En una residencia diplomática estadounidense, el automóvil también sirvió para hablar de una industria que ha construido buena parte de su competitividad sobre la integración productiva entre México y Estados Unidos, precisamente cuando las decisiones comerciales de ambos gobiernos ponen esa relación a prueba.
El primero en tomar la palabra fue Johnson. Desde el jardín de su residencia, el diplomático recordó que conoció la industria automotriz desde la infancia, cuando trabajaba con su padre en una pequeña tienda de autopartes en Alabama. Juntos reconstruyeron el motor de una camioneta Chevrolet, una experiencia que, contó, le permitió entender cómo los automóviles conectan a las personas con una actividad económica capaz de generar empleos a ambos lados de la frontera.
“Es una de las muestras más claras de cuán profundamente integrados están Estados Unidos y México”, dijo al referirse a la industria automotriz.
El embajador explicó que un vehículo puede cruzar la frontera entre ambos países seis o siete veces antes de llegar al consumidor. Esa circulación refleja una red en la que participan fabricantes, proveedores, trabajadores e inversionistas, cuyo desempeño depende de que las operaciones de ambos lados puedan funcionar de manera coordinada.
Este reconocimiento ocurre en medio de las medidas comerciales adoptadas por el gobierno estadounidense, que incluyen aranceles a los vehículos importados, gravámenes al acero y al aluminio y nuevas exigencias relacionadas con el contenido de origen estadounidense, disposiciones que han presionado a una industria organizada alrededor de cadenas de suministro compartidas, llevando a las automotrices a revisar dónde fabrican y cómo distribuyen sus productos.
General Motors ya ha anunciado ajustes en sus operaciones, como el traslado de líneas de producción de sus SUV Equinox y Blazer hacia Estados Unidos. Al mismo tiempo, la compañía prepara el ensamble de los modelos Chevrolet Aveo y Groove en su planta de Ramos Arizpe, Coahuila, mediante kits importados de China.
Pero en el jardín de la residencia diplomática, sin embargo, el mensaje de la compañía tenía otro acento.