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Transportistas advierten la ola inflacionaria que desataría la escasez de diésel

Cada peso que aumenta el precio del diésel puede elevar alrededor de 4% el costo de los fletes, una presión que termina trasladándose a las mercancías y encarece el abasto para los consumidores.
Un camión que transporta un contenedor de Maersk carga combustible en una gasolinería. Esto ocurre en un momento de alzas a los combustibles a nivel global.
El costo del diésel representa hasta 30% de los costos operativos del sector transportista. (PATRICK T. FALLON/AFP )

La eventual interrupción de las exportaciones de diésel de Estados Unidos hacia México ya encendió las alertas entre los transportistas de carga, que advierten que una falta de combustible no solo dejaría camiones detenidos, sino que también elevaría los costos logísticos y terminaría presionando el precio de las mercancías.

México importa alrededor de 40% del diésel que consume, y la mayor parte de esas compras proviene de Estados Unidos. Para el autotransporte de carga, el riesgo es mayor porque este combustible representa 95% de su fuente de energía.

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“Son más de 466,000 vehículos de carga los que diariamente están transitando por las carreteras federales. El impacto por día a la economía nacional del autotransporte de carga, si no opera por falta de combustible, sería de 7,194 millones de pesos diariamente”, expone Augusto Ramos Melo, presidente de la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga (Canacar), a petición de Expansión.

Hasta ahora, México no enfrenta un problema de suministro y la posibilidad planteada por Donald Trump, presidente de Estados Unidos, de restringir las exportaciones de diésel no se ha concretado. Pero la dependencia del mercado estadounidense llevó al sector a preparar medidas para contener un eventual desabasto.

“Ya tenemos incluso propuestas para ver cómo haríamos esa contención en caso del mismo, para que no llegue ese desabasto. Es un monto importante a mencionar (las pérdidas que esto implicaría), pero estamos preparados. Ya lo trabajamos incluso con Secretaría de Energía y con Pemex para garantizar el abasto del diésel”, afirma Ramos.

Un riesgo que llega hasta el consumidor

El problema para los transportistas no termina en los patios de las empresas. El autotransporte es uno de los principales eslabones para llevar mercancías entre centros de producción, almacenes, comercios y consumidores, por lo que una interrupción del servicio tendría efectos sobre el abasto.

Una menor disponibilidad de combustible implicaría camiones detenidos y pausas en las operaciones de logística y transporte de mercancías, además de presiones sobre los ingresos de los conductores. Para las empresas, el problema también se traduciría en mayores costos cuando el combustible disponible se encareciera.

El diésel ya representa una presión importante para la industria. El gasto en combustible equivale a alrededor de 30% de los costos del autotransporte, de acuerdo con Ramos, por lo que cualquier incremento tiene una repercusión directa en las tarifas.

La expectativa del sector es que por cada peso que aumenta el precio del diésel, el incremento termine reflejándose en alrededor de 4% en el precio de los fletes. El encarecimiento de los fletes , a su vez, puede trasladarse al precio de los productos.

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El diésel como punto de presión

El combustible ha ocupado buena parte de la agenda del autotransporte durante el último año, en un escenario de mayores costos que ha puesto presión sobre los márgenes de las empresas.

En este escenario, el estímulo fiscal al IEPS aplicado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público ha funcionado para el sector como un mecanismo para amortiguar parte de los incrementos en el precio del combustible.

“Sabemos que un incremento en diésel es un impacto directo al costo de las mercancías, sin embargo, hay un impuesto conocido como IEPS, el cual es un estímulo también para nosotros y que nos ayuda a tener un respiro en este sector, que sabemos que es un sector muy vulnerable y muy perceptivo a cualquier impacto que tengamos en tema de sobrecostos”, señala Ramos.

A esta medida se suma el acuerdo voluntario para mantener el precio de la gasolina y el diésel en un máximo de 27 pesos por litro, que comenzó a aplicarse gradualmente desde el 1 de mayo. Para los transportistas, contener el precio del combustible ayuda a evitar que la presión se traslade de inmediato a las tarifas de transporte y, posteriormente, a las mercancías.

“El impacto hacia nuestro sector es subir los costos de los fletes (cuando aumenta el diésel). Eso implica subir el costo de las mercancías. Nosotros estamos también muy cercanos cuidando que no suba esa cifra. También somos observadores de garantizar que cuando consumimos combustible se cumpla con la petición que está haciendo la presidenta (de no pasar de los 27 pesos)”, expone el presidente de Canacar.

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