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Cinco años después de las protestas, así es la situación en Nicaragua

Miles de nicaragüenses salieron en abril de 2018 a manifestarse contra unas controvertidas reformas a la seguridad social para luego exigir la salida de Daniel Ortega del poder.
mar 18 abril 2023 07:24 AM
La gente participa en una manifestación para conmemorar el Día Nacional de la Paz de Nicaragua, que se celebra en el país el 19 de abril, y para protestar contra el gobierno del presidente nicaragüense Daniel Ortega en San José, Costa Rica, el 16 de abril de 2023.
Cientos de opositores fueron encarcelados y más de 100,000 nicaragüenses se exiliaron.

Varios nicaragüenses exiliados o expulsados por el gobierno de Daniel Ortega recordaron este lunes en Washington el quinto aniversario de las protestas de 2018, en un evento en el que dieron sus testimonios sobre la represión que han sufrido desde entonces.

Periodistas, excandidatos políticos, defensores de derechos humanos o estudiantes participaron en un foro auspiciado por el Instituto sobre Raza, Igualdad y Derechos Humanos (Raza e Igualdad) para conmemorar los cinco años de las protestas que se iniciaron el 18 de abril de 2018 por las reformas del sistema de seguro social.

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Estos hechos acabaron con la vida de al menos 355 personas, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), aunque organismos nicaragüenses elevan la cifra a 684, y desencadenaron una ola de represión contra la disidencia.

Cientos de opositores fueron encarcelados y más de 100,000 nicaragüenses se exiliaron.

Estos han sido los momentos clave para Nicaragua desde entonces:

El inicio de las protestas

Unas 60 personas que protestaban el 18 de abril de 2018 contra una reforma al Seguro Social promovida por el presidente Daniel Ortega fueron atacadas por activistas afines al gobierno en Managua. Incidentes parecidos se repitieron en otras ciudad, como León y Matagalpa.

Al día siguiente, la Policía disolvió varias protestas universitarias a balazos. El saldo fue de tres jóvenes muertos y 37 heridos.

El 22 y 24 de abril de 2018 miles de opositores al gobierno de Daniel Ortega protestaron para exigir la renuncia del presidente, que entonces tenía 11 años en el poder. También pedían la renuncia de Rosario Murillo, la esposa de Ortega, de la vicepresidencia. Los manifestantes acusaban a la pareja presidencial de instaurar una "dictadura" marcada por la corrupción y el nepotismo.

Los obispos de la Conferencia Episcopal se ofrecer como mediadores en un diálogo nacional.

El diálogo sí se instala el 16 de mayo de ese año, pero el gobierno denuncia que las protestas en su contra son un intento de golpe de Estado financiado por intereses externos, como Estados Unidos.

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Dos semanas después, el 30 de mayo de 2018, policías y paramilitares dispararon contra una marcha de cientos de miles de personas en Managua. Ataques similares ocurren en otras ciudades, con saldo de 16 muertos y decenas de heridos. Ortega aseguró entonces que no dejaría el poder.

Ante la represión de las autoridades, manifestantes levantan barricadas y "tranques” en ciudades y carreteras del interior entre el 4 y el 5 de junio de ese año. En Masaya, un ataque gubernamental dejó 10 manifestantes muertos y decenas de heridos, mientras en la turística ciudad de Granada se registraron saqueos, incendios y ataques a opositores.

La reacción de la comunidad internacional

A mediados de junio de 2018, Ortega autorizó la entrada de misiones de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH), el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH) y de la Unión Europea.

El 5 de julio, Estados Unidos anunció la primera de una larga lista de sanciones contra funcionarios nicaragüenses leales a Daniel Ortega por violación de los derechos humanos uy corrupción.

La represión contra las protestas se intensificó. El 13 de julio paramilitares y policías dispararon contra universitarios refugiados en una iglesia de Managua, con un saldo de dos muertos y 16 heridos. El gobierno también recuperó el control de Masaya, principal bastión de resistencia cívica.

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Ortega no aguantó mucho el escrutinio internacional e inició la expulsión de las misiones. Primero fue la misión de la OACNUDH, a la que acusó de ser un “instrumento de muerte terror y miseria”. Haría lo mismo con la misión de la CIDH.

El 28 de septiembre de ese año, la Policía de Nicaragua prohibió las manifestaciones opositoras, aunque esto es una violación a la Constitución.

El primer aniversario se ve marcado por la liberación de un centenar de lo más de 770 presos políticos y un reinicio de las negociaciones entre el gobierno y la oposición que no llegó a ningún acuerdo.

Acorralados en iglesias

El 14 de noviembre de 2019, 11 personas iniciaron una huelga de hambre en la iglesia de San Miguel Arcángel, en Masaya, para exigir la libertad de más de 130 presos políticos. El párroco de este templo era considerado uno de los principales símbolos de la oposición contra Ortega.

Después del anuncio de la huelga, las autoridades cercaron la iglesia, cortaron la energía, la línea del teléfono y el agua, e impidieron que simpatizantes o feligreses de acercaran. La policía detuvo a 13 personas que llevaban víveres a los manifestantes y fueron acusados de portar “armas de fuego” y bombas caseras”.

Un presidente ausente en plena pandemia

En 2020, las protestas se vieron interrumpidas por la pandemia de covid-19, que cobraba miles de vida en el mundo. Pero lo más llamativo en Nicaragua fue la ausencia del presidente Daniel Ortega. Del 12 de marzo al 16 de abril de 2020, el mandatario no hizo apariciones públicas.

Además, la estrategia de Nicaragua para hacer frente a la emergencia sanitaria fue muy cuestionada. Incluso la Organización Panamericana de la Salud (OPS) manifestó su preocupación por “la falta de distanciamiento social” y la “convocatoria de reuniones masivas” en plena crisis.

El conteo oficial de casos y de muertes por la enfermedad también fue muy cuestionado. Hasta ahora, la cifra real de muertes por covid-19 en Nicaragua sigue sin estar clara.

Leyes contra la disidencia

En octubre de 2020, los diputados oficialistas aprobaron una ley que exige el registro como "agente extranjero" de cualquier persona o entidad que reciba fondos del exterior, incluidas oenegés; y otra que sanciona con penas de prisión la "publicación o difusión" de información que las autoridades consideren falsa o distorsionada.

En diciembre de 2020, se aprobó otra controvertida ley que encarcela a quienes promuevan sanciones contra Nicaragua, en claro ataque a la oposición.

La presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), Vilma Núñez, asegura que esto significa que hay un "Estado policial" para el "control social de la población" y la "represión de opositores”.

Detención de posibles candidatos

Usando las leyes aprobadas en 2020, el gobierno de Nicaragua inició en junio de 2021 una cacería de brujas que llevó a la detención de siete precandidatos presidenciales.

El 2 de junio, la periodista Cristiana Chamorro, aspirante presidencial con mayores posibilidades contra Ortega, fue puesta bajo arresto domiciliario, acusada de lavado de dinero. Es hija de la expresidenta Violeta Barrios y de Pedro Joaquín Chamorro, héroe de la lucha contra la dictadura de Anastasio Somoza (1937 a 1979).

En los días y semanas subsiguientes fueron detenidos otros seis aspirantes presidenciales: el politólogo Félix Madariaga, el economista Juan Sebastián Chamorro (primo de Cristiana), el ex diplomático Arturo Cruz, el periodista Miguel Mora, el líder campesino Medardo Mairena y el dirigente conservador Noel Vidaurre.

También fueron arrestados otros miembros de la familia Chamorro y destacados disidentes sandinistas, como la excomandante Dora María Téllez, así como dirigentes empresariales y sociales.

El gobierno acusa a los opositores detenidos de "traidores a la patria" y "golpistas" financiados por Estados Unidos. Washington, que tilda a Ortega de "dictador", la ONU y la Unión Europea exigen su liberación.

Elecciones cuestionadas

El 7 de noviembre, Nicaragua vivió unas elecciones las que todo el mundo sabía de antemano que Daniel Ortega ganaría por cuarta vez la presidencia.

Las elecciones con ningún observador internacional y todas las acreditaciones para la presa extranjeras fueron prohibidas. Estados Unidos, la Unión Europea y la mayoría de los países de América Latina consideraron que los comicios no tenían ninguna legitimidad.

Ortega, que se impuso con 75% de los votos, se enfrentó a cinco candidatos derechistas, desconocidos y tachados de colaboradores del gobierno, que en total obtuvieron el restante 25% de los sufragios.

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