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Topes al precio del combustible reactivan riesgos de adulteración de gasolina

Controles logísticos y vigilancia redujeron la adulteración, pero expertos advierten que costos elevados, límites de precio y competencia por volumen impulsan nuevamente las mezclas ilegales.
Manguera de la que sale gasolina en un bote. El tope al precio de combustibles genera riesgos de gasolina adulterada en México.
El año pasado, las adulteraciones alcanzaron hasta 35% del combustible comercializado en el país, con entidades como Querétaro, donde la incidencia llegó a 70%, según estimaciones del sector. (JOHAN ORDONEZ/AFP)

Conseguir gasolina barata puede parecer una victoria momentánea para el bolsillo. El problema aparece kilómetros después, cuando el motor falla, los inyectores dejan de responder o el vehículo se queda varado. Detrás de muchos de esos casos hay combustible adulterado , un fenómeno que la industria vuelve a mirar con preocupación.

Tras varios meses de reducción, laboratorios especializados y participantes del sector comienzan a detectar nuevamente muestras irregulares en el mercado, justo cuando las presiones sobre las estaciones de servicio aumentan por el alza en costos y la obligación de vender bajo un precio tope.

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La adulteración de combustibles se ha convertido en una evolución del mercado ilícito. Ya no se trata únicamente del robo de hidrocarburos desde ductos —el llamado huachicol —, sino de modificar o mezclar combustibles para aumentar volúmenes y mantener márgenes de ganancia, aun cuando eso implique degradar la calidad del producto final.

Las cifras muestran que el problema llegó a niveles elevados. De acuerdo con estimaciones de Ciefsa, laboratorio especializado en pruebas de calidad de combustibles, durante los momentos más críticos del año pasado alrededor de 35% del combustible comercializado en el país presentaba algún grado o forma de adulteración.

Ese porcentaje disminuyó de forma importante durante los primeros meses de este año. Para abril, la incidencia había caído a menos de 10%, impulsada por medidas regulatorias y operativas implementadas por el gobierno federal.

“Bajó muchísimo la adulteración del producto. Querétaro, que tenía cerca de 70% de producto adulterado, en las últimas semanas no he encontrado producto adulterado. De verdad bajó muchísimo en todo el país”, explicó Andrés Gutiérrez, CEO de Ciefsa.

Gasolina adulterada
Composición normal de la gasolina. (Expansión)

La presión de los márgenes por el tope al precio de gasolinas

La reducción, sin embargo, podría ser temporal. El laboratorio comenzó a detectar nuevamente casos aislados durante las últimas semanas, una señal que coincide con un entorno más complejo para las estaciones de servicio y sus proveedores, quienes enfrentan mayores costos y menores espacios para absorberlos.

“(La adulteración de combustible) se cayó desde el año pasado hasta abril, cuando no estábamos encontrando nada, pero de las últimas dos semanas para acá volvimos a encontrar temas de adulteración. Siguen siendo casos aislados, pero sí los hay”, dijo Gutiérrez en entrevista.

Para el directivo, la relación entre presión económica y riesgo de adulteración es directa: cuando el margen se reduce, aparecen incentivos para abaratar el producto.

“El precio hace que la gente o los proveedores empiecen a buscar cómo abaratar un poco para que les compren, y eso provoca que empiece a aparecer producto adulterado”, destacó.

El fenómeno representa uno de los efectos secundarios más complejos de contener en mercados regulados o con controles de precios, ya que cuando el precio final se limita, parte de la presión financiera migra hacia la cadena de suministro.

En el caso gasolinero, esto puede traducirse en incentivos para sustituir componentes, mezclar combustibles o incorporar productos de menor calidad con tal de conservar rentabilidad.

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La estrategia de contención

El retroceso de la adulteración durante los últimos meses estuvo vinculado a una combinación de controles logísticos, supervisión física y vigilancia aduanera.

Uno de los cambios más visibles fue el fortalecimiento del rastreo de transporte de combustibles. El balizado de pipas —que obliga a incorporar códigos QR con información del transportista, permisos y tipo de producto movilizado— permitió dar mayor trazabilidad a la cadena.

“Yo he dicho que un porcentaje muy alto de la adulteración ocurría en el proceso de transporte, de la terminal a la estación, pero al tener sistemas GPS y balizado eso ayuda”, aseguró el CEO de Ciefsa.

La supervisión también se extendió a estaciones de servicio. La autoridad ambiental comenzó revisiones de calidad mediante laboratorios móviles y pruebas específicas derivadas de cambios regulatorios vinculados a emisiones.

Al mismo tiempo, el endurecimiento en aduanas y el combate al huachicol fiscal limitaron la entrada de naftas y petroquímicos utilizados para realizar mezclas irregulares.

“Esos dos parámetros fueron claves para bajar ese porcentaje (de adulteración). Antes era diario, en el laboratorio recibíamos de 3 a 4 muestras mal (no cumplen la calidad), y ahorita llegan muestras normales”, explicó Gutiérrez.

Pese a ello, el sector observa con cautela el regreso de casos aislados. La preocupación no es únicamente el retorno de la adulteración, sino que las condiciones económicas que la incentivan —costos elevados, presión comercial y márgenes estrechos— siguen presentes.

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