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Centro y Bajío concentran el mayor riesgo de robo de combustibles en carreteras

Aunque la tecnología y la regulación han fortalecido los mecanismos de control, la inseguridad representa un desafío permanente para garantizar el abasto de combustibles en el mercado mexicano.
Cada pipa de combustible en México puede terminar en robo, ordeña o adulteración: las zonas más riesgosas
Pipa llegando a una estación de servicio en Chilpancingo de los Bravos, Guerrero, a pie de la Autopista del Sol, considerada como una vía de alto riesgo. (Diana Gante)

El transporte de combustibles se ha convertido en uno de los eslabones más vulnerables de la cadena de suministro de gasolinas y diésel en México. Aunque el traslado desde las terminales de almacenamiento y reparto (TAR) hacia las estaciones de servicio es una operación cotidiana y permanente, las condiciones de inseguridad en algunas regiones del país han obligado al sector a reforzar controles, elevar costos y modificar su operación.

La exposición al robo de pipas, la extracción ilegal de combustible y la adulteración del producto se concentra principalmente en las regiones centro y bajío del país, donde el transporte debe atravesar corredores carreteros considerados de alto riesgo.

De acuerdo con la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga (Canacar), los estados de Estado de México, Querétaro, Puebla, Veracruz, Michoacán y Guanajuato encabezan el mapa de riesgo para las unidades que trasladan combustibles.

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Tomás Martínez, asesor de normatividad y transporte especializado de Canacar, explicó que la vulnerabilidad en estas entidades responde, en parte, a la menor presencia de cuerpos de seguridad en los corredores carreteros. “Hace falta más vigilancia para combatir esas zonas rojas”, afirmó Martínez.

En contraste, en estados fronterizos del norte, como Tamaulipas, el riesgo es menor debido a la presencia de las Fuerzas Armadas en los cruces aduaneros y en las rutas de acceso.

La diferencia, explicó, radica en que mientras en el norte existe una mayor presencia de la Marina y del Ejército, en las regiones del centro y bajío la vigilancia depende principalmente de la Guardia Nacional, cuyos puntos de supervisión se encuentran más dispersos.

“La verdad vemos muy difícil que en ese mapa vayan a desaparecer los colores y esté el país normal”, añadió.

Las rutas más peligrosas
Mapa de riesgo para el transporte de combustibles. (Expansión)

Robo y adulteración elevan costos operativos

El robo de combustible tiene implicaciones que van más allá de la pérdida de la mercancía. El sector enfrenta mayores costos por la contratación de seguros, el monitoreo permanente de las unidades, la implementación de tecnología y el cumplimiento de nuevas disposiciones regulatorias.

Para reducir los riesgos, las empresas han invertido en sistemas de telemetría que permiten monitorear en tiempo real el recorrido de las unidades y verificar la identidad de los operadores.

“Hoy en día juega un papel muy importante porque es con la que vamos controlando todo el trayecto, todo el movimiento del conductor, que sea el mismo, que si se paró a comer se suba el mismo; todo eso es lo que hemos hecho para contrarrestar todas las adversidades que se van presentando”, explicó Martínez.

Los sistemas de monitoreo incluyen plataformas digitales en las que los operadores deben identificarse mediante códigos QR al momento de cargar el combustible y durante el trayecto.

“Si llega otra persona en sustitución, no sabemos si al conductor original le pasó algo, si lo tienen secuestrado; pero ahora con la plataforma se tiene que demostrar que el conductor es el mismo en todo el trayecto, incluso se tienen programadas las paradas y los paradores exclusivos, no se pueden detener donde sea”, indicó.

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Además de la inversión tecnológica, el sector ha tenido que adaptarse a nuevas obligaciones regulatorias, entre ellas el balizado de las pipas y la incorporación de códigos QR con información de la empresa transportista, la razón social, dirección y características del combustible.

“Aparte de toda la regulación que tenemos –que es bastante– tenemos cumplimientos con la CNE. Ha sido un tanto difícil irnos adaptando porque fue de golpe esto de tener los códigos QRs, incluir la razón social, la dirección, el teléfono de la empresa, y además el balizado que se tiene que acomodar en la unidad”, comentó el representante de Canacar.

El reto de la trazabilidad

Uno de los efectos más relevantes de la implementación de estos controles ha sido la disminución de la adulteración de combustibles durante el transporte, una práctica que durante años generó señalamientos por parte del sector gasolinero.

De acuerdo con Canacar, la incorporación de sistemas de trazabilidad y monitoreo permanente ha permitido reducir las mermas y garantizar que el producto llegue con las mismas características con las que salió de las terminales de almacenamiento.

“Así como sale, con su calidad, debe llegar a donde se tiene que entregar. Antes no había control y la calidad no se sabía porque no había documentos que dieran la trazabilidad, pero hoy en día es necesaria y se ha abatido la merma o la adulteración de producto. Como ven, tenemos un control muy estricto, no se puede alterar nada (…) hacemos todo para que el combustible llegue en tiempo y forma de donde sale a donde se debe entregar”, concluyó Martínez.

Para la industria, el mapa de riesgo del robo de combustibles sigue concentrado en el centro y bajío del país y, aunque la tecnología y la regulación han fortalecido los mecanismos de control, la inseguridad continúa representando un costo operativo y un desafío permanente para garantizar el abasto de combustibles en el mercado mexicano.

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