¿Tanque estacionario o cilindro de gas LP? Los pros y contras de cada alternativa
El cilindro ofrece flexibilidad y menor costo inicial, mientras que el tanque estacionario promete estabilidad y menos recargas. Elegir entre ambos define cuánto rinde el gas en casa.
En muchos hogares mexicanos el gas no rinde. La diferencia entre que pueda durar semanas o agotarse en pocos días, aun con hábitos similares, suele estar en decisiones técnicas invisibles para el consumidor: el tipo de suministro, la instalación y la eficiencia del boiler y otros electrodomésticos.
Ese dilema atraviesa a un mercado donde el gas licuado de petróleo sigue siendo el energético doméstico dominante. Cerca de 90% de los hogares en México lo utilizan para cocinar, calentar agua o calefacción, lo que convierte cualquier ajuste en su uso en un asunto de impacto masivo en el gasto familiar.
La discusión suele reducirse a una pregunta aparentemente simple: ¿rinde más el cilindro o el tanque estacionario? En la práctica, la respuesta depende menos del envase y más del contexto en el que se utiliza, del consumo diario y del estado de los equipos conectados.
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Beatriz Marcelino, fundadora y CEO de la consultora Grupo Ciita, advierte que el foco del debate suele estar mal colocado. “Debe haber más información y capacitación por parte de las autoridades para la población, es un tema de uso general que es muy importante conocer para evitar que el desconocimiento genere accidentes graves”, comentó.
Los cilindros
Cilindros gas LP(Everton Leite/Getty Images/iStockphoto)
Los cilindros de gas LP son la opción más extendida en viviendas de renta y en hogares con movilidad frecuente. Existen en presentaciones que van de los 5 a los 30 kilogramos, siendo el de 20 kilos el más común en el consumo doméstico.
Su principal atractivo es el bajo costo inicial. Un cilindro de 5 kilos puede costar entre 700 y 1,000 pesos, mientras que uno de 20 kilos suele ubicarse entre 1,500 y 2,000 pesos, dependiendo del proveedor, el estado del tanque y la región.
La portabilidad es una ventaja operativa. Para quienes se mudan con frecuencia, el cilindro puede trasladarse y conectarse a instalaciones ya existentes, ya que muchas viviendas están preparadas para este esquema sin requerir modificaciones.
En cuanto al suministro, los usuarios pueden adquirir el gas a través de camiones repartidores o acudir a estaciones de gas LP que rellenan los cilindros, una práctica conocida como picteleo. Esta acción, sin embargo, no está recomendada ni permitida por la normativa vigente por razones de seguridad, de acuerdo con el Centro Nacional de Prevención de Desastres.
Pese a ello, el picteleo se ha extendido como respuesta a prácticas desleales detectadas en el reparto domiciliario, como cargas incompletas, cilindros deteriorados o intercambios irregulares. Al cargar directamente en planta, los consumidores buscan mayor certeza sobre la cantidad recibida.
Otra ventaja del cilindro es la flexibilidad del gasto. Es posible cargar solo una parte de su capacidad —por ejemplo, 10 kilos en un tanque de 20— y ajustar el consumo al presupuesto disponible, algo que no siempre ocurre con el reparto por camión.
No obstante, esa flexibilidad no garantiza mayor rendimiento. La manipulación constante, los golpes, las conexiones deficientes y la instalación en espacios cerrados incrementan el riesgo de fugas y pérdidas continuas de gas.
Marcelino subraya que, aunque es una solución práctica, implica mayores riesgos operativos. “Si bien son una medida útil y más práctica, en especial para aquellas personas que no tienen los recursos para una instalación fija, sí pueden ser un mayor nivel de riesgo por la facilidad de su manipulación”, dijo.
Tanque estacionario
Tanque estacionario(Douglas Rissing/Getty Images)
El tanque estacionario está pensado para consumos más estables y para viviendas donde no se prevén mudanzas frecuentes. Permanece fijo, generalmente en azoteas, y se recarga mediante pipas que acuden al domicilio según la programación acordada.
El costo inicial es más elevado. Un tanque de 100 litros puede costar entre 6,000 y 6,500 pesos, mientras que uno de 200 litros oscila entre 7,000 y 9,000 pesos. La inversión se compensa con menor desgaste y menor riesgo por manipulación.
La carga se realiza por litro y suele estar sujeta a consumos mínimos, que pueden rondar los 100 litros o un pago cercano a 1,000 pesos. Esto obliga a una planeación del consumo, pero ofrece mayor estabilidad en el suministro.
A diferencia del cilindro, el tanque estacionario reduce el deterioro físico del recipiente y el riesgo de accidentes asociados al traslado. La recomendación es no llenarlo por encima de 80% de su capacidad y reemplazar válvulas cada cinco años como medida de seguridad.
La venta por litro suele generar confusión frente al esquema por kilo de los cilindros. Un litro de gas LP pesa alrededor de medio kilo, mientras que un kilo equivale aproximadamente a 1.8 litros, una diferencia relevante para entender el consumo real.
Desde el punto de vista operativo, el tanque estacionario permite un control más constante del nivel de gas, pero no garantiza por sí solo un menor gasto si los equipos que lo consumen no son eficientes.
¿Kilo o litro?
Los tanques fijos de gas LP se cargan por litro, mientras que los cilindros se venden por kilo. ¿Por qué? La diferencia responde a los niveles de presión que requiere cada sistema.
En el caso de los cilindros, la venta por kilo asegura la cantidad exacta de producto, ya que su peso no cambia con la temperatura. En cambio, en los tanques estacionarios el gas se vende por litro, pues se mide el volumen llenado a través de las válvulas de medición del propio tanque, de forma similar a la carga de gasolina, lo que resulta más eficiente.
La densidad también es distinta: un kilo y un litro de gas LP no son lo mismo. Un litro de gas LP pesa alrededor de medio kilo, mientras que un kilo de gas LP equivale aproximadamente a 1.8 litros.
Medidas de seguridad
Más allá del tipo de suministro, el mayor impacto en el rendimiento del gas suele estar en los electrodomésticos. Boilers antiguos, estufas mal calibradas y equipos de baja eficiencia pueden disparar el consumo sin que el usuario lo note de inmediato.
La instalación también es determinante. Se recomienda que las conexiones fijas se realicen con tubería de cobre y no con mangueras plásticas, desde el tanque hasta la estufa o el boiler, para reducir fugas y pérdidas.
En el caso de los cilindros, es clave evitar golpes y caídas durante la manipulación y no transportarlos en vehículos particulares para su recarga, debido al riesgo de accidentes graves.
Dado que los tanques son propiedad del consumidor y no existe una inspección periódica obligatoria, la responsabilidad de vigilar el estado del equipo recae por completo en el usuario. Fugas, corrosión u oxidación no solo elevan el riesgo, también reducen el rendimiento.
Para Marcelino, cuando las condiciones económicas y de vivienda lo permiten, la opción fija ofrece ventajas adicionales. “Quienes tengan la posibilidad, lo ideal sí es cambiarse a tanque estacionario, porque puede ser un poco más seguro”, concluyó.