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No solo gas: especialistas proponen incluir petróleo en la estrategia de fracking en México

La producción de hidrocarburos ronda 1.6 millones de barriles diarios y especialistas ven en el fracking una alternativa para acercarse a la meta de 1.8 millones.
Fracking también debería contemplar extracción de crudo
Mientras la política energética prioriza el gas natural, expertos plantean aprovechar el potencial petrolero de cuencas como Tampico-Misantla para recuperar producción. (La cuenca Tampico-Misantla, descartada por temas ambientales y sociales, tiene potencial para producir gas y aceite asociados.)

Las conclusiones técnicas presentadas la semana pasada para evaluar el uso de fracturación hidráulica (fracking) en México están concentradas en la producción de gas natural, pero especialistas consideran que la estrategia también debería contemplar la extracción de petróleo crudo, ante la dificultad del país para elevar su producción y alcanzar la meta de 1.8 millones de barriles diarios.

México produce alrededor de 1.6 millones de barriles diarios de hidrocarburos, entre petróleo y condensados, un nivel que se ha mantenido estancado y que enfrenta el riesgo de disminuir ante la falta de nuevos pozos que permitan incorporar producción.

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Para Rosanety Barrios, experta en temas energéticos, el fracking representa una oportunidad para aprovechar los yacimientos no convencionales y aumentar la disponibilidad de petróleo, tanto para atender el mercado nacional como para recuperar capacidad exportadora.

“Para mí el problema es el petróleo. La caída de la producción petrolera viene en picada, ya se agotó (el yacimiento) Ku-Maloob-Zaap y ya no hay con qué se pueda sustituir, ya no hay petróleo en aguas someras en volúmenes importantes”, dijo.

Ante este escenario, la especialista considera que las alternativas para incrementar la producción petrolera pasan por el desarrollo de aguas profundas y la explotación de recursos no convencionales mediante fracking.

Gas natural, una prioridad de la política energética

La discusión sobre la fracturación hidráulica también está vinculada con la elevada dependencia de México de las importaciones de gas natural. Entre 70% y 75% de la demanda nacional se cubre con gas proveniente del extranjero, principalmente de Estados Unidos.

Sin embargo, Barrios cuestionó que el argumento de reducir esa dependencia sea suficiente para concentrar la estrategia de fracking exclusivamente en el gas natural, particularmente ante la posibilidad de restricciones comerciales bajo la administración del presidente estadounidense Donald Trump.

“El llamado ‘riesgo Trump’ no existe por una sencilla razón: Trump se va en dos años, en ese tiempo todavía no vamos a tener esa producción de gas en lutitas en México. Creo que el argumento de que nos cierren la llave de la importación es un argumento político”, añadió.

La especialista señaló que, aunque México necesita reducir su dependencia energética del exterior, el desarrollo de nueva producción de gas mediante yacimientos no convencionales no sería inmediato.

Alma América Porres, integrante del comité técnico que analizó el potencial de los recursos no convencionales, explicó que la actual administración ha definido sus prioridades energéticas y que las decisiones sobre qué recursos desarrollar responden a esa estrategia.

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El reto de recuperar la producción petrolera

Fluvio Ruiz, experto en energía y exconsejero de Pemex, coincidió en que el país enfrenta un problema de aprovechamiento de hidrocarburos, particularmente de gas asociado a campos cuyo objetivo principal es la extracción de petróleo.

Parte del gas que se produce en esos campos no puede ser aprovechado de manera suficiente debido a la falta de infraestructura para su manejo.

“Eso es una urgencia política. Pero deja tener sentido que se sigue explotando racionalmente los yacimientos pero no se puede recuperar la producción porque se dejó de explorar”, señaló.

Para Ruiz, la meta gubernamental de alcanzar 1.8 millones de barriles diarios todavía es viable, aunque requiere una estrategia de exploración y desarrollo de nuevos recursos.

“Se puede recuperar (la producción petrolera) pero tiene que haber una conversación para explicarlo. La meta (de los 1.8 millones) me parece razonable respecto a los 2.7 millones mágicos que se querían sacar anteriormente”, destacó el especialista.

El desafío se encuentra en incorporar nuevos barriles en un contexto en el que los principales campos maduros del país han perdido capacidad productiva y las oportunidades en aguas someras son cada vez más limitadas.

Tampico-Misantla, la zona con potencial petrolero

Uno de los puntos de mayor interés dentro de la discusión sobre el fracking es la cuenca Tampico-Misantla, una región con potencial de hidrocarburos no convencionales.

Durante la presentación de las conclusiones del comité técnico se señaló que, pese a su potencial para la producción de gas natural, la explotación de esta cuenca sería descartada por consideraciones ambientales y sociales.

Ruiz consideró importante aclarar si esa determinación representa una prohibición legal o únicamente una recomendación para Petróleos Mexicanos (Pemex), debido a que la región también cuenta con recursos de aceite.

“Es una cuenca en la que no solo se permitiría recuperar la parte del gas, también la parte del aceite, y eso lo hace más rentable (el proyecto)”, puntualizó.

Un régimen fiscal para el gas no asociado

En las cuencas de Burgos y Sabinas-Burro-Picachos, donde sí se contempla analizar el uso de fracking y predominan los recursos de gas natural, Ruiz planteó otro reto: crear condiciones económicas que permitan desarrollar esos proyectos.

El especialista consideró necesario establecer un régimen fiscal especial para el gas natural, particularmente para el gas no asociado, con el objetivo de que los proyectos puedan ser rentables frente a sus costos de producción y los precios de venta.

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