Otro de los factores que impulsó a la moneda fue la firma del tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), un tema que estuvo afectando al peso desde principios de 2017, cuando Donald Trump llegó a la presidencia de Estados Unidos.
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Ahora, el peso está a la espera de la ratificación del tratado por cada uno de los países. México es el único de los tres que lo ha ratificado, pero los analistas están optimistas de que Estados Unidos y Canadá hagan lo mismo antes de que concluya 2019. “De haber avances significativos en los próximos días, es probable que el peso mexicano muestre una recuperación”, señala Gabriela Siller, directora de Análisis Económico-Financiero de banco Base.
El peso también está bajo presión por las protestas de los países latinoamericanos -como Chile, Ecuador y Colombia-. Si bien, México no tiene una relación comercial tan fuerte -como con Estados Unidos- la moneda podría depreciarse, ya que es una de las más líquidas (que se vende y compra fácilmente) y opera las 24 horas, “por lo que es empleada para cubrir riesgos en otros países latinoamericanos”, explica Siller.
Entre los factores internos que pueden tener un efecto en la moneda están los datos económicos, señala Esparza. La economía mexicana entró en recesión técnica (dos trimestres consecutivos de caídas), pero continúa siendo un país atractivo para la inversión debido a la estabilidad política que tiene, dice el especialista, lo que mantiene a la moneda en los niveles actuales.