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Las mujeres reinaban en Japón hace siglos, ¿por qué ya no?

El sistema patriarcal y conservador japonés impide tener una emperatriz en el trono, pero no siempre fue así.
El fin de una era.
El fin de una era. El emperador Akihito abdicó este martes a favor del príncipe Naruhito.

(CNN)- La supervivencia de la monarquía más antigua del mundo dependerá de un niño después que el emperador Akihito abdicó este martes, lo que ha revivido los llamados a acabar con las leyes que impiden que las mujeres accedan al trono.

Hisahito, de 12 años, es hijo del príncipe heredero Akishino; es el segundo en la línea de sucesión al trono del crisantemo ahora que Naruhito, el hermano mayor de su padre, heredó la corona japonesa.

Akishino sería el primero en la línea de sucesión, pero ya tiene 53 años.

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"El futuro de la familia imperial depende de un muchachito, de que se mantenga sano y esté dispuesto a casarse y a tener hijos con su esposa", dijo Ben-Ami Shillony, profesor de japonés en la Universidad Hebrea de Jerusalén.

El Japón conservador y patriarcal excluye a las mujeres de la sucesión al trono aunque son 13 de los 18 miembros de la familia real. Sin embargo, no siempre fue así.

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Marca femenina.
Marca femenina. 4 de los 3 nietos del emperador Akihito, todos en la segunda fila en esta foto, son mujeres, pero ninguna de ellas accederá al trono con las leyes actuales.

Japón tuvo varias emperatrices a lo largo de varios siglos, hasta que se les prohibió acceder al trono en 1889.

Mujeres gobernantes

Algunos estudios arqueológicos de tumbas indican que en el occidente de Japón, en el siglo IV, predominaban las jefas, de acuerdo con Chizuko T. Allen, historiadora de la Universidad de Hawái.

Estas mujeres, sepultadas con armas y herramientas de hierro, eran líderes políticas, militares y religiosas competentes, explica Allen. Las tumbas de jefes varones empezaron a aparecer hasta el siglo V, según escribió en un ensayo que se publicó en la gaceta Japan Forum.

Aunque en el Japón antiguo era común la tradición de las jefas y las gobernantes, Shillony explica que en los libros de historia se tiende a enfatizar las hazañas de los emperadores.

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"Aunque las emperatrices hayan logrado muchas cosas, no se las considera tan prominentemente como a los emperadores", explicó.

Suiko, la primera emperatriz japonesa de la que se tiene registro, reinó unos 35 años, desde el 592 hasta su muerte; se le atribuye la creación de la primera Constitución del país. La poderosa emperatriz Koken reinó dos veces: primero, del 749 al 758, y luego como shotoku (regente) del 764 al 770; se dedicó a difundir el budismo más allá de la capital.

La emperatriz Genmei reinó del 707 al 715 e incluso abdicó en su hija Gensho porque pensaba que sería mejor monarca que el príncipe heredero Obito, de acuerdo con Hitomi Tonomura, historiadora de la Universidad de Michigan.

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Algunos historiadores afirman que las emperatrices eran simples títeres que abdicaban una vez que el heredero varón adecuado cumplía la mayoría de edad. Otros dicen que moldearon la historia de Japón más que sus similares varones.

"Desde la perspectiva moderna, es interesante pensar en la forma en la que se ha disminuido la contribución de las emperatrices pasadas de Japón a la historia", dijo Tonomura.

"Al ignorar totalmente a estas mujeres o interpretar su rol como meros 'rellenos' entre los hombres [imperiales], la sociedad japonesa no ofrece un imaginario histórico de lo que las mujeres pueden ser y hacer".

El Japón moderno

Cuando Japón empezó a modernizarse en la era Meiji, entre 1868 y 1912, los líderes de la época cambiaron el rol del emperador y lo reinstauraron como comandante en jefe de las fuerzas armadas.

Como una mujer ya no podía dirigir a las fuerzas armadas, los líderes Meiji creyeron que no tendría sentido que hubiera emperatrices, explica Shillony. Entonces, se estableció una sucesión exclusivamente masculina.

El deseo de emular a Occidente también tuvo qué ver.

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Los líderes Meiji se inspiraron en la Constitución de Prusia —que prohibía el ascenso de mujeres al trono— y en 1889 prohibió la entronización de mujeres, explica Shillony. No querían replicar el modelo británico, en el que gobernaba la reina Victoria.

En el periodo se vivió una masculinización de la figura del emperador y de la sociedad japonesa en general, mientras que el régimen Meiji enfatizaba la superioridad aparente de los hombres.

"En la Constitución Meiji, se inscribió la noción de ie (casa, linaje). Así, se subordinó a las esposas y a los miembros del hogar a un patriarca. Esto no era así antes", explicó Tonomura.

Tonomura agregó que durante la era Meiji, el Japón moderno se transformó en una sociedad patriarcal. Algunas leyes de la época sobre derechos de nacimiento y matrimonios (como que las parejas casadas usen el mismo apellido, usualmente el del hombre) se siguen aplicando actualmente.

La influencia de Estados Unidos

La ocupación estadounidense que siguió a la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial provocó cambios en la sociedad, ya que los valores estadounidenses se introdujeron poco a poco.

Según la Constitución de la posguerra, el emperador dejó de ser gobernante y se volvió representante; se prohibió además que la familia imperial interviniera en la política. Aunque las mujeres obtuvieron el derecho al voto en 1945, no se hizo ningún esfuerzo por reinstaurar su derecho al trono.

"Estados Unidos no quería alienar al aparato japonés al disminuir el estatus del emperador", explicó Shillony. "La gente pensaba que la cuestión del sexo en la familia imperial debería ser resuelta por gobiernos futuros".

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Estas discusiones finalmente llegaron a un punto crucial en 2004, cuando Junichiro Koizumi era primer ministro. Su gabinete formó un panel de políticos y académicos para que evaluaran la cuestión. En ese entonces, la familia imperial no había generado un heredero varón desde 1965, mientras que el príncipe heredero Naruhito y la princesa Masako habían tenido una hija, llamada Aiko, en 2001.

Según las leyes de ese entonces, solo los herederos varones por línea paterna podían acceder al trono. En el informe, el panel propuso que se hiciera un cambio legislativo, ya sea para permitir que haya una mujer en el trono o para reinstaurar a los miembros de la vieja aristocracia que perdieron su condición real después de la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, la propuesta provocó una intensa oposición de parte de los ultraconservadores, explica Shillony. Los planes se suspendieron una vez que la princesa Kiko, esposa del príncipe heredero Akishino, dio a luz al príncipe Hisahito, en 2006.

El trono del crisantemo, sin reformas

Entre los cambios mundiales en las actitudes respecto a la igualdad de género, casi dos terceras partes de los japoneses están a favor de una revisión a las leyes para permitir que las mujeres accedan al trono, según una encuesta que llevó a cabo Mainichi Shimbun en 2017.

También ha resurgido el debate sobre si se puede permitir que las mujeres de la familia imperial que se casen con plebeyos conserven su estatus.

Sin embargo, el acceso de las mujeres a los puestos de liderazgo sigue siendo elusivo en Japón en general, pese a que el gobierno ha promovido el empoderamiento de la mujer trabajadora bajo el esquema de la "economía de la mujer".

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Tan solo el 10% de los políticos de la Cámara de Diputados de Japón son mujeres, según datos que se dieron a conocer hace unos meses. Es uno de los desequilibrios de género en legislaturas más marcados de todo el mundo.

Los prejuicios inconscientes y la situación privilegiada de los varones siguen predominando en Japón, de acuerdo con Tonomura.

Además, pese al legado de las gobernantes poderosas, las probabilidades de que haya un equivalente moderno sin que se tomen medidas significativas para compensar la desigualdad de género son escasas.

"Algunas mujeres creen que tener una emperatriz podría ser buen ejemplo", dijo Tonomura. "Pero en este momento, tener a una monarca es simplemente una buena intención".

El único cambio probable a la monarquía en el futuro cercano es que se permita que las princesas sigan perteneciendo a la familia imperial aunque se casen con un plebeyo. De acuerdo con Shillony, esto podría sentar las bases para la sucesión de las mujeres más adelante.

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