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Arabia Saudita contra México: ¿quién gana en violencia contra los periodistas?

El príncipe heredero saudí saltó a la escena internacional por el peor motivo posible: se le acusa de ser el autor intelectual del asesinato de un columnista del Washington Post.
mié 30 noviembre 2022 05:04 AM
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El príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed Bin Salman, fue uno de los invitados a la inauguración de Qatar 2022.

La selección mexicana de futbol buscará un milagro en Qatar 2022 este miércoles ante la escuadra sorpresa de su grupo: Arabia Saudita. Los dos países parecen tener muy poco en común, más allá de ser dos de los mayores productores de petróleo en el mundo. Sin embargo, comparten algo más: los dos son de los territorios más complicados para ejercer el periodismo.

México ocupa la posición 127 de 180 de la clasificación de libertad de prensa 2022 de la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF). La situación es considerada como “difícil”. El país es uno de los más mortíferos para los periodistas, pues solo en 2022 han sido asesinados 17.

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Durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, además, se ha exacerbado una retórica violenta y estigmatizante contra los periodistas.

En Arabia Saudita, una de las pocas monarquías absolutas activas en el mundo, la situación para ejercer la libertad de prensa es “muy grave”, de acuerdo con RSF. El reino saudí ocupa la posición 166 de 180 en su clasificación.

Esto es lo que sabemos sobre la libertad de prensa en este país de Medio Oriente y por qué está entre los 20 países con una peor situación para ejercer e periodismo en todo el mundo.

Sin libertad de prensa

Los medios de comunicación libres no existen en Arabia Saudita. La mayoría están bajo el control de las autoridades del país. Aquí la autocensura es una de las mayores constantes, también en las redes sociales, de acuerdo con RSF. Los medios privados sigue la línea gubernamental establecida por la Agencia Saudí de Prensa (SPA).

La prensa se divide en dos tendencias principales de opinión. Los diarios Al-Watan y Okatz representan la corriente más “liberal”, mientras que otros, especialmente Al-Riyadh, a la tendencia conservadora.

“Los periodistas que critican el papel del país en la guerra de Yemen o que se oponen a la normalización de las relaciones con Israel son considerados como traidores. Aquellos que prefieren mantenerse neutrales y no siguen la línea oficial de elogios al príncipe heredero Mohammed Bin Salman, se convierten de facto en sospechosos”, señala RSF.

 

A diferencia de México, ningún periodista o trabajador de los medios de comunicación ha sido asesinado desde el 1 de enero de 2022. Pero al menos 26 periodistas están encarcelados en este momento, el triple que en 2017.

Al bloguero Raif Badawi, recientemente liberado después de 10 años en prisión, se le ha prohibido viajar fuera del reino.

Ni siquiera los periodistas exiliados se salvan del control de las autoridades saudís, pues el reino utilizó técnicas de espionaje muy avanzadas para seguir su rastro.

“La encarcelación de la mayoría de los periodistas se produce de forma arbitraria y la tortura para los presos por delitos de opinión es sistemática”, de acuerdo con la organización.

En 2021, RSF incluyó al príncipe heredero de Arabia Saudita como uno de los 37 depredadores de la libertad de prensa, listado en el que también aparecen mandatarios latinoamericanos como Jair Bolsonaro, de Brasil, o Nicolás Maduro, de Venezuela.

Mohamed Bin Salman concentra todo el poder en el país y desde el 27 de septiembre es oficialmente el primer ministro de Arabia Saudita, un puesto que suele ejercer el rey.

“Ejerce una represión polifacética, compuesta por espionaje, amenazas que en ocasiones acaban en secuestros, actos de tortura, y hasta lo inimaginable. El terrible asesinato en 2018 de Jamal Khashoggi reveló un método de depredación simplemente bárbaro.

 

Jamal Khashoggi, el caso emblema

El asesinato en 2018 de Jamal Khashoggi, un estrecho colaborador del poder saudí que luego se volvió crítico, ocurrió en 2018 en el consulado de Arabia Saudita en Estambul y convirtió temporalmente al príncipe en un paria en Occidente.

Khashoggi, columnista del Washington Post, fue visto por última vez entrando al consulado saudita en Estambul el 2 de octubre de 2018, donde había ido a buscar algunos documentos necesarios para casarse con su prometida.

De acuerdo con la entonces relatora especial de la ONU, Agnes Callamard, el periodista fue “asesinado brutalmente” dentro del edificio del consulado por un grupo de 15 agentes enviados desde Riad, la capital saudí, y su cuerpo fue desmembrado.

Un informe de los servicios de inteligencia estadounidense señala que el asesinato de Khashoggi había sido autorizado personalmente por Bin Salman.

Arabia Saudita celebró un juicio propio a puerta cerrada sobre el caso. Ocho acusados de los que se desconoce la identidad fueron condenados a penas de entre siete y 20 años. El caso también fue investigado por Turquía, país que consideró como “escandaloso” el resultado del juicio saudí.

Pero el 7 de abril de este año el Alto Tribunal Penal de Estambul decidió cerrar el caso y trasladarlo a Arabia Saudita, país que ya se había negado a extraditar a los sospechosos del asesinato y de encubrir el cuerpo de Khashoggi.

La situación de Mohammed Bin Salman podría estar cambiando, pues apenas en julio tuvo una nueva reunión con el presidente estadounidense Joe Biden, en lo que podría ser el inicio de una normalización de la relación a nivel ejecutivo tras el caso Khashoggi.

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