La estrategia planteada por el gobierno no se limita al desarrollo de yacimientos no convencionales. Entre las primeras medidas se encuentran aumentar la generación eléctrica con fuentes renovables, mejorar la eficiencia energética, incrementar la producción nacional de combustibles y reducir la quema de gas en los campos petroleros.
Con estas acciones se busca reducir hasta 50% las importaciones de gas natural. Sin embargo, para el comité, estas medidas por sí solas no eliminan el riesgo que implica depender de un suministro externo para cubrir una parte sustancial de la demanda nacional. Es ahí donde aparece el gas no convencional.
El objetivo no es necesariamente sustituir de inmediato las importaciones estadounidenses, sino determinar si México puede incorporar una nueva fuente de producción doméstica que contribuya a reducir esa dependencia. Para ello, primero debe conocerse cuánto gas existe realmente y cuánto de ese volumen puede extraerse de manera rentable.
Potencial no significa reservas
Según cálculos del comité técnico, México cuenta con un estimado de 141.5 billones de pies cúbicos de recursos prospectivos de gas natural en yacimientos no convencionales. Sin embargo, esa cifra no equivale a reservas disponibles para su producción.
El comité técnico identificó las cuencas de Burgos y Sabinas-Burro-Picachos como aquellas que pueden ser evaluadas para una eventual explotación. En conjunto, concentran alrededor de 120.8 billones de pies cúbicos de recursos prospectivos.
El resto corresponde a la cuenca Tampico-Misantla, cuya explotación fue descartada por razones ambientales y sociales.
La diferencia entre recursos prospectivos y reservas es central para determinar el alcance real de la propuesta. Los primeros representan un potencial geológico estimado; las reservas, en cambio, son el volumen que puede extraerse bajo condiciones técnicas y económicamente viables .
Porres Luna advierte que México todavía no cuenta con la información suficiente para determinar cuánto de los recursos prospectivos identificados puede convertirse en reservas.
“Nosotros sabemos que sí hay potencial, pero nosotros no hemos evaluado cuántas reservas tenemos. Hay ciertas simulaciones pero esas no siempre se cumplen, entonces uno de los puntos cruciales en este momento es ver cuántos recursos pueden pasar a reservas para llevarlo a la superficie y determinar la viabilidad comercial”, puntualizó.
Por ello, antes de plantear un desarrollo a gran escala, el siguiente paso será realizar estudios exploratorios que permitan conocer las características de las formaciones y determinar cuánto gas puede recuperarse efectivamente.
La respuesta a esas preguntas será la que determine si el gas no convencional puede convertirse en una pieza de la estrategia de soberanía energética de México o si continuará siendo únicamente un recurso potencial bajo tierra.