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Los conflictos olvidados. Etiopía y la región del Tigray

Mientras Gaza, Ucrania e Irán concentran la atención mediática, decenas de conflictos en otras regiones permanecen relegados pese a sus consecuencias humanas.
Las fuerzas de seguridad patrullan en la calle después de que el ejército etíope tomó contra de la ciudad de Amhara de manos de los rebeldes del Ejército de Liberación del Pueblo del Tigray en Etiopia.
El conflicto en el norte de Etiopía comenzó en noviembre de 2020 después de que el primer ministro, Abiy Ahmed, envió al ejército para desalojar a los rebeldes del Frente de Liberación del Pueblo del Tigray. (FOTO: Minasse Wondimu Hailu/Anadolu Agency via AFP)

El informe sobre conflictos, derechos humanos y construcción de la paz que emite anualmente la Escuela de Cultura de Paz (ECP) de la Universitat Autónoma de Barcelona, registra 40 conflictos internacionales en 2025, mientras el sistema de naciones mantiene atención únicamente en una cantidad no mayor a los cinco. Gaza, Ucrania, Irán, Líbano y unos cuantos más, copan los espacios en los medios de comunicación en el mundo, mientras en otras latitudes se pierden igual o mayor cantidad de vidas ante el desdén del planeta.

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Etiopía es uno de los casos más representativos de esta evasión global. En 2020 el entonces primer ministro Abiy Ahmed declara la guerra al Frente de Liberación del Pueblo de Tigray. El conflicto cesa en 2022 tras la firma de un alto al fuego. El conflicto que duró sólo dos años (2020-2022) tuvo una pérdida de entre 600 y 800,000 vidas de civiles, sin contar con los muertos de los bandos militares que se calculan entre 100 y 200,000.

Se trata de uno de los conflictos más costosos en términos de vidas pues sólo basta comparar el caso etíope con el conflicto en Siria, que duró entre 2011 y 2024 y que supuso una pérdida de poco más de 300,000 vidas; o el caso del conflicto en Yemen que se mantiene desde 2014 y que hasta el momento ha generado la muerte de poco más de 370,000 personas.

Otro hecho perturbador en el caso del conflicto en Etiopía es la forma en que fallecieron estas poblaciones. Los bombardeos generaron el 10% de los muertos; la falta de asistencia médica el 30% y la falta de comida el 60%, es decir, se trata de un conflicto en el cual la comida se utilizó como un arma de guerra. Las estimaciones sobre este último indica que en este país murieron un promedio de 600 personas cada día por causas asociadas al hambre, no al conflicto propiamente dicho.


Según la Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria, que son los criterios que usan los organismos internacionales para medir este flagelo, en Etiopía, a seis meses de iniciado el conflicto había 5.5 millones de personas en situación Fase 4 (emergencia); 350,000 en fase 5 (hambruna), con un estimado general de 9 millones de personas en situación de urgencia humanitaria.

Es por supuesto es de la mayor legitimidad abordar los problemas derivados del diferendo ruso-ucraniano o las graves violaciones a los derechos humanos en Gaza, pero lo que no se puede permitir es que la atención sobre estos asuntos desvíe la atención de otros conflictos que están costando la vida de decenas de vidas cada día, que configuran con claridad delitos de lesa humanidad y en donde se usa el alimento como arma de guerra.

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*Javier Urbano es profesor e investigador en el Departamento de Estudios Internacionales (DEI) de la Universidad Iberoamericana (UIA), investigador del DGAPA PAPIIT IN302626. “América Latina y el Caribe frente a las políticas migratorias de Trump 2.0. Respuestas y propuestas ante las extorsiones, las expulsiones y los procesos de reintegración de deportados”.

javier.urbano@ibero.mx

Nota editorial: Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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