Juan Carlos Carpio recibe un Pemex presionado por deuda, refinación y accidentes
El nuevo director de la petrolera deberá contener el deterioro operativo y financiero de la empresa mientras crecen las dudas sobre su autonomía y viabilidad.
La nueva administración de Pemex enfrentará una empresa con producción estancada, refinerías envejecidas y una elevada carga financiera.(Yuri Cortez/AFP)
Enfundado en un traje negro y corbata roja, con la espalda recta y las manos inmóviles sobre las piernas, Juan Carlos Carpioapareció sentado en uno de los extremos de la larga mesa de madera del despacho presidencial. Frente a él, la presidenta Claudia Sheinbaum observaba la cámara mientras anunciaba el relevo en la dirección de Pemex. A su lado estaban la secretaria de Energía, Luz Elena González, y el saliente director de la petrolera, Víctor Rodríguez Padilla.
La escena, difundida en un video desde la cuenta oficial de la mandataria, marcó el inicio de una nueva etapa para la petrolera más endeudada del mundo. El nuevo director asume una empresa con pasivos financieros por79,000 millones de dólares, producción estancada, presión sobre las refinerías y crecientes problemas de seguridad industrial.
Las palabras de Carpio fueron escuetas. Prometió fortalecer a la empresa, trabajar en campo y mantener el proyecto de soberanía energética impulsado por el gobierno federal. “Muchas gracias Presidenta por la confianza… Le garantizo que nuestras actividades estarán enfocadas 100% a fortalecer a la empresa y a la consolidación de la soberanía energética del país”, dijo durante el mensaje oficial.
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Un día antes de su nombramiento, la calificadora S&P Global Ratings había cambiado a negativa la perspectiva crediticia de Pemex, alertando sobre la dependencia estructural de la petrolera respecto al apoyo gubernamental y el creciente peso que representa para las finanzas públicas mexicanas.
¿Cómo deja Víctor Rodríguez a Pemex?
La salida de Víctor Rodríguez Padilla ocurrió en medio de una crisis que se extiende prácticamente a todas las áreas de la empresa estatal. El físico y maestro en Ingeniería Energética por la UNAM llegó al cargo con el inicio de la administración de Sheinbaum, impulsado por la cercanía académica que mantuvo con la ahora presidenta desde años atrás.
La elección de Carpio marca un contraste con los perfiles que han encabezado Pemex en los últimos años. Rodríguez Padilla provenía del mundo académico y del análisis energético. Antes, durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, la petrolera estuvo bajo el mando de Octavio Romero Oropeza, ingeniero agrónomo y uno de los hombres más cercanos al expresidente.
Ahora, el gobierno federal apuesta por un economista. Carpio, egresado de la UNAM y con maestría en Gerencia Pública por el CIDE, se desempeñaba hasta ahora como director corporativo de Finanzas de Pemex y anteriormente ocupó distintos cargos en la Secretaría de Finanzas de la Ciudad de México.
Juan Carlos Carpio, actual director corporativo de Finanzas de la petrolera, asumirá la dirección general de Pemex.(Cámara de Diputados )
El viraje no parece casual. Después de años en los que la petrolera acumuló pérdidas, refinanciamientos, presiones presupuestarias y degradaciones crediticias, el frente financiero se convirtió en el principal incendio que enfrenta la empresa.
La trayectoria de la deuda de Pemex muestra tanto el tamaño del deterioro financiero acumulado como el esfuerzo reciente por contenerlo. De acuerdo con las cifras reportadas por la petrolera en pesos —como se observa en la gráfica—, el saldo de la deuda pasó de alrededor de 700,000 millones de pesos en 2012 a niveles superiores a 2 billones de pesos entre 2020 y 2021, antes de iniciar una reducción gradual en los últimos años.
Para el primer trimestre de 2026, el pasivo financiero volvió a descender, aunque la comparación internacional suele realizarse en dólares. En esa medición, la deuda financiera de Pemex se ubicó en 79,000 millones de dólares, el nivel más bajo para la empresa desde 2014.
Pero especialistas del sector coinciden en que la reducción no obedeció a una mejora estructural de la operación de la petrolera, sino a una estrategia diseñada desde la Secretaría de Hacienda y el gobierno federal mediante emisiones de notas pre-capitalizadas, mecanismos de refinanciamiento y aportaciones directas de capital.
Dentro del Plan Estratégico 2025-2035, el gobierno federal trazó como meta que, a partir de 2027, Pemex pudiera sostenerse sin apoyos extraordinarios del Estado. La lógica era que el saneamiento financiero permitiera a la empresa cubrir sus obligaciones por cuenta propia.
La estrategia permitió incluso una mejora temporal en las evaluaciones crediticias. Fitch Ratings elevó la nota de Pemex de B+ a BB, mientras Moody’s la subió de B3 a B1 con perspectiva estable.
Sin embargo, la expectativa volvió a deteriorarse. La reciente revisión de S&P a negativa reflejó las dudas del mercado sobre la viabilidad de Pemex sin respaldo permanente del gobierno mexicano.
El problema financiero no se limita a la deuda. La falta de liquidez ha provocado retrasos en pagos a proveedores, limitado inversiones en exploración y restringido el mantenimiento de instalaciones estratégicas.
La situación también ha impedido modernizar el Sistema Nacional de Refinación, que arrastra décadas de rezago tecnológico y mantenimiento insuficiente.
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Refinerías bajo presión y accidentes recurrentes
Ese deterioro operativo comienza a reflejarse cada vez más en los indicadores de seguridad industrial. Durante el primer trimestre de 2026, el índice de accidentes de Pemex aumentó 39%, al pasar de 0.28 a 0.39 accidentes por millón de horas-hombre trabajadas.
El índice de gravedad también mostró deterioro. La empresa reportó 17 días perdidos por millón de horas-hombre trabajadas, un incremento de 13.3% frente a los 15 días registrados al cierre de 2025.
La Refinería Olmeca se convirtió en uno de los principales símbolos de esos problemas. El complejo comenzó a reportar producción en junio de 2024 con cifras que despertaron cuestionamientos entre especialistas del sector energético.
El primer reporte oficial indicó un procesamiento de 9,000 barriles diarios de crudo y líquidos, con una producción asociada de 17,890 barriles diarios de diésel. Analistas señalaron entonces inconsistencias técnicas en los balances reportados por la petrolera.
Con el paso de los meses, las dudas se trasladaron de las cifras a la seguridad operativa de la refinería.
El 23 de enero de 2026 se registró un conato de incendio derivado de una pérdida de contención en una línea de descarga. Pemex aseguró entonces que no existían riesgos ni afectaciones relevantes para la operación.
Tres días después ocurrió una falla eléctrica vinculada con variaciones de presión en una planta catalítica, incidente que obligó a realizar un paro seguro de operaciones.
El episodio más grave llegó el 16 de marzo. Un incendio dentro del complejo dejó cinco personas fallecidas: cuatro contratistas y un trabajador de Pemex. La petrolera atribuyó el origen del siniestro a “aguas aceitosas” derivadas de fuertes lluvias en Tabasco.
Posteriormente, el 9 de abril se registró otro incendio en la planta coquizadora y, el 7 de mayo, Pemex reportó una “emanación de vapor” en uno de los tanques de almacenamiento.
Aunque la empresa ha insistido en que ninguno de estos eventos compromete la integridad operativa de la refinería, la recurrencia de incidentes comenzó a alimentar dudas sobre la calidad de la construcción del complejo.
“Las siguientes actividades serán en campo, si lo autoriza. Vamos a salir de inmediato a trabajar con los trabajadores de la empresa”, afirmó el nuevo director, en referencia a los recorridos que buscará realizar en instalaciones de Pemex.
Este fin de semana, en uno de sus primeros actos al frente de Pemex, Juan Carlos Carpio realizó una visita al Campo Bakté, en Tabasco, acompañado por el subsecretario de Hidrocarburos de la Secretaría de Energía, Juan Vidal Amaro.
Juan Carlos Carpio realizó este fin de semana una visita al Campo Bakté, en Tabasco, donde supervisó junto con autoridades de la Sener obras para el procesamiento de gas vinculadas a la estrategia de soberanía energética. (Cortesía Sener)
Gonzalo Monroy, socio director de GMEC, considera que Carpio enfrentará una estructura mucho más compleja de lo que sugieren los números financieros. “Estamos en un escenario inercial en el que la producción sigue completamente estancada, no hay prospectos en la exploración, los contratos mixtos no avanzan, todo un gran paquete de problemas”, afirmó.
El reto político detrás del rescate de Pemex
La producción de hidrocarburos líquidos alcanzó en marzo 1.65 millones de barriles diarios, una cifra prácticamente estancada desde finales de 2024 y aún lejos de la meta presidencial de 1.8 millones de barriles diarios.
En petrolíferos sí hubo un incremento. La producción llegó a 1.15 millones de barriles diarios al cierre del primer trimestre de 2026, 30% superior a los 885,933 barriles registrados al inicio de la administración actual.
Especialistas advierten, sin embargo, que parte de ese avance ha dependido de una mayor presión sobre refinerías envejecidas, en un contexto donde Pemex arrastra años de rezagos operativos y mantenimiento insuficiente.
“El reto será brutal: es una empresa en donde la infraestructura ha tenido décadas de un mantenimiento correctivo, deficiente o nulo”, dijo Rocío Robles. “Quien llegue se enfrentará a muchos cambios políticos de una empresa que debería regirse por un plan de negocios transexenal”.
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Pero el desafío para Juan Carlos Carpio no se limita a la operación industrial. Su llegada ocurre en medio de cuestionamientos sobre el margen real de maniobra que tendrá dentro de la petrolera y sobre el nivel de autonomía que podrá ejercer frente a la Secretaría de Energía y Presidencia.
Monroy sostiene que Víctor Rodríguez nunca tuvo control pleno sobre las decisiones estratégicas de la compañía ni libertad para integrar a su propio equipo directivo. A su juicio, el desafío para Carpio será todavía más complejo por su falta de experiencia técnica en la industria petrolera.
“La falta de liderazgo que vimos con Víctor se acentúa todavía más con Juan Carlos. Si Víctor al menos entendía los términos técnicos, Carpio no tendrá idea de lo que van a decir porque no tiene ese conocimiento altamente técnico”, aseguró el analista.
Para Marcial Díaz, el problema central no es si el director tiene un perfil técnico o financiero, sino el nivel de control político y presupuestal que realmente posea.
“Un director de una petrolera no necesita ser petrolero, tiene que ser un gran administrador que pueda hacer rentables los proyectos y poder captar más inversión”, dijo. “El nuevo director requiere tener una libertad financiera y operativa para poder lograrlo”.
La crisis que recibe Carpio no puede explicarse únicamente por la coyuntura reciente. El deterioro de Pemex es resultado de décadas de decisiones fallidas, proyectos poco rentables, corrupción y rezagos estructurales.
Los casos de Emilio Lozoya y Carlos Treviño se convirtieron en símbolos de esa etapa. Lozoya quedó ligado al caso Odebrecht y a una red de sobornos que alcanzó a exfuncionarios y políticos mexicanos, mientras Treviño enfrenta acusaciones de asociación delictuosa y lavado de dinero relacionadas con el mismo esquema.
Carpio llega con un perfil distinto al de sus antecesores y con una tarea que parece más cercana a una reestructura corporativa que a una expansión petrolera. El desafío no será resolver un solo frente, sino administrar simultáneamente deuda, producción, refinación, proveedores y la credibilidad de una empresa que lleva años operando bajo presión financiera y política.