaciones de México y llevarlas más hacia la investigación, el diseño y la producción de los vehículos. Tenemos que formar otros perfiles de ingeniería e investigación para aportar desde que se concibe la idea de un nuevo vehículo”, explicó Tort durante el panel.
Tort resaltó que el cambio es particularmente visible en la industria automotriz, donde el valor de un vehículo ya no depende exclusivamente de sus componentes mecánicos. El hardware, el software y los servicios conectados se han convertido en parte de la competencia. Para México, dijo el panelista, se abre la posibilidad de avanzar hacia actividades relacionadas con la digitalización, la investigación y la propiedad intelectual, siempre que exista una mayor conexión entre las empresas, los proveedores y las instituciones educativas.
Por su parte, Jorge Ávalos, CEO de Fibra MTY y presidente de AMEFIBRA, recordó que la infraestructura industrial muestra la dimensión de la apuesta que se mantiene en el país, pues la absorción de espacios industriales alcanzó niveles récord de cinco millones de metros cuadrados en 2023 y 4.7 millones en 2024. Aunque algunos mercados enfrentan actualmente una mayor oferta, la demanda continúa en niveles de entre tres y cuatro millones de metros cuadrados anuales.
Ávalos consideró que la expansión de los parques industriales refleja una visión de largo plazo sobre la manufactura mexicana. Sin embargo, advirtió que el crecimiento de la capacidad instalada dependerá de resolver obstáculos que pueden limitar la llegada y expansión de nuevos proyectos, principalmente en materia de electricidad e infraestructura. La disponibilidad de energía, agua, transporte y conectividad se perfila así como un factor cada vez más importante para competir por inversiones.
“México está siendo una parte integral de la región de Norteamérica en conjunto con Canadá y Estados Unidos. Hay una gran oportunidad para verse como una región integral y competir con el resto del mundo. Aunque la incertidumbre comercial puede afectar decisiones de corto plazo, pero no elimina las ventajas estructurales del país”, afirmó Garza.