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Pemex concentra la demanda de combustibles y presiona el abasto en gasolineras

Los problemas logísticos de Pemex dificultan el abasto regular de combustibles en las estaciones de servicio y pueden dejar a los consumidores sin producto al momento de cargar sus vehículos.
Estación de servicio ubicada en Villa de Aragón. Trabajador está cerrando con conos los accesos al ya no contar con combustible para vender.
La presión sobre los inventarios y la infraestructura logística, agravada por las condiciones meteorológicas en el Pacífico, complica el suministro. (Diana Gante )

Los descuentos que ofrece Pemex en la venta de combustibles al mayoreo ha concentrado la demanda en la petrolera estatal, una dinámica que presiona su capacidad logística y dificulta el abasto de combustibles a algunas estaciones de servicio, pese a que no existe una falta generalizada de producto en el país.

La estrategia responde a la presión que ejercen los altos precios internacionales de los combustibles sobre el mercado mexicano. Para evitar que estos incrementos se trasladen por completo a los consumidores y disparen la inflación, el gobierno ha recurrido a un pacto voluntario de precios máximos para la gasolina regular y el diésel, una decisión que ha dejado a Pemex con buena parte del costo de contener los precios.

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El problema es que la petrolera puede ofrecer condiciones de venta que los importadores privados no están en posición de igualar. Mientras Pemex vende a precios más bajos en sus terminales de reparto, las empresas que traen combustibles del extranjero deben adquirirlos a valores de mercado, lo que reduce su competitividad y lleva a las estaciones de servicio a buscar un mayor volumen de suministro en la empresa estatal.

Desde abril y hasta octubre, la diferencia entre los precios de mayoreo de Pemex y los de los proveedores privados se amplió. De acuerdo con PetroIntelligence, la gasolina regular de los importadores cuesta 4.86 pesos por litro más que la de Pemex, mientras que la brecha alcanza 3.72 pesos en la premium y 2.76 pesos en el diésel.

“Esta diferencia ha incentivado a las estaciones a adquirir un mayor volumen de combustible de Pemex, lo que ha incrementado la presión sobre su capacidad de suministro y ha contribuido a las condiciones de abasto débil ”, expuso la consultora.

La concentración de las compras también deja en una posición complicada a las estaciones que dependen de contratos con proveedores privados. Aunque algunas tienen acuerdos de suministro mixto, el diferencial de precios las incentiva a comprar a Pemex todo el combustible que puedan, lo que aumenta la demanda sobre su infraestructura de distribución.

“Desde el pacto voluntario empezamos a ver un precio masivo en los precios internacionales y Pemex es el único que los ha contenido. Eso ocasiona que todos los privados que importan prácticamente estén fuera de mercado”, explicó Alejandro Montufar, CEO de PetroIntelligence, en entrevista.

"Nadie les quiere comprar a los importadores a menos que tengan un contrato comercial que los obligue. Aquellas que tienen contratos de suministro mixto básicamente le están comprando todo a Pemex", añadió.

Los precios contenidos elevan la presión sobre Pemex

El reto de mantener los combustibles por debajo de los precios internacionales también depende de los estímulos fiscales. El precio promedio nacional de la gasolina regular es de 23.20 pesos por litro, el de la premium es de 28.60 pesos y el del diésel, de 27 pesos.

En el caso de la gasolina regular y el diésel, el pacto voluntario establece precios máximos de 24 y 27 pesos por litro, respectivamente. Sin embargo, los precios promedio al consumidor ya incorporan los estímulos al IEPS que aplica semanalmente la Secretaría de Hacienda.

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Del 10 al 16 de octubre, la gasolina regular cuenta con un estímulo de 64.3%, equivalente a 4.30 pesos por litro. Para la premium, el apoyo es de 71.2%, o 4.03 pesos por litro, mientras que el diésel recibe un estímulo de 100%, equivalente a 7.36 pesos por litro, además de un subsidio complementario de 1.09 pesos por litro.

Sin estos apoyos fiscales, y al sumar los estímulos a los precios promedio actuales, la gasolina regular costaría alrededor de 27.50 pesos por litro; la premium, 32.63 pesos, y el diésel, 35.45 pesos.

La contención de precios, no obstante, tiene efectos sobre el mercado mayorista. Cuando los combustibles importados son más caros que los que vende Pemex, los proveedores privados pierden clientes y la demanda se concentra en las terminales de la petrolera, que deben responder a un mayor volumen de pedidos con la capacidad logística disponible.

Por ello, Montufar subrayó que la falta de combustible reportada en algunas gasolineras de distintos estados, incluida la Ciudad de México y el Estado de México, no necesariamente significa que el país carezca de producto.

El problema, explicó, está en la distribución de combustibles. La disponibilidad de combustible en el mercado nacional no garantiza que llegue a tiempo a cada estación, sobre todo cuando aumenta la demanda en determinados puntos o se presentan restricciones en las terminales habituales de suministro.

El diésel más barato atrae a consumidores de Estados Unidos

A la presión generada por el desplazamiento de los importadores se suma la diferencia de precios entre México y Estados Unidos, particularmente en el diésel. La gasolina y el diésel más baratos del lado mexicano incentivan las compras en la frontera, lo que eleva la demanda sobre los inventarios disponibles y la infraestructura logística.

El análisis Situación de abasto débil se acentúa en el Pacífico Mexicano. Presión logística y riesgo para el Pacto Voluntario de Precios, elaborado por PetroIntelligence, advierte que el fenómeno ya se había presentado en 2022 y que vuelve a presionar el suministro.

“Estas compras han incrementado la demanda sobre los inventarios disponibles y han ejercido una mayor presión sobre la infraestructura logística que abastece al mercado mexicano, agravando la situación de abasto débil actual”, apunta el documento.

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Los precios reportados por la plataforma estadounidense AAA Gas Prices muestran la diferencia. La gasolina regular se vende en Estados Unidos a 4.33 dólares por galón, equivalente a 20.98 pesos por litro, mientras que la gasolina de primera calidad, con más de 91 octanos, cuesta 5.25 dólares por galón, unos 25.40 pesos por litro.

En el diésel la diferencia es mayor. El precio estadounidense de 6.31 dólares por galón equivale a 30.74 pesos por litro, frente a los 27 pesos por litro del precio máximo establecido en México. La brecha de 3.74 pesos por litro incentiva a los consumidores que pueden abastecerse en territorio mexicano a hacerlo de este lado de la frontera.

La demanda adicional se suma a la de las estaciones de servicio que han sustituido compras a importadores por combustible de Pemex, lo que reduce el margen de maniobra del sistema de distribución.

La distancia a las terminales encarece el suministro

La disponibilidad de combustible también depende de la ubicación de las estaciones y de las terminales de almacenamiento y reparto que las abastecen. Los costos de traslado y los tiempos de entrega varían según la distancia, por lo que una interrupción en el suministro de una terminal puede afectar con mayor fuerza a las gasolineras que tienen menos alternativas cercanas.

Cuando una terminal no cuenta con suficiente producto, las pipas deben recurrir a instalaciones más lejanas. Esto incrementa los kilómetros recorridos, los tiempos de espera y el costo del flete de combustibles, gastos que presionan los márgenes de operación de las estaciones de servicio.

En el Pacífico mexicano, las condiciones meteorológicas han complicado todavía más la logística. El fenómeno de mar de fondo ha restringido la llegada de buques y las operaciones de descarga, lo que dificulta la reposición de inventarios.

Mazatlán es uno de los puntos donde se refleja este problema. Desde el 2 de octubre, las restricciones al suministro han obligado a recurrir a la terminal de Topolobampo, una alternativa que aumenta las distancias de traslado y los tiempos de entrega.

De acuerdo con PetroIntelligence, el cambio ha generado sobrecostos de flete de entre 65 y 90 centavos por litro. El gasto adicional reduce el margen de las estaciones y complica el cumplimiento de los precios comprometidos en el pacto voluntario.

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