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Nuestras Historias

El deporte ecuestre, entre el negocio y el hobby

El regreso del concurso de salto internacional en el club hípico La Silla atrae de nuevo los reflectores sobre una industria que se debate entre la discreción y el dinamismo.
Negocios secundarios.
En la crianza los principales insumos son los alimentos y la importación de semen.

El concurso de salto internacional del club hípico La Silla, en Monterrey, era uno de los eventos más importantes del mundo ecuestre en el país. “Participábamos contra jinetes de todo el mundo. Aquí fueron nuestros primeros concursos ”, cuenta Santiago, campeón juvenil hace 24 años.

Lo recuerda con nostalgia porque hace casi una década que la competencia no se celebra en ese lugar. En 2010, el huracán Álex destrozó las calles aledañas y los accesos al centro ecuestre, por lo que el concurso migró a otro centro hípico, cuenta Alejandra Romo, hija del socio fundador del evento, Alfonso Romo, empresario y próximo jefe de la oficina de la Presidencia de Andrés Manuel López Obrador. Pero con la mudanza, algo se perdió, pues La Silla es especial por sus pistas de diseño internacional, 60 caballerizas, un hospital y más de 100 hectáreas de terreno. Ahora, el desastre meteorológico es cosa del pasado, y La Silla luce nuevas pistas de pasto y un picadero techado.

Su regreso, el 1 de noviembre, buscó poner otra vez de moda la actividad ecuestre, con un encuentro que atrajo a más de una veintena de jinetes de diferentes países con una bolsa de 6.2 millones de pesos (mdp) en premios.

Con ello, este deporte trata de crecer en un país donde la equitación se debate entre el profesionalismo y el hobby. Mientras que en las subastas, las carreras, la cría y venta de ejemplares es un negocio, para los deportistas, tener uno o varios caballos implica una enorme disciplina en la que los gastos corren por su cuenta. A veces, los premios de los concursos, carreras y exhibiciones sirven para cubrir los costos de los animales. Muchas otras, los dueños de los caballos sufragan, de su propio bolsillo, lo que consideran una afición.

Los centros hípicos

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La Silla atrajo nuevamente los reflectores del mundo ecuestre hacia México por unos días. “Alfonso Romo siempre ha buscado la excelencia en todo lo que hace, es un amante del hipismo y junto con sus socios –Juan Romero Huxley y Guillermo Zambrano– creó un espacio de altura para competencias internacionales”, recuerda Luis Maíz, miembro del club.

El concurso de salto es uno de los más destacados del país, pero no es el único. En Querétaro, la Ciudad de México y Jalapa hay otros concursos reconocidos en este deporte. Por ejemplo, en la capital, la Copa Audi-Scappino, llamada así por las empresas que patrocinan ese evento, ofrece una bolsa de 450,000 pesos; y la Federación Ecuestre Mexicana, conformada por 130 clubes de 18 estados, tiene un campeonato nacional que alcanza 3.5 mdp.

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Para organizar un concurso de salto o una copa de polo, las federaciones ‘venden’ el evento a los patrocinadores que le ponen su nombre, por un monto no público. Hasta el momento, las compañías que más se han interesado son firmas de lujo, pues entre los amantes de la hípica predominan los espectadores de clase alta. “Puedes vender la copa a la industria automotriz, a empresas como BMW y Audi o a una empresa textilera, como Scappino”, cuenta Guillermo Steta, presidente de la Federación Mexicana de Polo (FMP), que representa a 400 polistas.

Aunque minoritario, el deporte logra ser rentable: los principales concursos pueden llegar a invertir 10 mdp, pero consiguen cubrir este gasto y llevarse una ganancia de hasta 5 mdp, estima un socio con conocimiento de la organización de las competencias, que pidió el anonimato. También destaca el concurso de salto Longines Global Champions Tour, que lleva tres ediciones realizándose en México, pasa por 17 ciudades y reparte una bolsa de 40 millones de dólares (mdd) en premios. Este evento es considerado ‘la Fórmula 1 de los caballos’.

El otro núcleo profesional del mundo ecuestre es el hipódromo de las Américas, que maneja la empresa española de juegos y apuestas Codere. Es el único sitio de carreras profesionales en el país, y uno de sus concursos más esperados es el Futurity, que este año tuvo una bolsa de 3.8 mdp, que se repartió entre los 10 competidores. Durante el año pasado, Codere –que no respondió a la petición de entrevista de Expansión– tuvo ingresos por 1,638.3 millones de euros (mde), de los cuales México aportó el 22%, con lo que es su segundo mercado más importante después de Argentina, que contribuye con 36%.

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Los concursantes… y otros negocios

El funcionamiento de este mundo depende de muchas personas. “Darle de comer a un caballo debe salir en unos 4,500 pesos al mes, es bastante menos caro que otros deportes, como las carreras de automóviles. Lo caro es subir al caballo en un camión, llevarlo de aquí a Veracruz a saltar y regresar. Y el concurso tiene que sobrevivir, así es que te cobra. Eso es lo caro”, explica Pilar Cepeda, entrenadora de caballos.

Pero el esfuerzo merece la pena, agrega esta experta, y su actividad dinamiza otras industrias, como los alimentos –tanto forrajes como pellets–, los fármacos y los servicios veterinarios. Éstas son las principales ramas que la Secretaría de Agricultura y Ganadería (Sagarpa) identifica en el estudio ‘Dimensionamiento de la industria de équidos’. En la forrajería, por ejemplo, durante 2017, el país alcanzó una producción de 63.7 millones de toneladas, 1.4% superior al año previo. Los incentivos del gobierno a la producción de este rubro agrícola detonaron una inversión de 2,022 mdp, de los cuales el 16% se destinó al cultivo de forrajes para alimentar ganado en Veracruz, Tamaulipas y Tabasco.

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En el rubro farmacéutico, Boehringer Ingelheim cuenta con una planta de producción de vacunas para animales ubicada en Guadalajara. De los 18,056 mde de ingresos que reportó el año pasado, el 22% los aporta esta línea de salud animal, que incluye vacunas para caballos.

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Y si de servicios veterinarios se trata, la atención de un caballo con cólico –el malestar más común y mortal– ronda los 30,000 pesos en el hospital de la Alta Escuela Domecq, mientras que trasladar y tratar a los caballos de este recinto a clínicas en la Ciudad de México eleva el costo a 50,000 pesos, cuenta Luis Garay, director general de la Alta Escuela Domecq, que organiza espectáculos con caballos en Texcoco y que lleva este entretenimiento a diferentes ciudades del país. Desde 2001, esta institución está separada de la casa vinícola y se mantiene con los recursos de las presentaciones y de los diplomados que imparte en sus instalaciones.

Otros negocios que giran alrededor de los caballos obtienen ingresos de la charrería, deporte nacional desde la década de 1940. “La economía detrás de la charrería va desde el forraje para los caballos, las yeguas brutas que utilizamos y el alimento. También, por la parte de los artesanos tenemos los sombreros, las espuelas, las chaparreras, las cuartas, los arreos, las calzas; y para los sastres, los pantalones, los cinturones, las hebillas y los botones. Hay mucha variedad en las industrias aledañas”, explica Sergio Alarcón, representante de Relaciones Públicas de la Villa Charra.

Sin embargo, aunque el equipo que lleva un caballo de charrería puede costar hasta 25,000 pesos, y un traje de gran gala supera los 20,000 pesos, para los charros, este
deporte es más un hobby que una industria, cuentan Dagmara Gajos y Francisco Salas, de La Villa Charra.

En cuanto a la crianza, los ranchos más reconocidos son La Nutria, Santa Rosa, La Escondida y el Studbook La Silla. “Hay muchos criadores de caballos y están casi en su totalidad agremiados en la Asociación Mexicana de Criadores de Caballos Deportivos, incluido La Silla, que es el más importante de todos ellos. Cada vez hay mejores caballos que se crían en México”, señala Diego Ulibarri, veterinario especialista en caballos.

En La Silla, la familia Romo cría a sus ejemplares de concurso, y también realiza cruzas con genes de importación. “La mayoría de las veces, las yeguas y los sementales son nuestros. A veces, los vendo al año, a los dos o a los tres. En promedio, criarlo aquí me cuesta 5,000 dólares al año”, dice Alejandra Romo.

Otras razas que se emplean en cabalgatas, paseos y exhibiciones son criadas por Renata Malo, en Cedar Creek Shires & Minis. Son los únicos expertos en razas gigantes
y miniatura, cuenta su dueña. Con más de 15 años dedicada a la importación, crianza y venta de caballos, Malo asegura que su retorno de inversión es de casi 30% para las razas grandes y de 75% por la venta de equipo para los caballos miniatura.

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Esta especialista se formó como administradora de empresas e invirtió sus ahorros en la crianza de caballos. “Siempre vi mi vida con caballos. Desde los cuatro años, despertó mi fascinación por ellos gracias a un viaje que hice en un trineo tirado por caballos. Son mi vida”, dice.

Ahora, los precios de los ejemplares de su rancho van de los 20,000 pesos por un ejemplar tipo pony hasta 38,000 dólares en el caso de un Shire. “Ha habido años que he vendido más de 180 caballos y meses que me voy en cero. Es una industria que, al año, crece por arriba de la inflación, siempre hay crecimiento, porque lo nivelo con el caballo miniatura, con ventas más grandes o con el equipo. Pero es una industria muy celosa: si dejas de ver tantito tu negocio, baja”, asegura.

¿Hay futuro?

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Los organizadores, charros y polistas están de acuerdo en que, para que haya un futuro, falta apoyo a estos deportes. “Las autoridades del deporte impulsan más a un joven futbolista porque le ven rentabilidad. En cuanto un futbolista anota un gol le llegan con su playera con la marca del patrocinador. Mientras que los charros nos tenemos que vestir con nuestros recursos. Ése es el principal reto, que nuestras autoridades del deporte no lo ven como el único deporte mexicano, somos malinchistas”, acusa Gerardo Carmona, un charro con 40 años de experiencia.

Ante el escaso apoyo, la alternativa de manutención para recintos como la Villa Charra es rentar parte de su terreno. La situación para los polistas es similar, cuenta Steta, pues la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade) no apoyó con recursos a la representación de México en el más reciente encuentro internacional de esta disciplina. “Ojalá con la nueva administración –donde la deportista Ana Gabriela Guevara dirige la Conade– nos puedan dar un poco más de recursos para foguear a los buenos deportistas en el extranjero. Tuvimos los Juegos Olímpicos de la Juventud en Argentina, y como no pudimos conseguir patrocinadores, no mandamos a ningún exponente, ningún equipo nos representará”, lamenta el presidente de la Federación Mexicana de Polo.

A pesar de ello, los especialistas coinciden en que la industria ecuestre está en crecimiento, aunque aún es más un pasatiempo que una profesión a tiempo completo. “Definitivamente, la industria ecuestre está en crecimiento: cada vez hay más aficionados, más caballos, más patrocinadores interesados. Pero estamos muy lejos de ser una industria del tamaño de la que tiene Estados Unidos”, finaliza Ulibarri.

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