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Los biocombustibles se desdibujan frente al litio, el hidrógeno y los e-fuels

En la búsqueda de esquemas de movilidad de menor impacto ambiental, el uso de biocombustibles se ha posicionado como una alternativa, pero son varias las ventajas y desventajas en torno a estos
vie 23 septiembre 2022 03:10 PM
(Cosecha de Maíz para Generación de Electricidad)
Los biocombustibles en México aún están lejos de ser una realidad... Aquí te contamos por qué.

No es una novedad que los biocombustibles surgieron como una alternativa a los combustibles fósiles. Hace una década el término resonaba fuerte en México, cuando el país intentó entrar a ese mercado. En 2009, la Comisión Nacional Forestal estableció un programa de financiamiento para la siembra de jatropha en Chiapas, otorgando 7,400 pesos por hectárea, con el objetivo de impulsar la producción de biodiesel a partir de la planta.

Las acciones en México se vieron impulsadas por un ambicioso programa lanzado en 2003 por India, que buscaba detonar la producción global de biosiesel. Sin embargo, el proyecto no prosperó y en la última década los biocombustibles se han desdibujado tras el surgimiento de nuevas alternativas, que van desde los combustibles sintéticos (o e-fuels), el hidrógeno y las baterías de litio.

Guillermo Rosales, presidente de la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores (AMDA), resalta que el proyecto de la jatropha “no dio resultados”, principalmente porque compite contra el uso de la tierra para fines alimenticios. Hoy no se cuenta con información estadística sobre el uso de los biocombustibles en el país, sin embargo Rosales dice que “el uso es mínimo”.

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¿Qué son los biocombustibles y para qué sirven?

La Ley de Promoción y Desarrollo de los Bioenergéticos (LPDB) en México define a los bioenergéticos o biocombustibles como combustibles obtenidos de la biomasa proveniente de materia orgánica de diversas actividades primarias, como la agrícola.

El biodiesel, por ejemplo, se obtiene a través de un proceso químico llamado transesterificación. El etanol anhidro, otro biocombustible, es un tipo de alcohol etílico caracterizado por tener muy bajo contenido de agua.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) señala que la mayoría del bioetanol se produce a partir del maíz, al concentrar cerca del 64% del total, seguido de la caña de azúcar y la melaza.

En cuanto al biodiesel, estima que el 77% es producido a partir de aceites vegetales, en donde destaca la canola, mientras que el porcentaje restante está concentrado en aceites de cocina de desecho.

Estados Unidos y Brasil son los dos países más relevantes del mundo en el tema, al centrar su producción de etanol en el maíz y la caña de azúcar, respectivamente. En 2019 se produjeron alrededor del mundo 109,582 millones de litros de bioetanol, de los cuales Estados Unidos contribuyó con 59,691 millones, cerca del 55% y Brasil con 30,553 millones de litros, de acuerdo con los últimos datos de la consultora LMC International.

Estados Unidos es también el principal productor de biodiesel. En 2019, el país vecino produjo 6.9 mil millones de litros, seguido de Brasil con 5.4 mil millones, Indonesia con 4 mil millones, Alemania con 3.5 y Argentina con 2.8 mil millones.

 

Ventajas y desventajas de los combustibles bios

En los últimos años, la mayoría de las empresas y sectores han anunciado estrategias y cambios en sus esquemas productivos, encaminados a una mayor preservación del medio ambiente, escenario en donde destaca el uso de los biocombustibles como una alternativa para reducir los gases de efecto invernadero provocados por el autotransporte de carga.

Los impulsores de los biocombustibles defienden que son una alternativa para reducir la dependencia energética que tienen los mercados a los hidrocarburos.

“Los sectores internacionales de biocombustibles están fuertemente influenciados por políticas nacionales con tres objetivos primordiales: brindar apoyo al productor, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y disminuir la independencia energética”, agrega la OCDE.

De acuerdo con el estudio La producción y el comercio de los biocombustibles en México y en el Mundo, del Centro de Estudios para el Desarrollo Rural, Sustentable y la Soberanía Alimentaria, la caña resalta como el insumo más variable para la producción de bioetanol en México, principalmente por los excedentes se han tenido en los últimos años.

Sin embargo, los detractores señalan que al incentivar la producción nacional de etanol a base de caña, a través de normativas y programas de gobierno, podría conllevar a una competencia entre los dos principales usos, el azúcar y el biocombustible, lo cual podría repercutir en el encarecimiento del edulcorante si se llegasen a presentar problemas de escasez.

Otro riesgo ambiental relacionado con el desarrollo de los biocombustibles, es la ampliación de las áreas de cultivo, escenario que va de la mano con la deforestación, la ocupación de las áreas naturales y el uso intensivo de agroquímicos, como fertilizantes y pesticidas, agua, entre otros.

Al ser una industria de tamaño muy pequeño, el Centro Mario Molina considera que motivar la industria podría requerir cuantiosos subsidios por parte del gobierno, como ha sucedido en Estados Unidos.

“Los subsidios en Estados Unidos han alcanzado niveles récord y son una forma costosa de lograr objetivos de política pública con impactos potenciales sobre el medio ambiente y la economía”, agrega.

 

"No es una prioridad en México"

Miguel Elizalde, presidente de la Asociación Nacional de Productores de Autobuses, Camiones y Tractocamiones, subraya que la mayoría de los países que han adoptado el uso de biocombustibles lo han hecho porque los productores agrícolas lo ha pedido.

“No conozco un país en el que la industria automotriz lo pida. Usualmente el que empuja el tema es el sector agropecuario… Pero en esta administración no es una prioridad el tema de biocombustibles, pero tampoco es una solicitud de la industria automotriz”, señala en entrevista con Expansión.

Además, la flota de vehículos pesados en México tiene una edad de 19 años y la adopción de biocombustibles implicaría fuertes inversiones para poderlos usar en motores viejos, pero también en los nuevos.

"Los motores tienen condiciones diferentes. No le puedes poner combustible del que sea, sobre todo a motores más avanzados, pues no pueden funcionar con combustible regular, azufre, de ultra bajo azufre y además biocombustible, porque tienen ciertos sistemas que se bloquean al identificar que no ocurren los procesos de oxigenación o de emisión necesarios”, dice Javier Valadez, director de operaciones de Kenworth Mexicana.

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