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"La vacuna contra el COVID-19 debe priorizar a países como México"

La pandemia agrava las diferencias entre sociedades y países, abriendo nuevas preguntas éticas a la medicina, dice el médico Pedro Guillón, coautor del libro 'Epidemiocracia'.
lun 03 agosto 2020 05:04 AM
PERU-HEALTH-VIRUS
Países como Perú están siendo muy afectados y en ellos los confinamientos son mucho más difíciles de llevar a cabo debido no solo a que su economía se pueda resentir aún más.

La pandemia del COVID.19, la efermedad causada por el coronavirus SARS CoV-19 ha generado una de las mayores crisis económicas de la humanidad. Estos dos fenómenos han sacado las enormes desigualdades sociales que reinan en el mundo.

Esto le abre preguntas éticas a la medicina, asegura en entrevista con Expansión el médico y epidemiólogo Pedro Guillen, quien junto al médico Javier Padilla escribió el libro Epidemiocracia, que se acaba de publicar en Madrid en la editorial Capitán Swing.

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Pedro Guillón
El libro Epidemiocracia. Nadie está a salvo si no estamos todos a salvo escrito por Pedro Guillón fue publicado en julio de 2020.

¿Qué tiene que ver la clase social con una enfermedad como el coronavirus, con una epidemia?

No podemos ignorar que la sociedad en la que vivimos tiene diferentes estructuras, ya sea el propio sistema económico, así como el sistema de género o el racismo, que nos divide en grupos sociales. Estos diferentes grupos hacen que las enfermedades afecten de forma desigual a las personas y casi todas las enfermedades actúan como un estratificador social: el cáncer, las enfermedades cardiovasculares, la obesidad, las enfermedades crónicas... El COVID-19 no ha sido una novedad.

Hay tres factores concretos que indican cómo esta epidemia ha afectado de forma diferente a las clases sociales. El primero es que las clases sociales menos favorecidas han tenido una mayor exposición al COVID-19. Lo estamos viendo con los nuevos brotes, por ejemplo en Cataluña, que la mayoría están surgiendo entre temporeros de clases desfavorecidas y en una situación muy precaria. También lo vimos cuando los trabajadores que hemos denominado “esenciales” como los cajeros de los supermercados o las personas que se dedican a los cuidados tuvieron que seguir trabajando durante el confinamiento. Un segundo aspecto es que, además, tienen una mayor vulnerabilidad médica ante la enfermedad. Casi todas las enfermedades siguen un patrón social y todas las enfermedades hacen que el COVID-19 sea más grave, con lo cual no solo tienen más riesgo de infectarse, sino también en cuanto a las consecuencias de la enfermedad. Por otro lado, las personas de clases desfavorecidas serán asimismo más vulnerables en cuanto a las consecuencias económicas de la crisis que venga después de la pandemia.

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Hay un concepto que utilizan con un nombre muy sugerente, la crisis de la matroska, ¿qué es esto?

En nuestro libro tratamos de ver la epidemia del COVID-19, pero en realidad es aplicable a cualquier epidemia, de alejarnos del contexto exclusivo sanitario. La epidemia es una crisis sanitaria en sí misma, porque empuja al límite a los sistemas sanitarios, pero no se puede entender esta crisis sanitaria sin entenderla encima de una crisis mayor, que en el caso de España es la crisis económica de 2008 y que además ha afectado a su vez a la financiación del sistema sanitario. Tampoco podemos entenderla sino dentro de una crisis mayor, que es la ecológica que se nos viene, porque además tiene mucha intersección con lo que está pasando. Es como una muñeca rusa.

No podemos entender el surgimiento del COVID-19 sin pensar en cómo la invasión de ecosistemas favorece la probabilidad de que haya pandemia. Nos encontramos en un contexto globalizado que provoca que las enfermedades se propaguen mas rápido. Estos dos aspectos no son sanitarios, sino que tienen que ver mucho con la crisis ecológica. Es lo que llamamos el sustrato epidémico, que son las condiciones que permiten que en un momento histórico concreto surjan las pandemias.

¿A qué se debe el fenómeno de negación de la pandemia?

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Creo que es la primera vez que nos encontramos con una pandemia como ésta que tenga a nivel internacional un seguimiento casi diario y ésto lo llevamos muy mal. El no saber lo que va a pasar al día siguiente. Nos manejamos muy mal en la incertidumbre. Hay muchas dudas que todavía tenemos: no sabemos cuándo va a ocurrir la segunda ola, si vamos a necesitar un segundo confinamiento, no sabemos seguro si va a llegar una vacuna, y si llega , cómo de efectiva va a ser ni tampoco si va a tener capacidad de distribuirse entre toda la población... Nos movemos en un entorno tan complejo y con tantas incertidumbres que es normal que surjan explicaciones que simplifiquen todo hasta el mínimo.

Es más fácil pensar que la culpa es de Bill Gates o China, a pensar que existen unas circunstancias políticas que favorecen que haya una epidemia y que en realidad tenemos muy pocas herramientas para enfrentarnos a una pandemia que nos ha llegado a lo más hondo en casi todos lados. No creo que estas explicaciones simplistas o conspiranoicas sean un fenómeno exclusivo del coronavirus. En el pasado vimos también negacionismo del VIH. Lo que creo que es único de esta pandemia es que el impacto de esta pandemia es mayor, por lo que la resonancia de estas ideas también.

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¿Cómo afecta el autoritarismo como en el caso de Brasil a la investigación y el control científico de la pandemia?

Puede ser un aspecto muy importante. El desarrollo científico debería encontrarse lo más desligado posible del día a día pero la ciencia se encuentra en el contexto en el que nos encontramos. Algunos países están teniendo unas actitudes bastante autoritarias respecto a sus técnicos que son bastante preocupantes, no solo en el caso de Brasil, sino también los Estados Unidos, por ejemplo, con el tratamiento que han dado a la Organización Mundial de la Salud, uno de los organismos más importantes a nivel internacional en relación a la salud pública. Lo ha descapitalizado, ha ignorado sus recomendaciones... Parece que la ciencia se haya alejado un poco más de la política.

Podríamos analizar también qué pasa dentro de la propia ciencia, ya que al final esta carrera por una vacuna o por un tratamiento no podemos separarla de cómo la ciencia prácticamente se ha convertido en un mercado de información rápida en el que los grupos de investigación tienen que competir por llegar lo antes posible a descubrir el tratamiento más rápido. Lo cual nos ha dejado ejemplos de ciencia bastante deficitaria como todo lo que ha ocurrido con la hidroxicloroquina , donde ha habido muchos estudios que han tenido que retirar, tanto los que daban resultados positivos como negativos. Estamos en una especie de carrera científica que favorece la competición entre grupos en lugar de la cooperación que es el modelo ideal en una crisis, aunque también hay algunos ejemplos de cooperación, todo hay que decirlo.

¿Cómo valoraría la actuación del gobierno español frente a la pandemia, fue necesario un confinamiento tan estricto, en el que ni siquiera los niños podían salir a la calle durante meses?

En España se ha seguido el marco general similar al resto de países. Intentamos controlar la enfermedad mediante rastreo de contactos y de la transmisión de la enfermedad, vimos que no es posible hacerlo porque ya había una transmisión comunitaria e hicimos un confinamiento. Después de ese confinamiento se trata de abrir la economía poco a poco para intentar hacer ese rastreo de contacto y tratar de controlar los brotes de forma más separada. Creo que ése ha sido el marco general en todos los países del mundo. Luego si vamos a los detalles vemos cómo unos países el confinamiento han tenido más estricto que otros, y creo que en España, por cómo fue la afección inicial, quizá hubo algunos aspectos que si se pudieran re-evaluar se cambiarían. En especial lo que se refiere a los niños ha sido bastante problemático. Fue uno de los pocos países en los que no se les permitió salir y en algunos casos no se les ha contemplado como sujetos de derecho que son. Habría que hacer una re-evaluación, pero como está el clima político de crispado en España no creo que sea sencillo hacer una evaluación sosegada para pensar cómo mejorar la respuesta para momentos futuros. También hubo grandes aciertos, como poner al mando de la comunicación a un técnico, Fernando Simón, no adscrito a ningún partido, que es algo que se ha hecho en otros países también.

En otros países, especialmente menos favorecidos, un confinamiento se presenta como un problema para buena parte de la población, en este caso ¿el confinamiento produce más problemas de los que resuelve?

Creo que si vuelve a haber una transmisión comunitaria descontrolada no creo que la economía española pueda soportarlo, pero también es una situación diferente a la de marzo. En cuanto a si el confinamiento puede hacer más daño, solo hay que buscar el único país de Europa que no llevó a cabo un confinamiento, que fue Suecia, y cómo la afectación de la enfermedad en su país ha sido mucho mayor de lo que lo ha sido en los países de su entorno.

Pero es que además su economía también se ha resentido, ya que todos los países del entorno estaban parados. La economía es global. Ahora bien, el cómo afecta el confinamiento a unos países u otros tiene mucho interés en el caso de cómo vamos a distribuir la vacuna, en el caso de que la haya. Desde el punto de vista ético, habría que primar a países como Perú o México a la hora del reparto de la vacuna. Estos países están siendo muy afectados y en ellos los confinamientos son mucho más difíciles de llevar a cabo debido no solo a que su economía se pueda resentir aún más, sino porque no disponen de toda la cobertura social de la que disponemos en algunos países europeos.

En España el gobierno ha salvado a las empresas con los expedientes de regulación de empleo, pagando el salario de los trabajadores durante meses. Pero en el caso de México o Perú nos encontramos con grandes cargas de economía informal que, aunque paren, el gobierno tendría grandes dificultades en salvarlos porque no están dentro del mercado formal. Estos conceptos de justicia global deben ser prioritarios a la hora de repartir la vacuna, ya que no tienen otras herramientas, y de este modo moderar el impacto de la pandemia en el mundo.

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