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Xi Jinping, el más poderoso dirigente chino en 25 años

Acumula ya casi todas las funciones en su país, y con omnipresencia en los medios, buscará un nuevo mandato de 5 años en congreso del Partido Comunista.
Xi jinping china
Xi Jinping Su omnipresencia mediática recuerda el más puro estilo soviético, todo ello acompañado por un retorno de la ideología, la propaganda. (Foto: AFP/Greg Baker)

Xi Jinping, considerado como el dirigente más poderoso de China de los últimos 25 años, como lo fueran antes Mao Zedong y Deng Xiaoping, acumula ya casi todas las funciones en su país, sin apenas concesiones a la sociedad civil.

Omnipresente en los medios, al punto de ser comparado con Mao, fundador del régimen, Xi, de 64 años, obtendrá sin duda un nuevo mandato de cinco años en el Congreso del Partido comunista chino (PCC) que se inicia el miércoles en Pekín.

Este hombre de rostro redondo y gruesa figura acumula las mayores funciones a la cabeza de la segunda potencia económica mundial: secretario general del PCC, presidente de la República Popular y de la comisión militar central.

"Representa lo que los chinos quieren en términos de gobierno: un país bien dirigido, una China fuerte y respetada" observa el sinólogo (estudioso de la cultura China) Jean-Pierre Cabestan, de la Universidad bautista de Hong Kong.

El "sueño chino" de un "gran renacimiento" del país más poblado del mundo --1,380 millones de personas-- tras un siglo de humillación infligida por los occidentales, ocupa el centro del programa del presidente Xi.

Su omnipresencia mediática recuerda el más puro estilo soviético, todo ello acompañado por un retorno de la ideología, la propaganda y la represión contra quienes amenazan la estabilidad, empezando por las redes sociales, estrechamente vigiladas.

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El anti Gorbachov

"Xi Jinping se presenta como el anti Gorbachov. Es alguien que quedó traumatizado por la caída de la URSS, lo que explica la represión de la sociedad civil y el retorno de la ideología tras su llegada al poder", analiza el periodista François Bougon, autor de un reciente libro sobre el dirigente chino.

"Si nos desviamos del marxismo, o lo abandonamos, nuestro partido perderá su alma y su rumbo", advertía Xi el pasado mes, como si su partido no hubiera dado gigantescos pasos hacia la economía de mercado desde fines de los años 1970.

Xi Jinping nació en un entorno acomodado. Es hijo de Xi Zhongxun, uno de los fundadores de la guerrilla comunista y perteneciente a la casta de los "príncipes rojos", descendientes de los revolucionarios que llegaron al poder en 1949, antes de ser purgados por Mao.

Xi intentó hacer olvidar estos orígenes y cultiva una imagen de dirigente cercano al pueblo. La prensa oficial insiste en su vida en el ámbito rural durante la "revolución cultural" (1966-76), cuando vivía en una gruta.

Al final de los disturbios de la era maoísta, Xi Jinping se diplomó como ingeniero químico por la prestigiosa universidad de Tsinghua en Pekín aunque acabó haciendo carrera en el aparato del partido, en el que entró con apenas 21 años.

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El presidente chino ya conocía entonces Estados Unidos: estuvo en Iowa en 1985 para estudiar agricultura. Se divorció y en 1987 se casó con la cantante Peng Liyuan, por aquel entonces mucho más famosa que él. El matrimonio tiene una hija.

Xi Jinping fue gobernador de Fujian en 2000 y jefe del partido en Zhejiang en 2002, dos provincias costeras que son un escaparate de la China reformista. El presidente Hu Jintao recurrió a él en 2007 para pedirle que pusiera orden en Shanghái, donde el jefe del partido había caído por un escándalo de corrupción.

Ese mismo año Xi Jinping entró en el comité permanente del buró político, cenáculo del PCC, a cuyo mando se puso en noviembre de 2012.

Xi ha convertido la lucha contra la corrupción en la seña de su mandato: desde hace cinco años, más de un millón de directivos han sido sancionados y otros están entre rejas. Hay quien sospecha que esta campaña trata de encubrir una purga de la oposición interna.

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