El martes 9 de julio, a las 11 de la mañana, un balde de agua fría cayó sobre el mercado: el entonces secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, renunció a su cargo por estar inconforme por las “imposiciones” del gobierno.
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“La noticia mandó una mala señal a los mercados. Viniendo de él, llama mucho la atención, porque él es muy ortodoxo y los mercados lo tenían en buena percepción”, explica Carlos González, director de Análisis y Estrategia Bursátil de Monex.
Urzúa hizo pública su carta de renuncia a través de una publicación en su cuenta de Twitter. Tras su tuit, los monitores que siguen en tiempo real el movimiento de la moneda parecían el velocímetro de un auto en Periférico en la madrugada. El peso llegó a depreciarse 2.5%, y pasó de 18.91 a 19.35 unidades por dólar.
“Al final son momentos de tensión y volatilidad, porque lo más curioso de todo fueron las formas, dejando ver que su molestia era por las decisiones que se habían tomado en materia pública. Eso, obviamente, muestra confrontaciones y dejó al descubierto la gran discrepancia entre ideas”, cuenta Guillermo Delgado, director de Operaciones de Black Wallstreet Capital México (BWC), firma de asesoría en inversiones.
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BWC supo aprovechar el momento. Su estrategia favorece las compras del peso cuando están debajo de 19.20 por unidad, y se van por ventas cuando supera los 19.80 pesos por dólar. En esos momentos decidieron vender algunas de las posiciones de sus clientes y tomar parte de las utilidades.