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California lidera la 'rebelión' climática contra Trump

Mientras EU da la espalda a la batalla contra el cambio climático, una resistencia formada por actores de todo el mundo alza la voz en California para reivindicar el compromiso con el Acuerdo de París
Cambio climático.
Cambio climático. Una estatua de oso polar hecha de techos de autos se ve frente al Ferry Building de San Francisco durante la Cumbre de Acción Climática Global.

SAN FRANCISCO (Expansión)- Mientras el gobierno federal de Estados Unidos da la espalda al consenso internacional contra el cambio climático, una resistencia conformada por gobernadores, alcaldes, corporaciones, universidades, entre otros actores de todo el mundo, alzó la voz en California para reivindicar el compromiso estadounidense con los objetivos pactados en el Acuerdo de París.

Convocados por el gobernador de California, Edmund Gerald 'Jerry' Brown, Jr., estos “actores subnacionales” (como son conocidos en la jerga de las negociaciones climáticas, en las que participan sólo gobiernos nacionales) abrieron un boquete al aislacionismo climático construido por Donald Trump en la Cumbre Global de Acción Climática, realizada la semana pasada en San Francisco.

La tercera economía del mundo

Un momento clave de la cumbre fue protagonizado por Brown y otros gobernadores de los 17 estados que componen la Alianza Climática de Estados Unidos, la cual fue fundada el año pasado, menos de 48 horas después de que Trump anunciara la retirada estadounidense del Acuerdo de París.

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Los representantes de California, Connecticut, Hawaii y Washington se desmarcaron tajantemente de la dirección emprendida por la Casa Blanca y reafirmaron las acciones ambientales emprendidas en sus estados. “Hemos sido exitosos en el propósito fundamental de esta alianza, que es asegurarle al mundo que (Estados Unidos) aún está dentro del Acuerdo de París, y asegurarnos de que el mundo entendiera que aún hay vida inteligente en Estados Unidos”, aseguró en rueda de prensa conjunta el gobernador de Washington, el demócrata Jay Islee.

En poco más de un año de vida, los estados articulados en la Alianza Climática de Estados Unidos han crecido económicamente más rápido que sus contrapartes fuera de la alianza y representan el 40% de la economía estadounidense.

“Si (los estados de esta alianza) fuéramos una nación diferente representaríamos la tercera economía más grande del mundo”, recordó Islee, quien se dijo seguro que más gobernadores se unirían al grupo el 6 de noviembre próximo, al ver los resultados de las elecciones intermedias en el país.

En un posicionamiento oficial emitido durante la conferencia, la Alianza Climática de Estados Unidos reconoció que el desmantelamiento del marco regulatorio ambiental realizado por el gobierno federal “desacelerará la reducción de contaminación por carbono en el país”, ocasionando costos a la población superiores a los 300,000 millones de dólares, una cifra similar a lo que la Casa Blanca afirma que cuesta la inmigración ilegal.

Ante esto, la alianza anunció nuevas acciones dirigidas a mitigar el carbono, entre las que destacan secuestrar carbono en los suelos forestales y agrícolas, y un presupuesto de 1,400 millones de dólares para disminuir las emisiones del sector transporte.

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“La producción de petróleo (en California) ha disminuido 17% El verdadero problema es que el consumo (de combustibles fósiles) subió 4% durante mi administración, así que tenemos que sustituir los vehículos a gasolina con vehículos eléctricos o de hidrógeno”, explicó el gobernador de California, donde ya proliferan autos eléctricos más que en ningún otro estado del país, incluyendo los icónicos Tesla.

Cumpliendo el compromiso estadounidense

La cumbre en San Francisco, agendada desde 2015 a petición de la entonces secretaria ejecutiva de Naciones Unidas contra el Cambio Climático, Christiana Figueres, fue precedida de anuncios de distintos sectores en una suerte de puja de acciones contra el cambio climático.

El mismo Brown, quien a sus 80 años pretende retirarse de la política en enero próximo dejando un legado ambiental, firmó en las vísperas de la cumbre una ley que obliga al estado (la cuarta economía mundial) a obtener el 100% de su energía eléctrica de fuentes renovables a más tardar en 2045. California se convirtió así en el segundo estado, después de Hawaii, y sin duda en el referente político más claro, de esta ambiciosa meta ambiental en Estados Unidos.

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Otra carta en la baraja de 'Jerry' Brown fue la presentación del reporte Cumpliendo el compromiso estadounidense, el cual sostiene que los “actores de la economía real” (ciudades, estados, empresas y demás actores subnacionales) tienen el potencial de reducir 24% de las emisiones en Estados Unidos para 2025.

Esto representa una “distancia contundente” del compromiso del 26-28% suscrito por la administración de Barack Obama en el Acuerdo de París, por lo que podría ser un hito, especialmente bajo la sombra de Donald Trump.

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“Este análisis demuestra que una profunda decarbonización (80% o más para 2050) puede ser liderada por esfuerzos de base de actores de la economía real, pero sólo con una colaboración y compromiso profundos”, señala el reporte, comisionado también por Michael Bloomberg, ex gobernador de Nueva York y enviado especial para la acción climática de Naciones Unidas.

Entre las 10 acciones clave propuestas en el documento están duplicar los objetivos de energías renovables, acelerar la adopción de vehículos eléctricos, desarrollar estrategias regionales de captación de carbono en suelos y la formación de coaliciones estatales para poner precio al carbono.

“Mientras que los titulares se enfocan en las peleas políticas de Washington, la verdadera acción en cuanto a cambio climático está ocurriendo en ciudades, estados y el sector privado. Estos grupos están impulsando a Estados Unidos a mantener nuestro fin en el Acuerdo de París, sin importar lo que ocurra en Washington. Este reporte muestra que Estados Unidos se encuentra casi a la mitad de nuestro objetivo de París, y destaca pasos que las ciudades, estados y empresas pueden dar para llevarnos por lo que falta del camino”, indicó Bloomberg.

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La cuarta revolución industrial

No obstante la ubicuidad de los discursos políticos, la iniciativa también vino de parte de los empresarios. En el inicio de la cumbre el jueves pasado, un grupo de 21 empresas entre las que destacan Bloomberg, Hewlett Packard y Uber, anunció la integración de una alianza (Step Up) para “vincular el poder de las tecnologías emergentes y de la cuarta revolución industrial para ayudar a reducir las emisiones a través de todos los sectores de la economía y asegurar un punto de inflexión climático para 2020”, año en que las emisiones globales de gases de efecto invernadero deben de alcanzar su máximo si queremos evitar los peores efectos del cambio climático.

La alianza, que representan un valor de mercado de 750,000 millones de dólares, considera que el potencial transformador de esta revolución tecnológica (plasmada en fenómenos como digitalización, internet móvil, inteligencia artificial, la nube y el internet de las cosas) “proporciona una oportunidad única para acelerar la transformación global a un futuro decarbonizado” y que, ultimadamente, la lucha contra el cambio climático “es una enorme oportunidad de negocios”.

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Estos actores high tech tienen una incidencia directísima en en sectores como el procesamiento de información, finanzas, telecomunicaciones y transportes. Uber es un buen ejemplo de este último sector.

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“Los sistemas de transporte dominados por la propiedad personal de los autos son ineficientes e insostenibles”, explicó al respecto Rachel Holt, vicepresidenta de la compañía fundada y afincada en San Francisco.

“Uber está comprometida en mejorar la movilidad promoviendo viajes compartidos y eléctricos, e integrando nuevos modos de transporte como bicicletas y patines eléctricos”, añadió Holt.

En enero de este año, Uber adquirió el servicio de bicicletas públicas Jump, por lo que actualmente en ciudades como San Francisco es posible rentar desde la aplicación de Uber una bicicleta geolocalizada, sin punto de anclaje fijo y con un pedaleo asistido por un motor eléctrico y una batería que brindan hasta 60 kilómetros de autonomía.

Ciudades y otros países

En la cumbre celebrada en el Moscone Center de San Francisco –un evento que también marcó un récord en gestión ambiental de eventos, con la certificación ISO 20121--, varios actores lograron construir un puente con Estados Unidos luego de la cerrazón de la administración Trump. México fue uno de ellos.

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Representantes de los gobiernos federales de México y Canadá, y de la Alianza Climática de Estados Unidos acordaron una agenda climática que abarca vehículos eléctricos, un objetivo de 50% de la energía generada en la región libre de carbono para 2025, estrategias de reducción de contaminantes de vida corta, captura de carbono en suelos, aumento en la resiliencia de comunidades costeras y ecosistemas marítimos, además de un reconocimiento de los costos sociales del carbono.

Por su parte, el gobierno mexicano anunció que México iniciaría su fase piloto del mercado de carbono en 2019 y operaría al 100% para 2022.

Las ciudades también aportaron un aluvión de compromisos y alianzas. Más de 70 urbes del mundo donde residen 425 millones de personas, incluyendo la Ciudad de México, refrendaron su compromiso de alcanzar la neutralidad de carbono para 2050, lo cual implica que no emitirán más gases de los que logran secuestrar o compensar.

En la cumbre, la secretaria de ambiente capitalina, Tanya Muller, recordó que la Ciudad de México fue la primera de América Latina en emitir un bono verde y un bono de carbono forestal.

La nueva economía climática

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Durante la semana, resonó un reporte presentado a principios de mes por la Comisión Global sobre Economía y Clima, que preside honorariamente el expresidente Felipe Calderón. Esta investigación cambia la narrativa climática, desterrando el mito de que combatir las emisiones de gases de efecto invernadero obstaculiza el crecimiento económico.

Titulado La nueva economía climática, el reporte apunta entre sus principales hallazgos que una transición acelerada hacia una economía de bajo carbono podría:

  • Resultar en 26 billones de dólares en beneficios económicos hacia 2030
  • Generar más de 64 millones de trabajos bajos en carbono en 2030, equivalentes a toda la fuerza laboral actual de Reino Unido y Egipto
  • Evitar más de 700,000 muertes prematuras por contaminación ambiental en 2030
  • Generar, a través de una reforma justa a los subsidios y poniendo precio al carbono, un estimado de 2.8 billones de dólares de ingresos a gobiernos para 2030
  • Cambiando a formas más sustentables de agricultura combinadas con una fuerte protección forestal, generar más de 2 billones de dólares en beneficios económicos, generando empleo, mejorando la seguridad alimentaria, y proveyendo una tercera parte de la solución al cambio climático
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  • Restaurando capital natural, especialmente los bosques, tierras degradadas y zonas costeras, fortalecer nuestras defensas y detonar la adaptación a los impactos del cambio climático.
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