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Theresa May defiende su proyecto de 'Brexit' ante un Reino Unido dividido

La primera ministra recibió duras críticas de los diputados probrexit quienes temen que el Reino Unido quede ligado a la Unión Europea durante años.
Un camino largo.
Un camino largo. El brexit ha sido negociado por más de dos años.

La jefa de gobierno británico, Theresa May, reunió este miércoles a su dividido consejo de ministros para intentar que apruebe el controvertido acuerdo de Brexit alcanzado con Bruselas, que costó dos años de difíciles negociaciones y ya recibió duras críticas en el parlamento.

Los miembros del gabinete llegaron a Downing Street para esta reunión extraordinaria que comenzó a primera hora de la tarde.

A las puertas del lugar se habían reunido unos 100 manifestantes, convocados por el grupo probrexit Leave means Leave (Partir es Partir), para pedirles que rechazasen un acuerdo que consideran una "traición" al espíritu del Brexit, previsto para el 29 de marzo.

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Poco antes, el proyecto de texto había recibido duras críticas en el parlamento de los diputados probrexit del propio Partido Conservador de May, quienes acusaron a la jefa del gobierno de haber hecho concesiones inaceptables a Bruselas y temen que el Reino Unido quede ligado a la Unión Europea durante años.

"Lo que hemos estado negociando es un acuerdo que cumple con lo que votó el pueblo británico", afirmó May ante la Cámara de los Comunes en Londres, donde partidarios y opositores del brexit fustigaron el proyecto, un documento de varios cientos de páginas cuyo contenido exacto aún se desconoce.

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"La primera ministra ha estado dos años negociando un mal acuerdo", afirmó el líder de la oposición, el laborista Jeremy Corbyn.

Londres y Bruselas alcanzan un “proyecto de acuerdo” sobre el brexit

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Los británicos decidieron en un referéndum el 23 de junio de 2016, con 52% de los votos, salir de la Unión Europea tras 43 años de integración.

Si el ejecutivo británico aprueba el proyecto de acuerdo, el texto podría publicarse este miércoles "y probablemente haya un consejo europeo el 25 de noviembre" para confirmarlo, afirmó en Dublín el primer ministro irlandés, Leo Varadkar, ante su propio parlamento.

Pero advirtió: "muchas cosas pueden salir mal hoy y en los próximos días".

"Momento de la verdad"

Ha llegado el "momento de la verdad", consideraba en portada el diario Daily Telegraph. Es el "día del juicio", afirmaba el Daily Mail.

El gabinete ha aparecido recientemente muy dividido sobre la cuestión, ministros euroescépticos y proeuropeos dimitieron en los últimos meses debido al Brexit y se teme que más puedan seguir, provocando una crisis de gobierno en uno de los momentos más críticos de la historia reciente de Reino Unido.

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Si es aprobado por el gabinete, el acuerdo deberá pasar un nuevo filtro: la ratificación por el parlamento, donde May -que se enfrenta a la rebelión de decenas de diputados conservadores- tiene una muy estrecha mayoría absoluta para la que depende del apoyo de los 10 diputados del pequeño partido norirlandés (DUP).

Pero su líder, Arlene Foster ya calificó de "inaceptable" el proyecto de acuerdo, considerando que "socava la integridad económica y constitucional del Reino Unido".

El mayor problema en las negociaciones fue cómo evitar la instauración de una frontera con vigilancia policial entre la República de Irlanda -miembro de la UE- y la provincia británica de Irlanda del Norte.

Londres y Bruselas estaban de acuerdo en que una frontera dura podría amenazar el acuerdo de paz de 1998 que puso fin a 30 años de sangriento conflicto en Irlanda del Norte.

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Gracias a la unión aduanera europea, las personas y las mercancías pueden circular libremente entre las dos Irlandas, lo que ha permitido reforzar los lazos intercomunitarios.

Las autoridades temen que si se instaura una infraestructura aduanera en la frontera tras el Brexit, esta pueda convertirse en blanco de grupos paramilitares disidentes.

Se prevé así que, mientras se busca una solución mejor, Reino Unido permanezca dentro de unión aduanera europea e Irlanda del Norte continúe además dentro del mercado único, lo que no sólo suscitó la ira del DUP -que rechaza cualquier trato diferente para la provincia- sino del gobierno de Escocia.

Tras haber rechazado en referéndum en 2014 independizarse de Reino Unido, Escocia se verá obligada a salir de la UE pese a que su población votó muy mayoritariamente contra el Brexit y considera injusto que Irlanda del Norte se mantenga de facto integrada en el bloque.

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