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Las heces caninas se vuelven una oportunidad de negocio para start-ups

Empresas como Fosapet y Composcan aprovechan la materia fecal de las mascotas para producir fertilizantes, pero entre sus planes está también generar energía eléctrica.
Contaminación peluda.
Al volverse polvo, las heces que se quedan en las calles contaminan el aire y el agua. Esto puede provocar padecimientos gastrointestinales, así como infecciones en el riñón o hígado de las personas.

CIUDAD DE MÉXICO (Expansión). A María Pulido le gustan los perros. Tiene cuatro de diferentes razas y tamaños que a diario generan cerca de 2.5 kilos de excremento. Para evitar que esto se volviera un problema, la exfuncionaria municipal de Toluca comenzó a producir composta con las heces en 2013.

En el proceso utilizó lombrices, pero era difícil controlar los olores de la materia fecal, así que a principios de 2017 buscó opciones en el mercado y, al no encontrarlas, decidió crear la suya: un contenedor que acelera la degradación de los desechos y un catalizador biodegradable que disminuye los malos olores.

Pulido vio en esto una oportunidad de negocio. En septiembre de 2017 formalizó su empresa Fosapet y comenzó a vender sus productos en diversos estados del país a través de cuatro distribuidores ubicados en Durango, Querétaro, Morelos y Guadalajara. Sus clientes son hoteles para mascotas, fraccionamientos y hogares con perros, principalmente.

En México hay cerca de 33 millones de hogares y 70% de estos tiene una mascota. Más de la mitad de estos son perros, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

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“En promedio, cada uno genera 600 gramos diarios de materia fecal”, señala Alfredo Cuesta, cofundador de Composcan, un emprendimiento que recolecta las heces para producir fertilizantes. Una gran cantidad de ese excremento se queda en las calles, ya sea por la población canina sin hogar o por los dueños de mascotas que no las recogen, a pesar de que la Ley de Cultura Cívica capitalina considera multas hasta por 880 pesos.

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Esto genera un problema de salud. Cuando las heces se convierten en polvo contaminan el aire y el agua, provocando enfermedades gastrointestinales, como la salmonelosis, o infecciones como la leptopirosis, que puede dañar el riñón o hígado. Sin embargo, el amor a los perros y la visión de negocio de sus dueños ha producido una amplia variedad de artículos como fosas sépticas, biodigestores, palas o bolsas biodegradables. Son parte de un mercado de cuidado de mascotas que ha superado los 14,900 millones de dólares en América Latina y los 1,500 millones de dólares en México, según datos de la agencia Euromonitor Internacional.

Composcan entró a esta industria en 2015. Cuesta y sus socios, Fernando Leyva y Eduardo Olivares, crearon un contenedor especial -con patente- con capacidad para 20 kilos de heces, que recolecta y deposita en un biodigestor. Su objetivo es aprovechar el gas metano para producir energía eléctrica que ilumine áreas públicas, como parques. Mientras llegan a ese punto, generan fertilizantes que entregan a sus clientes.

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La empresa vende los contenedores a las asociaciones vecinales y cobra por el servicio de recolección. Cada semana recoge dos toneladas de heces de los 500 contenedores que tiene instalados en diferentes zonas de la Ciudad de México. Los contratos se generan a partir del Presupuesto Participativo de las alcaldías, las cuales toman 3% de su presupuesto total y lo reparte entre sus colonias. Los vecinos deciden que hacer con él, como limpiar sus calles de excrementos caninos.

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“Este año ganamos en Tlalpan, Coyoacán, Benito Juárez e Iztacalco con diferentes montos”, señala Cuesta. Uno de estos proyecto estará en el Parque México, en la colonia Condesa, donde instalarán 100 contenedores. “Las heces son un negocio, pero desde que creamos la empresa le hemos metido dinero”, comenta Cuesta.

La compañía factura alrededor de un millón de pesos al año, pero Cuesta indica que éste y el impacto ambiental podría ser mayor de haber más fluidez en los trámites ante las autoridades para instalar los contenedores. Debido a esto han debido retrasar proyectos de patrocinios con empresas privadas, afirma el empresario.

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En el mercado hay otras propuestas, como los biodigestores para heces de mascotas que se instalan en los patios de las casas, como el Doggie Dooley, cuyo precio ronda los 1,800 pesos en sitios como Mercado Libre, o Poo Poo Power, un aparato de origen suizo que aprovecha el gas metano de la materia fecal para generar energía que almacena en baterías y con ello sustituye la electricidad que usa el hogar.

En países Canadá o Reino Unido también se utilizan haces caninas para generar electricidad en espacios públicos o mover autobuses, en México comienzan a haber iniciativas similares. Fosapet participa en la formación de un ecoparque en Zitácuaro, Michoacán, donde se utilizarán los biodigestores. “La nueva administración municipal está muy interesada en continuar con el proyecto. A parte de la biotecnología, seremos asesores durante la vida de éste”, apunta la emprendedora.

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