Aunque después moderó parte del avance, SpaceX quedó prácticamente a la par de Amazon y por encima de Meta y Tesla, dos integrantes del grupo que durante los últimos años concentró buena parte de la narrativa tecnológica del mercado.
¿Cuáles son las 7 Magníficas?
Las Magníficas 7 —Apple, Microsoft, Alphabet, Amazon, Nvidia, Meta y Tesla— funcionaron como una forma sencilla de explicar la concentración del rally tecnológico en Estados Unidos. Pero la entrada de SpaceX a ese nivel de valuación muestra que el mercado ya no está premiando solo a las plataformas digitales, los chips, el comercio electrónico o el software, sino también a empresas que controlan infraestructura física crítica para la siguiente etapa de la inteligencia artificial.
SpaceX no llega al mercado con el perfil financiero típico de una megacapitalización tecnológica madura. Amazon, Microsoft, Alphabet o Apple tienen negocios consolidados, utilidades robustas y flujos recurrentes. SpaceX, en cambio, combina negocios de alto crecimiento —lanzamientos espaciales, satélites, Starlink, conectividad global y ahora inteligencia artificial— con una valuación que descansa más en expectativas futuras que en resultados presentes.
En cambio, la empresa liderada por Elon Musk registró ingresos por 18,670 millones de dólares en 2025, pero también una pérdida de 4,940 millones tras la adquisición de xAI. Aun así, el mercado le ha asignado una capitalización cercana a la de Amazon, una empresa con décadas de operación bursátil, liderazgo en comercio electrónico, publicidad digital y nube.
Además, SpaceX se presentó ante inversionistas no solo como una empresa aeroespacial, sino como una compañía de inteligencia artificial apoyada en activos difíciles de replicar, como una red satelital global, infraestructura de conectividad, capacidad de cómputo, datos, software y el ecosistema empresarial de Musk.
Dicha imagen se reforzó después de que la empresa anunciara la adquisición de Cursor por 60,000 millones de dólares. Cursor desarrolla herramientas de codificación con IA usadas por programadores para generar, revisar y editar código, un segmento donde compite la nueva generación de plataformas de productividad apoyadas en modelos avanzados.
La operación, que se prevé cerrar en el tercer trimestre, le permite a SpaceX sumar una capa de software a su infraestructura espacial, satelital y de conectividad, y fortalece su intento de ser leída por el mercado no solo como una empresa aeroespacial, sino como un jugador integral de IA frente a compañías como OpenAI y Anthropic.
UBS ha descrito este cambio como una nueva fase de inversión en inteligencia artificial y mantiene una visión constructiva sobre la tesis de IA, pero advierte que la siguiente etapa del gasto se distribuirá de forma más amplia entre semiconductores, memoria, óptica, componentes vinculados con energía y equipo de capital para semiconductores. En otras palabras, el mercado empieza a mirar más allá de los modelos y de los chips y también busca a las empresas capaces de sostener la infraestructura que hará posible la IA a escala.
Eso explicaría por qué SpaceX puede ser vista como algo más que una “octava magnífica”. Su atractivo no depende únicamente de vender cohetes o internet satelital, sino de la posibilidad de convertirse en una capa de infraestructura para la economía de la inteligencia artificial.
Goldman Sachs, en un análisis reciente, estimó que la construcción de infraestructura para IA podría requerir alrededor de 7.6 billones de dólares entre 2026 y 2031, considerando cómputo, centros de datos y energía. Para la firma, el próximo reto para el mercado serán las restricciones físicas de la oferta, tales como vida útil de los chips, arquitectura de los sistemas, disponibilidad de energía, costos de centros de datos, mano de obra y equipo.
Pero el rally de SpaceX también tiene un fuerte impulso especulativo, ya que fue amplificado por el inicio de operaciones con opciones sobre la acción y por un flotante limitado tras la OPI, condiciones que pueden acelerar tanto las subidas como las correcciones. Además, la valuación implica múltiplos muy superiores a los de compañías que ya generan utilidades masivas. El mercado está pagando por una promesa de infraestructura futura, no por una rentabilidad plenamente comprobada.